Una novela puede tener una buena trama, personajes interesantes y una prosa cuidada y, aun así, perder al lector por un detalle que el autor no ha comprobado.
No hace falta encontrar un error espectacular. A veces basta con que un personaje utilice una expresión que todavía no existía, que un policía resuelva una investigación saltándose todos los procedimientos, que un médico haga un diagnóstico imposible o que una ciudad aparezca descrita de una manera que cualquiera que la conozca reconocería como falsa; en todos estos casos el lector puede abandonar la historia.
El problema no está en que la ficción se aparte de la realidad. La ficción puede hacerlo y, de hecho, lo hace de continuo. El problema aparece cuando el autor pretende construir un mundo reconocible y desconoce las reglas que lo sostienen.
La documentación para escribir una novela no consiste en acumular datos ni en demostrar al lector cuánto ha investigado el escritor. Consiste en conocer aquello que necesita la historia para que sus personajes puedan desenvolverse en ella sin que sus acciones parezcan arbitrarias.
La documentación también forma parte de la construcción narrativa
Cuando un escritor decide situar una historia en otra época, en una profesión concreta, en un país que no conoce o alrededor de una actividad especializada, adquiere una responsabilidad.
No significa que tenga que convertirse en historiador, médico, abogado o investigador privado. Significa que debe saber lo suficiente para no cometer errores que condicionen la historia.
La documentación puede afectar a algo tan pequeño como el vocabulario de un personaje o a cuestiones fundamentales de la trama. ¿Podía realizarse ese procedimiento en aquella época? ¿Existía esa tecnología? ¿Cómo habría actuado un profesional? ¿Cuánto tiempo habría tardado ese proceso? ¿Qué consecuencias tendría una determinada decisión?
Son preguntas que quizá nunca aparezcan en la novela, pero que el escritor necesita responder antes de decidir qué ocurre.
Una buena investigación suele tener un efecto curioso: cuanto mejor conoce el autor el terreno por el que se mueve, menos necesita explicarlo. Puede seleccionar los detalles que realmente importan y evitar las explicaciones innecesarias.
Anacronismos: cuando el tiempo no encaja
El anacronismo es uno de los errores más fáciles de detectar en una novela.
A veces resulta evidente, como cuando aparece un objeto, una tecnología o una institución que todavía no existía. Pero hay anacronismos mucho más sutiles: formas de hablar, costumbres, conocimientos, conceptos políticos o maneras de entender determinadas cuestiones.
Un personaje del siglo XIX no tiene por qué comportarse como imaginamos que se comportaba una persona de aquella época. Sigue siendo un individuo, no un personaje histórico genérico. Sin embargo, tampoco podemos atribuirle sin más la mentalidad de una persona del siglo XXI.
Este problema resulta delicado cuando se escriben novelas históricas. Investigar fechas y objetos no basta por sí solo. También hay que conocer, hasta donde sea necesario para la historia, las costumbres, relaciones sociales, educación, religión, alimentación, vestimenta, legislación y formas de comunicación de ese periodo.
El objetivo no es llenar la novela de datos históricos. Es evitar que el lector tenga la sensación de estar viendo a personas contemporáneas disfrazadas de personajes de otra época.
Las profesiones no funcionan como en las películas
Hay profesiones que aparecen con tanta frecuencia en la ficción que todos creemos conocerlas.
Policías, abogados, médicos, periodistas, jueces, detectives, militares o investigadores forman parte habitual de novelas y series. Por ello, muchos lectores tienen una idea bastante clara de cómo deberían funcionar determinadas situaciones.
En contra de lo que a veces muestra la ficción, un abogado no resuelve cualquier problema legal con una frase brillante. De igual modo, un médico no puede diagnosticar determinadas enfermedades con una simple mirada. Y una investigación policial no consiste en que un agente decida ignorar los procedimientos porque está convencido de quién es el culpable.
La ficción permite simplificar. El problema aparece cuando esa simplificación modifica lo que el personaje podría hacer realmente.
Tampoco hace falta llenar el texto de terminología profesional. Una novela no mejora porque un médico utilice veinte palabras técnicas en una conversación. La documentación debe servir para que las acciones sean coherentes, no para exhibir conocimientos.
Si una profesión resulta importante para la trama, conviene investigar cómo funciona antes de escribirla.
Medicina y derecho: dos terrenos especialmente delicados
Hay campos en los que un error puede comprometer una escena completa.
La medicina y el derecho son dos ejemplos claros. Ambos tienen procedimientos, protocolos y limitaciones que no pueden modificarse sin consecuencias.
Una autopsia no puede desarrollarse de cualquier manera porque la trama necesite una determinada conclusión. Un diagnóstico no aparece porque el personaje médico «sepa» qué ocurre. Un juicio tampoco puede organizarse como una conversación entre dos personajes en la que alguien revela la verdad y el caso queda resuelto.
El escritor puede apartarse de la realidad si existe una razón narrativa para hacerlo. Lo que no funciona es desconocerla.
En estos casos, además, la documentación puede proporcionar ideas para la propia historia. Un procedimiento que tarda varios días, una prueba que no ofrece una respuesta definitiva o una limitación legal pueden convertirse en obstáculos narrativos mucho más interesantes que una solución inmediata.
Investigar no solo evita errores: también puede generar conflictos.
Escribir sobre una cultura que no conocemos
La documentación adquiere otra dimensión cuando el escritor construye personajes pertenecientes a una cultura diferente de la suya.
Aquí no basta con buscar algunos datos sobre gastronomía, fiestas, vestimenta o religión. Una cultura no es un decorado.
El riesgo es convertir una sociedad compleja en una colección de símbolos reconocibles: determinados alimentos, unas pocas palabras locales, una tradición, un tipo de música y varios estereotipos que el lector ya ha visto cientos de veces. El resultado suele ser una representación superficial.
Esto no significa que un autor solo pueda escribir sobre aquello que conoce directamente. La literatura no funciona así. Significa que, cuando escribe sobre una realidad ajena, debe dedicar tiempo a comprenderla y contrastar sus fuentes.
También conviene recordar que dentro de una misma cultura existen diferencias de clase social, generación, territorio, educación, ideología y experiencia personal. No todos sus integrantes piensan ni viven de la misma manera.
La documentación debe ayudar al escritor a escapar del personaje genérico.
Wikipedia es un punto de partida, no una investigación completa
Internet ha facilitado la documentación hasta límites que hace unas décadas eran difíciles de imaginar. Pero tener acceso a mucha información no significa estar bien documentado.
Wikipedia puede ser útil para comenzar una investigación, localizar fechas, conceptos, nombres o referencias. El problema aparece cuando se convierte en la única fuente.
Una novela que gira alrededor de una época histórica, una profesión o un acontecimiento concreto necesita contrastar la información. Según el tema, puede ser necesario recurrir a libros especializados, artículos académicos, archivos, entrevistas, testimonios, prensa de la época, documentales o fuentes institucionales.
Y hay una regla sencilla que conviene recordar: cuanto más importante sea un dato para la trama, más conviene comprobarlo.
No es necesario investigar con la misma profundidad cómo se llamaba una calle secundaria que cómo funciona el procedimiento del que depende el desenlace de la novela.
La documentación no debe aparecer en forma de explicación
Existe otro error relacionado con la investigación: demostrarla.
El escritor descubre algo interesante y siente la necesidad de contárselo al lector. Aparece entonces un párrafo en el que un personaje explica la historia de una institución, describe con detalle un procedimiento que no necesita explicación o enumera datos sobre una ciudad que la trama no requiere.
La investigación se convierte en exposición.
Una buena documentación debería estar integrada en la narración. El lector no necesita saber todo lo que sabe el autor.
Si hemos investigado cómo trabaja un forense, no tenemos que convertir la novela en un manual de criminología. Es suficiente con que el personaje se comporte como alguien que conoce su profesión y que los procedimientos fundamentales sean correctos.
La documentación que funciona mejor suele ser la que permanece detrás del texto.
Cómo saber si una novela necesita más documentación
Una pregunta sencilla puede servir como primera prueba: ¿podría un lector que conoce este tema detectar fácilmente que el autor no lo ha investigado?
Si la respuesta es sí, hay trabajo por hacer.
También conviene revisar los puntos en los que la novela depende de conocimientos externos: fechas, lugares, profesiones, procedimientos, tecnologías, enfermedades, leyes, costumbres, transportes, instituciones o acontecimientos históricos.
No todos necesitarán el mismo grado de investigación. Una novela contemporánea ambientada en una ciudad conocida no exige el mismo trabajo que una novela histórica situada en otro continente. Una historia protagonizada por un abogado requiere una documentación distinta de otra en la que el derecho aparece solo en una escena.
La pregunta no es cuánto hay que investigar, sino qué necesita conocer el escritor para que la historia funcione.
Cuando documentarse mejora la propia novela
La documentación suele entenderse como una tarea previa a la escritura, casi como una obligación que hay que cumplir antes de ponerse a narrar. Sin embargo, puede ser mucho más que eso.
Investigar una época puede descubrir conflictos sociales que enriquecen a un personaje. Conocer el funcionamiento de una profesión puede proporcionar obstáculos inesperados. Estudiar una ciudad puede revelar lugares que modifican una escena. Comprender una enfermedad puede cambiar la evolución de un personaje.
La investigación abre posibilidades. Por eso, documentarse no debería limitarse a comprobar si lo que hemos escrito es correcto. También puede servir para descubrir qué podríamos escribir.
Una novela sólida no necesita demostrar todo lo que el autor sabe. Necesita utilizar aquello que ha descubierto para construir un mundo coherente, personajes creíbles y conflictos que tengan consecuencias.
La credibilidad se construye en los detalles
El lector puede aceptar que una historia sea extraordinaria. Puede aceptar fantasmas, viajes imposibles, sociedades inventadas o acontecimientos que nunca sucedieron.
Lo que resulta mucho más difícil de aceptar es que una historia establezca unas reglas y después las incumpla sin motivo. Ahí está la diferencia entre la realidad y la verosimilitud.
Una novela no tiene que ser una enciclopedia. Tampoco tiene que reproducir el mundo con exactitud absoluta. Pero debe conseguir que el lector crea en el mundo que le propone mientras permanece dentro de él.
La documentación es una de las herramientas que permiten conseguirlo.
Investigar antes de escribir, contrastar los datos importantes y conocer las reglas del mundo narrativo no hará que una novela sea buena por sí solo. Pero una documentación deficiente puede hacer que una buena historia pierda fuerza.
Porque en literatura los pequeños errores pueden tener consecuencias mucho mayores de lo que parece.
Y a veces la diferencia entre una novela que convence y otra que no termina de hacerlo está precisamente en aquello que el lector no sabe señalar, pero percibe: la sensación de que el autor sabe de qué está hablando.
Lista de comprobación antes de dar por terminada una novela
Antes de cerrar la revisión de un manuscrito, conviene comprobar si la documentación utilizada para construir la historia es suficiente. Esta revisión no pretende convertir la novela en un tratado de historia, medicina o derecho, sino que su objetivo es detectar aquellos datos que pueden romper la credibilidad del relato. (Se trata de una herramienta práctica descargable)
Época y contexto
¿Las fechas de la novela son correctas?
¿Los objetos, tecnologías y medios de transporte existían en ese momento?
¿El vocabulario utilizado por los personajes resulta adecuado para la época?
¿Las costumbres y comportamientos encajan con el periodo histórico?
¿Las instituciones que aparecen existían tal como se describen?
¿La mentalidad de los personajes corresponde a su contexto sin convertirlos en estereotipos de época?
Lugares
¿Los lugares descritos existían en la época en la que transcurre la historia?
¿Las distancias y desplazamientos son posibles?
¿Los tiempos de viaje son razonables para ese momento?
¿La descripción de ciudades, barrios o paisajes coincide con la realidad cuando se trata de lugares reales?
Si el lugar es inventado, ¿mantiene una geografía coherente a lo largo de la novela?
Profesiones
¿Los personajes conocen realmente las funciones que se les atribuyen?
¿Los procedimientos profesionales que aparecen son correctos?
¿Las decisiones de médicos, abogados, policías, periodistas u otros profesionales tienen sentido dentro de su trabajo?
¿He utilizado terminología especializada solo cuando resulta necesaria?
¿He simplificado algún procedimiento hasta hacerlo inverosímil?
Medicina y ciencia
¿Los diagnósticos y tratamientos son compatibles con los conocimientos y medios disponibles?
¿Los síntomas y consecuencias de una enfermedad están bien documentados?
¿Los procedimientos médicos se desarrollan de forma coherente?
¿La tecnología científica que aparece existía en el momento de la historia?
¿He comprobado los datos médicos que afectan de forma directa a la trama?
Derecho, policía y procedimientos
¿Las leyes que aparecen corresponden al país y al periodo en el que transcurre la historia?
¿Los procedimientos policiales son coherentes?
¿Los procesos judiciales respetan las reglas básicas del sistema jurídico correspondiente?
¿Las decisiones de jueces, abogados o investigadores tienen consecuencias realistas?
¿He utilizado películas o series como fuente principal para conocer estos procedimientos?
Culturas y sociedades
¿He investigado la cultura que aparece en la novela más allá de sus elementos más conocidos?
¿Estoy evitando convertir una cultura completa en una colección de estereotipos?
¿He tenido en cuenta las diferencias sociales, generacionales y territoriales?
¿Los personajes pertenecientes a esa cultura tienen personalidad propia y no representan una única forma de pensar?
¿He contrastado la información con fuentes procedentes de personas o instituciones vinculadas a esa realidad?
Fuentes
¿He contrastado los datos importantes con más de una fuente?
¿Estoy utilizando Wikipedia como punto de partida y no como única fuente?
¿He recurrido a libros, estudios, testimonios, archivos o fuentes especializadas cuando el tema lo requiere?
¿He verificado con especial cuidado los datos que resultan esenciales para la trama?
¿Estoy diferenciando entre una información que solo parece plausible y otra que está realmente comprobada?
Integración de la documentación
¿La información investigada aparece integrada en la narración?
¿He evitado introducir explicaciones solo para demostrar que he investigado?
¿Cada dato aporta algo al personaje, al escenario o a la trama?
¿He dejado fuera información interesante que no resulta necesaria para la historia?
¿La documentación ayuda a construir el mundo narrativo en lugar de frenar el ritmo?
Última pregunta
Antes de dar por terminada la novela, conviene hacerse una última pregunta:
Y esa pregunta es: si un lector experto leyera estas páginas, ¿encontraría errores que podrían haberse evitado con una investigación razonable?
Si la respuesta es sí, todavía queda documentación por hacer. La finalidad de esta comprobación no es conseguir una novela perfecta ni eliminar cualquier posibilidad de error, sino evitar aquellos fallos que podrían haberse corregido antes de entregar el manuscrito.
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