Hay personajes que la historia ha dejado en un segundo plano y que, sin embargo, tienen una vida que parece pedir a gritos ser contada. Ese es el caso de Baltasara de los Reyes, una actriz del Siglo de Oro cuya decisión de abandonar los escenarios en el momento de mayor éxito sirve a Inma Chacón como punto de partida para construir una obra teatral sobre la libertad, la identidad y el papel de la mujer.

En La Baltasara, Inma Chacón recupera a una mujer real de la historia del teatro español y la convierte en protagonista de una reflexión que va mucho más allá de su época. La autora no pretende limitarse a reconstruir su biografía, sino imaginar qué pudo llevar a una actriz famosa y admirada a renunciar a todo aquello que parecía darle sentido a su vida.

Y esa pregunta es, en realidad, el corazón de la obra.

Una actriz que lo tenía todo para abandonarlo todo

Baltasara de los Reyes fue una actriz reconocida durante el Siglo de Oro. Había conocido los escenarios, los aplausos y el reconocimiento del público, pero decidió abandonar esa vida y retirarse a una cueva, donde pasó sus últimos años.

La elección resulta desconcertante. ¿Por qué una mujer que había alcanzado el éxito decide desaparecer?

Inma Chacón parte de ese misterio para construir a su protagonista. La encontramos lejos del escenario, en un espacio de aislamiento desde el que contempla su pasado. El retiro se convierte así en el lugar desde el que puede enfrentarse a todo aquello que dejó atrás.

No estamos ante una biografía dramatizada al uso. La autora utiliza los recuerdos, las conversaciones y la evocación del pasado para acercarnos a una mujer que intenta comprender sus propias decisiones.

El escenario como espacio de libertad

Uno de los elementos que más me han interesado de La Baltasara es la relación de la protagonista con el teatro.

Para una actriz, interpretar significa convertirse en otra persona, pero también puede significar la posibilidad de expresar aquello que fuera del escenario no está permitido. En una sociedad en la que las mujeres estaban sometidas a unas normas muy estrictas, el escenario podía ofrecer una libertad contradictoria: podían representar a otras mujeres, vivir otras vidas y pronunciar palabras que quizá no podían decir como mujeres reales.

Pero esa libertad tenía límites.

Baltasara es actriz y, al mismo tiempo, mujer dentro de una sociedad que observa, juzga y decide qué comportamiento es aceptable. El éxito no elimina esas restricciones. Tampoco los aplausos.

La obra juega precisamente con esa contradicción: una mujer puede ser admirada por el público y continuar estando condicionada por las normas de su tiempo.

Una mujer que quiere decidir sobre su propia vida

Aunque La Baltasara se desarrolla a partir de un personaje del siglo XVII, sus preguntas resultan muy actuales.

La protagonista quiere decidir qué hacer con su vida. Y esa voluntad de elegir constituye uno de los aspectos más importantes de la obra.

Inma Chacón no necesita convertir a Baltasara en un personaje perfecto ni presentar su retirada como una decisión sencilla. Al contrario, la hace humana, contradictoria y vulnerable. Su búsqueda de libertad no está exenta de dudas y sufrimiento.

Eso evita que la obra se convierta en un simple alegato. Baltasara no es únicamente un símbolo de la mujer que rompe con las normas. Es una persona que intenta encontrar su lugar después de haber vivido bajo unas reglas que ya no quiere aceptar.

Mujeres olvidadas de la historia del teatro

La recuperación de Baltasara permite además dirigir la mirada hacia otras muchas mujeres vinculadas al teatro del Siglo de Oro.

La historia de la literatura suele recordar con mayor facilidad a los grandes dramaturgos, mientras que las actrices que llevaron esas obras a los escenarios han quedado con frecuencia relegadas a un segundo plano. La Baltasara contribuye a recuperar esa memoria.

Y lo hace desde la ficción teatral, que permite llenar algunos de los silencios que deja la documentación histórica.

Este es uno de los grandes atractivos de la propuesta de Inma Chacón: partir de una figura real de la historia para preguntarse qué había detrás de ella. Qué sentía. Qué quería. Qué estaba dispuesta a perder para conseguir una vida diferente.

Teatro dentro del teatro

También resulta muy interesante la dimensión metateatral de la obra.

Baltasara ha pasado buena parte de su vida interpretando personajes. Ha aprendido a ponerse en la piel de otras mujeres y a representar sentimientos delante de un público. Ahora, retirada, tiene que enfrentarse a algo mucho más complicado: interpretarse a sí misma.

La pregunta por la identidad aparece así estrechamente vinculada al oficio de actriz.

¿Quién es Baltasara cuando no está sobre un escenario?

La cuestión parece sencilla, pero adquiere una enorme importancia cuando descubrimos que buena parte de su vida ha estado relacionada con representar otras vidas. La actriz que tantas veces se ha convertido en otra persona tiene que averiguar quién quiere ser cuando ya no tiene espectadores delante.

Una obra íntima

La Baltasara no es una obra de grandes acontecimientos ni necesita una sucesión constante de acciones para mantener el interés. Su fuerza procede de la palabra y del conflicto interior de la protagonista.

Esto puede hacer que algunos lectores esperen una narración más convencional y encuentren una propuesta demasiado reflexiva. Sin embargo, creo que ahí reside precisamente la personalidad de la obra.

Inma Chacón apuesta por un teatro íntimo, sostenido por la voz de un personaje que mira hacia atrás y trata de ordenar su pasado.

El ritmo depende, por tanto, de las revelaciones y de la evolución emocional de Baltasara más que de la acción externa. Es una elección adecuada para una historia cuyo verdadero conflicto no consiste en lo que sucede fuera de la protagonista, sino en aquello que ocurre dentro de ella.

Inma Chacón y la recuperación de una voz

Una de las virtudes de Inma Chacón es su capacidad para acercarse a personajes femeninos y convertir sus conflictos personales en cuestiones universales.

En La Baltasara, la autora encuentra en una figura histórica poco conocida una excelente oportunidad para hablar de asuntos que continúan teniendo vigencia: la libertad, la identidad, las expectativas sociales y la necesidad de tomar las riendas de la propia vida.

Pero la obra no funciona solo por el tema, ya que La Baltasara tiene voz propia.

Y esa voz es la que termina imponiéndose al contexto histórico. Aunque la protagonista pertenece al Siglo de Oro, sus dudas no pertenecen a una época concreta. La necesidad de decidir quién queremos ser, qué estamos dispuestos a abandonar y cuánto pesa la mirada de los demás continúa formando parte de la condición humana.

Mi valoración de La Baltasara

La Baltasara me ha parecido una obra interesante por la elección de su protagonista y por la manera en que Inma Chacón convierte un episodio poco conocido de la historia teatral española en una reflexión sobre la libertad.

Lo que más valoro es que la autora no se limita a reivindicar a una mujer olvidada, sino que utiliza su historia para plantear preguntas. ¿Qué significa ser libre? ¿Cuánto estamos dispuestos a sacrificar para conseguirlo? ¿Hasta qué punto somos quienes queremos ser y hasta qué punto interpretamos el papel que los demás esperan de nosotros?

Baltasara abandona el escenario, pero en realidad comienza entonces otra representación: la de una mujer que intenta descubrir quién es cuando deja de interpretar para los demás.

Es una obra que puede interesar a quienes disfrutan del teatro, de la literatura escrita por mujeres y de las historias que recuperan personajes olvidados de nuestro pasado. Pero también a quienes buscan una lectura breve que deje preguntas después de cerrar el libro.

Inma Chacón consigue que una actriz del Siglo de Oro vuelva a hablar varios siglos después. Y quizá esa sea la mejor manera de reivindicar a Baltasara: devolverle la voz.


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