Vrësno es de esos lugares a los que se vuelve porque se necesita averiguar qué ocurrió allí. Carolina Sarmiento construye en su segunda novela un territorio aislado, casi imposible de encontrar en un mapa, donde la naturaleza, los recuerdos y las leyendas terminan formando parte de una misma historia.
Stanis Otief regresa a ese pueblo de montaña después de muchos años. Sus padres desaparecieron y Vrësno es el lugar en el que se encuentra la respuesta que lleva demasiado tiempo buscando. Pero llegar hasta allí no significa acercarse a una verdad sencilla. Al contrario, cada recuerdo, cada historia y cada rincón del pueblo abre nuevas preguntas.
La novela parte de una intriga que podría llevarnos hacia el misterio o incluso hacia el terror, pero Carolina Sarmiento no parece interesada en construir una historia basada solo en descubrir qué sucedió. Lo que le interesa es explorar qué ocurre cuando una persona queda atrapada en aquello que no ha podido resolver.
Un pueblo que no aparece en los mapas
Vrësno es mucho más que el escenario de la novela. El pueblo, situado en lo alto de una montaña y habitado por los Zalea, se convierte en un espacio cerrado del que resulta difícil escapar, tanto en sentido físico como emocional. La geografía tiene un peso importante en la historia y contribuye a crear esa sensación de aislamiento que acompaña a Stanis desde su llegada.
La montaña, los caminos, las casas y la naturaleza que rodea el pueblo construyen una atmósfera inquietante sin necesidad de recurrir de forma constante a los recursos habituales del terror. Hay algo extraño en ese lugar desde el principio, pero la autora sabe mantener la duda sobre qué pertenece a la realidad y qué forma parte de la leyenda.
Y ahí está uno de los aciertos de la novela. Sarmiento no necesita explicarlo todo. Deja espacios para que el lector dude, interprete y complete aquello que no se dice.
La leyenda de Vrësno funciona, además, como algo más que un elemento fantástico. Se relaciona con la necesidad humana de inventar explicaciones para aquello que no comprendemos y con la facilidad con la que una historia puede convertirse en verdad cuando se transmite de generación en generación.
Stanis y una familia difícil de entender
El centro de la novela es Stanis. A través de su voz conocemos su infancia, la relación con sus padres y las heridas que ha arrastrado hasta la edad adulta.
La protagonista no se presenta como una heroína convencional que llega a un lugar extraño para resolver un misterio. Su búsqueda es también personal. Necesita conocer qué ocurrió con sus padres, pero al mismo tiempo tiene que enfrentarse a la imagen que conserva de ellos y a todo aquello que durante años ha preferido mantener apartado.
Por eso la familia ocupa un lugar esencial en Vrësno. La novela habla de los vínculos familiares, pero no desde una visión idealizada. La familia puede ser refugio y también origen de heridas que permanecen durante años. Puede proporcionar identidad y, al mismo tiempo, convertirse en aquello de lo que necesitamos alejarnos para construir una vida propia.
La relación entre pasado y presente está muy bien integrada en la historia. Los recuerdos de Stanis no aparecen como una simple explicación de lo sucedido, sino como parte de la propia experiencia de la protagonista. El pasado continúa actuando sobre ella.
La obsesión como motor de la historia
Uno de los temas que atraviesan Vrësno es la obsesión. Stanis no puede limitarse a aceptar que sus padres desaparecieron y continuar con su vida. Necesita saber qué ocurrió, aunque acercarse a la respuesta implique regresar a un lugar que despierta recuerdos que preferiría mantener enterrados.
La búsqueda adquiere así una dimensión psicológica. Cuanto más se acerca Stanis a Vrësno y a su propia historia, más difícil resulta separar aquello que ocurrió de aquello que ha construido en su memoria.
La obsesión no se limita al misterio central. También aparece vinculada a la creación artística. Stanis es cantante y la música forma parte de su manera de relacionarse con lo que le sucede. Las canciones se convierten en otra forma de contar aquello que no puede expresar de manera directa.
Esta relación entre creación y conflicto interior aporta una dimensión interesante a la novela. El arte no aparece como un simple adorno de la protagonista, sino como una forma de enfrentarse a sus propios fantasmas.
Una novela entre el misterio, el terror y la fantasía
Resulta complicado colocar Vrësno en un único género, y creo que esa dificultad juega a su favor. La novela contiene elementos de misterio, terror psicológico y fantasía oscura, pero también tiene un fuerte componente intimista.
La pregunta que plantea no es solo qué ha ocurrido con los padres de Stanis. También está presente otra cuestión más incómoda: cuánto de aquello que creemos saber sobre nuestra propia historia es cierto.
Sarmiento juega con esa incertidumbre y consigue que el lector avance con la sensación de que existe una explicación detrás de todo, aunque nunca tenga la seguridad de que esa explicación vaya a ser la que espera.
La novela funciona mejor cuando mantiene esa ambigüedad. Cuando no intenta cerrar cada puerta, sino que permite que algunas permanezcan entreabiertas.
Una prosa marcada por la atmósfera
Uno de los aspectos que más destaca en Vrësno es la importancia del lenguaje. La prosa tiene un componente muy ligado a la música y al paisaje, algo coherente con la personalidad de su protagonista.
Hay descripciones de la naturaleza y del entorno que contribuyen a crear una atmósfera de aislamiento y extrañeza. El paisaje no sirve solo para situar la acción: condiciona lo que ocurre y la percepción que tenemos de los personajes.
También resulta significativo el uso de la repetición. En otra novela podría convertirse en un recurso cansino, pero aquí guarda relación con la obsesión que atraviesa la historia. Los pensamientos vuelven, las imágenes regresan y determinadas ideas parecen negarse a desaparecer.
Es una estructura que puede provocar cierta incomodidad en el lector, pero esa incomodidad forma parte de la experiencia de la novela.
El miedo que nace de lo conocido
Quizá lo más interesante de Vrësno no esté en sus elementos más próximos al terror, sino en aquello que resulta reconocible.
El miedo procede en buena parte de la familia, de los recuerdos de la infancia, de las cosas que no se dijeron y de la necesidad de descubrir una verdad que quizá hubiera sido más fácil no buscar.
Por eso la novela consigue alejarse del terror basado en el susto. La inquietud nace de la posibilidad de que detrás de una familia, de un pueblo o de una historia que parece pertenecer a la leyenda exista algo demasiado humano.
Y esa es una de las razones por las que Vrësno funciona como espacio literario. Puede ser un pueblo perdido en una montaña, pero también puede entenderse como ese lugar al que regresamos una y otra vez cuando todavía no hemos conseguido cerrar una etapa de nuestra vida.
Carolina Sarmiento y una novela difícil de encasillar
Después de Tarada y del libro de relatos Animales urticantes, Carolina Sarmiento vuelve a demostrar en Vrësno su interés por los personajes que se mueven en zonas incómodas y por las historias en las que la realidad no siempre resulta suficiente para explicar lo que sucede.
La autora combina misterio, oscuridad, relaciones familiares, naturaleza y creación artística en una novela breve que exige cierta atención por parte del lector. No es una historia que busque ofrecer todas las respuestas de forma inmediata, sino que construye poco a poco una atmósfera en la que la duda termina formando parte de la trama.
Vrësno habla de regresar al lugar del que uno procede, pero también de descubrir que regresar no significa recuperar aquello que se perdió. A veces significa comprobar que el pasado sigue ahí, aunque lo hayamos dejado atrás durante años.
Y quizá esa sea la verdadera inquietud de la novela: no tanto descubrir qué ocurrió en Vrësno como averiguar hasta qué punto somos capaces de conocer nuestra propia historia.
Una novela oscura, extraña y personal que se mueve entre el misterio, el terror psicológico y la fantasía y que convierte una búsqueda familiar en un viaje hacia el lugar más difícil de abandonar: el pasado.
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