Después de leer Animales urticantes, el paso de Carolina Sarmiento a la novela no podía resultar indiferente. En aquellos relatos ya aparecía una autora interesada por personajes incómodos, situaciones que se salen de lo establecido y una escritura poco preocupada por ajustarse a lo que se espera de ella. En Tarada, publicada por Pez de Plata en 2021, esa libertad se amplía y se convierte en uno de los elementos fundamentales de la historia.

La protagonista acaba de ganar un importante premio literario y, lejos de disfrutar del reconocimiento, decide abandonar su vida. Lo hace sin grandes preparativos y sale de casa en pijama para lanzarse a la carretera sin un destino concreto. A partir de ese momento comienza un viaje en el que tendrán cabida un asesinato, un calabozo, un ingreso hospitalario, un perro desaparecido, nuevas amistades y algo parecido al amor. La sucesión de acontecimientos puede parecer disparatada, pero responde a la lógica de una protagonista que necesita alejarse de aquello que conoce para averiguar qué quiere hacer con su vida.

De Animales urticantes a Tarada

Animales urticantes había mostrado ya algunas de las constantes que después encontramos en Tarada. La propia Carolina Sarmiento ha explicado que las mujeres de ambos libros comparten cierta mala leche y una resistencia a encajar en el papel femenino convencional. No resulta extraño, por tanto, encontrar en la protagonista de Tarada esa misma tendencia a cuestionar el lugar que le corresponde y a tomar decisiones que pueden resultar incomprensibles para quienes la rodean.

Antes de esta novela, Sarmiento había publicado Ikiru (vivir), un poemario aparecido en 2018, y Animales urticantes, publicado por Pez de Plata en 2020. La novela supone un nuevo paso dentro de un recorrido literario en el que ya estaban presentes algunos de los temas y personajes que después adquirirán mayor desarrollo. La autora ha contado que Tarada nació a partir de una idea relacionada con una mujer que huía del mal tiempo en busca de calor y que, durante el proceso de escritura, permitió que la protagonista fuera tomando sus propias decisiones.

Esa manera de construir la historia ayuda a entender una novela que no transmite la sensación de haber sido sometida a una estructura rígida. Sarmiento ha explicado que quiso escribirla con libertad e incorporar elementos diferentes, entre ellos poesía, letras de canciones y escritura automática. El resultado es una narración que se mueve con bastante libertad entre situaciones y registros.

Una mujer que decide marcharse

La protagonista de Tarada está cansada de la vida que lleva. Acaba de recibir un importante reconocimiento literario, pero el premio no ha conseguido resolver el malestar que arrastra. Al contrario, parece haberle servido para comprobar que aquello que se supone que debería hacerla feliz no consigue satisfacerla.

Su reacción consiste en marcharse. No prepara una ruta ni establece un objetivo concreto, sino que comienza a conducir y deja que el viaje vaya determinando lo que sucede. Durante el recorrido utilizará distintos medios de transporte y conocerá a personas que, de una forma u otra, modificarán el rumbo de su aventura. La carretera se convierte así en un espacio de libertad, pero también en un lugar donde la protagonista se ve obligada a enfrentarse a situaciones que no puede controlar.

La huida física funciona como reflejo de otra más profunda. La protagonista intenta alejarse de la identidad que ha construido y de las expectativas asociadas a ella. El hecho de haber conseguido un premio literario resulta significativo porque demuestra que incluso alcanzar aquello que se desea puede dejar una sensación de vacío cuando ese objetivo no coincide con lo que realmente necesitamos.

La libertad como punto de partida

Carolina Sarmiento ha definido Tarada como un ejercicio de libertad y ha explicado que no quiso escribirla sometida a demasiados corsés. Esa decisión se aprecia en una novela que no sigue siempre los caminos habituales de la narrativa y que permite que aparezcan elementos muy diferentes sin preocuparse demasiado por mantener una clasificación genérica.

La protagonista tampoco se comporta de acuerdo con un modelo convencional. No intenta convertirse en una versión mejor de sí misma siguiendo un proceso ordenado de aprendizaje. Sus decisiones son contradictorias, en ocasiones impulsivas y no siempre conducen a las consecuencias que cabría esperar. Precisamente por eso resulta coherente que la narración adopte también cierta libertad formal.

Esta elección puede provocar sensaciones diferentes entre los lectores. Quien busque una trama perfectamente estructurada y una evolución psicológica muy delimitada puede encontrar algunos pasajes desconcertantes. La novela apuesta por otro tipo de recorrido, en el que el argumento y la transformación de la protagonista avanzan juntos sin que todo tenga que quedar explicado o encajado en un esquema previo.

Una protagonista que no quiere encajar

El título de la novela ya introduce uno de los asuntos que recorren la historia. «Tarada» puede utilizarse como insulto para señalar a quien se aparta de lo considerado normal, pero Sarmiento juega precisamente con esa idea y cuestiona quién establece los límites de la normalidad.

La protagonista no parece demasiado interesada en agradar ni en cumplir las expectativas que los demás han depositado sobre ella. Tiene contradicciones, cambia de opinión y se comporta de maneras que pueden resultar desconcertantes. No estamos ante un personaje construido para despertar simpatía en todo momento, sino ante una mujer que está intentando averiguar qué queda de ella cuando deja de actuar según las normas que hasta entonces había aceptado.

En ese sentido, existe una continuidad clara con Animales urticantes. Los personajes femeninos de aquel libro ya mostraban una cierta resistencia a ocupar el lugar que la sociedad parecía haberles reservado, y esa característica adquiere en Tarada una dimensión mayor porque la protagonista dispone de toda una novela para llevar esa actitud hasta sus últimas consecuencias.

Una novela de carretera poco convencional

El viaje podría haber dado lugar a una novela de carretera bastante reconocible, con una protagonista que abandona su vida anterior, acumula kilómetros y termina encontrando una nueva forma de entenderse a sí misma. Sin embargo, Sarmiento introduce suficientes elementos inesperados como para apartarse pronto de ese esquema.

Durante la semana que ocupa la historia aparecen situaciones que van desde lo disparatado hasta lo inquietante, con asesinatos, detenciones, problemas de salud, animales, encuentros inesperados y nuevas relaciones. La sucesión de acontecimientos mantiene la novela en movimiento y permite que cada etapa del viaje modifique un poco la situación de la protagonista.

El desplazamiento físico importa, pero lo que interesa de verdad es lo que ocurre mientras se desplaza. Cada lugar y cada persona que encuentra contribuyen a desmontar algunas de las certezas con las que había comenzado el viaje.

El humor y lo disparatado

El humor desempeña un papel importante porque evita que la historia se convierta en un relato solemne sobre una crisis personal. La situación de partida ya contiene un componente absurdo: una escritora que acaba de recibir un premio literario decide abandonar su vida y emprender un viaje sin rumbo.

A partir de ahí, Sarmiento mantiene esa combinación de humor y situaciones inesperadas. La protagonista puede encontrarse en circunstancias difíciles sin que el relato adopte siempre un tono dramático, y esa mezcla contribuye a darle personalidad a la novela.

La autora ha explicado que quería escribir sin demasiadas restricciones y que Tarada nació desde una voluntad de experimentación. Esa libertad también afecta al tono y permite que convivan momentos de reflexión con otros más próximos al absurdo.

Una escritura que viene de los relatos

Tarada no supone una ruptura completa con la obra anterior de Carolina Sarmiento, sino una ampliación de algunos de los intereses que ya estaban presentes en Animales urticantes. Los dos libros comparten determinadas preocupaciones y algunos elementos que adquieren continuidad en la novela.

La propia autora ha señalado, por ejemplo, la importancia de las bicicletas en su obra y el significado que adquieren dentro de la transformación de la protagonista. También existe una conexión literaria entre ambos libros a través de las citas que los encabezan, procedentes de obras de Enrique Vila-Matas.

Son detalles que permiten observar que Tarada forma parte de un recorrido y que la novela no aparece aislada dentro de la trayectoria de Sarmiento. Hay una evolución desde el relato hacia una narración más extensa, pero se mantiene el interés por personajes que se encuentran en situaciones incómodas y por historias que no buscan acomodarse con facilidad a una fórmula.

Abandonar el lugar que nos corresponde

El verdadero conflicto de Tarada no está tanto en descubrir adónde llegará la protagonista como en comprender por qué necesita marcharse. Ha conseguido aquello que, desde fuera, debería representar un éxito, pero ese éxito no ha conseguido darle la vida que esperaba.

La carretera le permite suspender durante un tiempo las obligaciones y las expectativas asociadas a su identidad anterior. Nadie la obliga a comportarse como la escritora premiada, como la mujer que los demás conocen o como la persona que ella misma había construido hasta entonces. En el viaje puede equivocarse, cambiar de dirección, establecer relaciones inesperadas y descubrir posibilidades que no había contemplado.

Esa libertad también implica aceptar la incertidumbre. Cuando se abandonan las certezas conocidas no existe ninguna garantía de que lo que venga después vaya a ser mejor, pero al menos existe la posibilidad de descubrir algo diferente.

Una novela que se permite desviarse

Tarada no pretende conducir al lector por una carretera perfectamente señalizada. La novela utiliza el viaje para hablar de libertad, identidad y necesidad de cambio, pero lo hace desde una narración que también se permite desviarse y experimentar.

Carolina Sarmiento ya había mostrado en Animales urticantes una voz interesada por personajes incómodos y situaciones alejadas de lo convencional. En Tarada lleva esos elementos a una novela breve en la que el humor, el absurdo, la aventura y la reflexión personal conviven sin quedar encerrados en un único género.

El resultado es una historia sobre una mujer que decide abandonar aquello que conoce sin saber exactamente qué encontrará después. La carretera se convierte en una forma de romper con una identidad que ya no le sirve y en la posibilidad de descubrir qué queda cuando desaparecen las expectativas que hasta entonces habían condicionado su vida.

Después de Animales urticantes, Tarada confirma el interés de Carolina Sarmiento por explorar personajes que no terminan de encajar y por hacerlo desde una literatura que prefiere desviarse antes que seguir un camino demasiado previsible.


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