Después de leer Sky, tenía ganas de volver a encontrarme con Kaaron Warren, y Como aceite en sus huesos, publicada por La Biblioteca de Carfax, me ha confirmado que es una autora que sabe moverse con soltura entre el terror, lo extraño y las historias profundamente humanas.
En esta ocasión nos lleva hasta Angelsea, una pensión situada cerca del mar a la que llegan personas muy diferentes y por motivos que no siempre tienen que ver con unas vacaciones. Allí se encuentra Dora, una mujer que arrastra un dolor difícil de soportar: la muerte de sus hijas. Necesita escapar de la realidad, descansar y, sobre todo, encontrar un lugar en el que pueda empezar a vivir con aquello que ha sucedido.
Pero Angelsea no es una pensión cualquiera.
Una pensión habitada por fantasmas
En torno a la casa permanecen los fantasmas de un naufragio y algunos de ellos consiguen comunicarse con los vivos mientras duermen. La frontera entre quienes están vivos y quienes ya han muerto se vuelve así cada vez más difusa, y Dora termina entrando en contacto con una realidad que, aunque inquietante, puede ofrecerle algo que no encuentra en el mundo cotidiano.
Warren construye el terror sin necesidad de recurrir a una acumulación de escenas truculentas. Lo inquietante surge de la propia situación y de unos personajes que tienen sus propias heridas, secretos y razones para haber llegado hasta Angelsea.
La pensión acaba funcionando casi como un personaje más. Es un lugar de paso para quienes intentan huir de algo, pero también un espacio en el que esas personas terminan enfrentándose a aquello que pretendían dejar atrás.
Dora y la búsqueda de redención
Dora no está buscando solo a sus hijas. Está intentando encontrar una manera de continuar viviendo después de haberlas perdido.
Su dolor condiciona su relación con el mundo y también con su marido. La búsqueda de los restos de sus hijas se convierte en algo más que una investigación: es una forma de enfrentarse a la pérdida y de aceptar una realidad que durante mucho tiempo ha sido incapaz de asumir.
La redención es uno de los temas centrales de la novela. No se trata de una redención sencilla ni de un proceso en el que todo quede resuelto. Dora tiene que atravesar el dolor, enfrentarse a sus recuerdos y mirar de otra manera a las personas que forman parte de su pasado.
Los fantasmas, por tanto, no están ahí solo para provocar miedo. También representan aquello que permanece cuando alguien muere y aquello que los vivos no han conseguido cerrar.
Un terror sin florituras
Una de las cosas que más me han gustado de Como aceite en sus huesos es la escritura de Kaaron Warren. Es una prosa sencilla, sin florituras innecesarias, que consigue crear una atmósfera inquietante sin sobrecargarla.
No necesita recurrir a grandes descripciones para transmitir extrañeza. La historia avanza a través de los personajes, de sus relaciones y de aquello que sucede en la pensión, y esa contención hace que los elementos sobrenaturales funcionen mejor.
El terror está integrado en la historia y no parece un añadido destinado únicamente a producir miedo. Warren utiliza lo fantástico para hablar de la pérdida, la culpa, el duelo y la necesidad de encontrar un lugar al que pertenecer.
También me ha gustado la variedad de personajes que rodean a Dora. Los habitantes de Angelsea tienen sus propias historias y contribuyen a crear esa sensación de estar en un lugar en el que todos han llegado huyendo de algo.
Un final que deja preguntas
El desenlace me ha resultado algo difícil de interpretar. Hay elementos que no he terminado de encajar del todo y que dejan abierta la posibilidad de distintas lecturas.
Creo que parte del interés del final está precisamente en esa ambigüedad. Warren no parece buscar una explicación cerrada para todo lo que sucede en Angelsea, sino que deja que sea el lector quien decida cómo interpretar algunos acontecimientos y, sobre todo, qué significa para Dora todo lo que ha vivido durante su estancia en la pensión.
Es un cierre que puede generar cierto desconcierto, pero que encaja con una novela en la que la frontera entre la realidad, los recuerdos y la presencia de los muertos se mantiene difusa.
Sin entrar en detalles que estropearían la lectura, diré que para mí el final está relacionado con la búsqueda de redención que recorre toda la novela y con la necesidad de Dora de encontrar una manera de enfrentarse a su pasado.
Una historia de fantasmas sobre los vivos
Aunque Como aceite en sus huesos contiene naufragios, fantasmas y fenómenos sobrenaturales, para mí es sobre todo una historia de duelo y redención.
Los muertos permanecen en Angelsea, pero son los vivos quienes necesitan encontrar una forma de seguir adelante.
Dora llega a la pensión buscando escapar de la realidad y poder dormir. Allí encuentra precisamente lo contrario: un lugar que la obliga a enfrentarse con aquello de lo que intenta huir. Y, paradójicamente, es ese enfrentamiento el que puede permitirle encontrar un lugar en el mundo.
Me ha gustado. La historia tiene una atmósfera extraña y consigue combinar el terror con una historia muy humana sin convertir el dolor de Dora en algo excesivamente sentimental.
Después de Sky, volver a leer a Kaaron Warren ha sido una experiencia interesante. Son propuestas diferentes, pero en ambas encuentro una autora que utiliza lo inquietante para hablar de cuestiones que están mucho más cerca de nosotros que los propios fantasmas.
Como aceite en sus huesos es una novela sobre la pérdida, la culpa, el duelo y la necesidad de encontrar la redención. También es una historia sobre esos lugares a los que llegamos cuando ya no sabemos muy bien dónde encajar y sobre las personas que, como Dora, necesitan enfrentarse a su pasado para poder encontrar un camino hacia delante.
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