El ojo del tigre, de Juan Simeran, es una novela breve y singular que parte de una situación aparentemente sencilla para conducir al lector hacia un territorio mucho más inquietante. Publicada por Menoscuarto en 2023, la novela obtuvo el XV Premio Tristana de Novela Fantástica en 2022. La edición tiene 240 páginas.
La historia comienza en un balneario. Allí, un hombre conoce a una mujer cuya presencia despierta su curiosidad. Una cicatriz en el rostro, su voz y la historia que comienza a contarle convierten aquellos encuentros cotidianos en algo mucho más extraño. Cada tarde, el protagonista se transforma en oyente de una narración que irá adquiriendo nuevas dimensiones hasta llevarlo muy lejos de la tranquilidad que parecía prometer el lugar.
La novela de Juan Simeran juega desde el principio con una cuestión que me interesa mucho en literatura: cuánto hay de verdad en aquello que alguien nos cuenta y cuánto depende de nuestra propia necesidad de creer, interpretar o completar los huecos de una historia.
Una mujer, una historia y muchas preguntas
Uno de los elementos que más me han interesado de El ojo del tigre es la relación que se establece entre el protagonista y la mujer. Ella habla y él escucha. Esa estructura, que podría parecer sencilla, acaba convirtiéndose en el motor de la novela.
Los largos monólogos de la mujer no funcionan solo como una forma de transmitir información al lector. También construyen un espacio de incertidumbre. Mientras habla, su pasado adquiere nuevos contornos y el protagonista queda atrapado por una historia que no sabe del todo cómo interpretar.
La mujer posee un magnetismo que no depende de los cánones habituales de belleza. La cicatriz de su rostro forma parte de esa presencia y contribuye a convertirla en un personaje difícil de olvidar. Pero lo más importante no es la cicatriz, sino la capacidad que tiene para atraer al protagonista hacia su relato.
A partir de ahí, Simeran plantea un juego entre quien cuenta y quien escucha. ¿Qué busca ella al contar su historia? ¿Por qué él necesita escucharla? ¿Hasta qué punto conocemos a una persona a través de aquello que decide contarnos?
Son preguntas que recorren la novela sin necesidad de convertirse en discursos teóricos.
De un balneario a un territorio de horror
El contraste entre el espacio inicial y aquello que vamos descubriendo es uno de los aciertos de la novela.
El balneario proporciona un escenario tranquilo, casi suspendido del mundo cotidiano. Sin embargo, bajo esa apariencia de descanso existe una tensión que va creciendo a medida que avanza la conversación. El protagonista, acompañado por su esposa, se encuentra cada vez más pendiente de aquella mujer y de su historia.
Lo que comienza como una conversación entre desconocidos termina conduciendo hacia una narración de horror. La propia editorial define la novela como un viaje hacia un misterioso personaje llamado Kurtz y hacia una remota región argentina donde una supervisora de proyectos especiales debe inspeccionar un centro escolar.
Aquí aparece una de las claves de El ojo del tigre: el viaje no tiene por qué entenderse solo como un desplazamiento físico. También es un descenso hacia una zona oscura de la experiencia humana.
Y ahí se encuentra, a mi juicio, uno de los vínculos más interesantes con El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. La presencia de Kurtz no es un detalle menor. Simeran recoge la idea del viaje hacia un territorio remoto y hacia una figura que acaba adquiriendo una dimensión casi mítica, pero la lleva a su propio terreno y la mezcla con la literatura fantástica, el humor y una reflexión sobre las historias que construimos para explicar el mundo.
La literatura dentro de la literatura
La novela está atravesada por la importancia de contar. Los personajes no son solo personas que actúan: también son personas que narran, recuerdan, interpretan y reconstruyen aquello que han vivido.
La cita inicial de Ercole Lissardi, «Lo que justifica tener un nombre es la condición de ser titular de un discurso», resulta significativa en este sentido. La identidad aparece vinculada a la capacidad de contar una historia y de convertir la propia experiencia en relato.
También adquiere importancia la cita de Milan Kundera sobre la verdad y la mentira. En una novela construida alrededor de una historia que alguien cuenta a otra persona, la frontera entre ambas resulta difícil de establecer.
Simeran no necesita ofrecer respuestas cerradas. Prefiere que el lector permanezca dentro de esa zona de incertidumbre.
Y esa elección funciona porque El ojo del tigre no pretende ser solo una historia fantástica. Hay en ella una reflexión sobre la literatura y sobre nuestra necesidad de transformar lo vivido en relato.
Una prosa que concede importancia a los detalles
Otro aspecto que destacaría es la escritura de Juan Simeran. La novela concede espacio a los detalles, a los lugares y a las sensaciones. El balneario no es un simple decorado: los sonidos, los olores y los pequeños movimientos contribuyen a crear una atmósfera que poco a poco se vuelve más inquietante.
La voz de la mujer, su cicatriz, sus gestos y las circunstancias en las que cuenta su historia adquieren un peso que va más allá de la descripción.
La editorial define la prosa de Simeran como ágil, exquisita e inteligente, con una sutil presencia del humor. En mi lectura, ese componente humorístico resulta interesante porque introduce una cierta distancia frente al horror y evita que la novela quede encerrada en un tono solemne.
Ese equilibrio entre lo inquietante y lo irónico forma parte de la personalidad de la obra.
Una novela fantástica que no renuncia a la ambigüedad
El ojo del tigre fue reconocida con el Premio Tristana de Novela Fantástica en 2022. El jurado destacó su narración sutil, su escritura y el viaje hacia el horror que plantea la novela.
Para mí, lo interesante está en que lo fantástico no aparece como un elemento aislado que irrumpe desde fuera. Se mezcla con la realidad cotidiana hasta conseguir que el lector dude de los límites entre ambas.
La novela parte de algo reconocible: unas vacaciones, un balneario, una conversación, una persona que siente curiosidad por otra. A partir de ahí, Simeran va desplazando el relato hacia un territorio cada vez más extraño.
Ese desplazamiento es también el que experimenta el protagonista. Primero escucha por curiosidad. Después quiere saber más. Finalmente, ya no puede contemplar aquella historia como una simple conversación de vacaciones.
La curiosidad se convierte en una forma de dependencia.
Mi lectura de El ojo del tigre
Cuando publiqué esta reseña, lo que más me había llamado la atención era la capacidad de Juan Simeran para convertir una historia aparentemente sencilla en algo mucho más amplio. Al recuperar ahora el texto, sigo pensando que ahí reside uno de los principales atractivos de la novela.
El ojo del tigre es una novela sobre el poder de las historias, pero también sobre el poder que tienen esas historias sobre quienes las escuchan. El protagonista no se limita a conocer el pasado de una mujer: entra poco a poco en un relato que modifica su propia percepción de lo que sucede a su alrededor.
También es una novela que dialoga con la tradición fantástica y con una obra tan fundamental como El corazón de las tinieblas, pero no se limita a rendirle homenaje. Simeran toma algunos de sus elementos y los utiliza para construir una historia propia, en la que caben el misterio, el horror, el humor y una cierta ironía.
He disfrutado mucho con su lectura. Es una novela para quienes disfrutan de los relatos que no lo explican todo, de los personajes que conservan una zona de sombra y de esas historias en las que escuchar a alguien puede acabar siendo mucho más peligroso de lo que parecía al principio.
Juan Simeran
Juan Simeran nació en Buenos Aires en 1964 y estudió en la Academia Bezalel de Arte y Diseño de Jerusalén. Su trayectoria literaria está vinculada a la narrativa fantástica y a la ciencia ficción. Ha publicado novelas en Argentina y España, entre ellas ¡Argentinos a vencer! y El chévere venturante mr. Quetzotl de Arisona. Con El ojo del tigre obtuvo en 2022 el XV Premio Tristana de Novela Fantástica, convocado por el Ayuntamiento de Santander.
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