Hay gente que critica las redes sociales, y es posible que tenga sus razones. Pero también es cierto que, entre tanta información, a veces aparecen recomendaciones que merecen la pena. Esta novela llegó a mí a través de amigos, lectores y escritores que sigo en redes y cuyas opiniones valoro. Fueron ellos quienes despertaron mi curiosidad por Juan Ramón Biedma y por El sonido de tu cabello. Decidí comprarla y, después de leerla, tengo que reconocer que la recomendación no podía haber sido más acertada.
Porque estamos ante una novela negra de las que no dejan indiferente. Y cuando digo negra, lo digo en todos los sentidos.
La historia comienza en las Tres Mil Viviendas de Sevilla, uno de los escenarios más duros de la novela. Una joven aparece torturada y mutilada en una iglesia evangélica, mientras los antidisturbios mantienen acordonada la zona. La inspectora Perpetua Carrizo se hace cargo de la investigación y se adentra en un barrio que sus propios compañeros contemplan con preocupación.
A partir de ahí, Juan Ramón Biedma construye una trama que se mueve entre Sevilla y Ciudad Juárez y que se adentra en un mundo marcado por los feminicidios, la delincuencia, los talleres clandestinos, el tráfico de drogas y la corrupción. Pero reducir El sonido de tu cabello a una investigación criminal sería quedarse en la superficie de la novela. Lo que encontramos aquí es una historia mucho más amplia, donde el crimen sirve para mostrar una realidad social que no resulta agradable de contemplar. Y precisamente por eso funciona.
Una novela sin buenos ni malos
Una de las cosas que más me han interesado de El sonido de tu cabello es la construcción de sus personajes. Aquí no hay una división sencilla entre buenos y malos. Todos tienen zonas oscuras, contradicciones y motivos que permiten entender, aunque no siempre justificar, sus decisiones. Son personajes grises. Gris oscuro.
En una novela negra es fácil caer en la construcción de protagonistas que representan la justicia frente a unos antagonistas que concentran todo el mal. Biedma evita esa fórmula. Incluso quienes deberían encontrarse del lado de la ley tienen sus propios conflictos y secretos.
Perpetua Carrizo es un buen ejemplo. La inspectora se aleja bastante del modelo de protagonista que encontramos en muchas novelas negras contemporáneas. No es una mujer perfecta, infalible y capaz de resolver cualquier caso antes que sus compañeros. Tiene sus propias heridas y una búsqueda personal que se desarrolla al margen de la investigación oficial. Ese aspecto del personaje me ha gustado porque la convierte en alguien más creíble y, sobre todo, más humano.
Junto a ella aparecen Set Santiago y Sacramento. Set es un abogado que ha cumplido cinco años de cárcel y que intenta sobrevivir gracias al turno de oficio y a los trabajos que realiza para un prestamista. Sacramento ejerce la acusación particular y acaba enfrentándose a él.
Cada personaje tiene su propia historia y sus propios intereses. No están ahí solo para hacer avanzar la investigación, sino que forman parte de ese universo moralmente complejo que Biedma ha construido.
Aquí nadie sale completamente limpio. Y eso hace que el lector tampoco pueda acomodarse en la certeza de saber quién merece nuestra simpatía y quién nuestro rechazo.
Las Tres Mil Viviendas como parte de la historia
Otro de los grandes aciertos de la novela es el tratamiento del espacio.
Las Tres Mil Viviendas no son un simple escenario en el que colocar asesinatos, delincuentes y persecuciones. El barrio forma parte de la historia y de la mirada social que propone el autor. La pobreza, la marginación, las drogas, la delincuencia y el abandono aparecen integrados en la trama. Biedma no presenta el crimen como un fenómeno aislado, sino como parte de una realidad mucho más compleja.
Y ahí la novela adquiere una dimensión que va más allá del género negro. El lector se encuentra ante barrios y personas que viven al margen de una sociedad que muchas veces prefiere no mirar. La violencia no aparece de la nada. Tiene un contexto, unas circunstancias y unas consecuencias. La conexión con Ciudad Juárez amplía todavía más esa mirada. Los feminicidios sin resolver, los talleres clandestinos y la violencia contra las mujeres forman parte de una realidad que la novela incorpora a su trama.
No es una novela que pretenda ofrecer soluciones sencillas. Tampoco creo que esa sea su intención. Lo que hace es mostrar el problema y obligarnos a mirar.
Una historia dura y violenta
No voy a negar que algunas partes de El sonido de tu cabello pueden resultar difíciles de leer. Hay crímenes aterradores y escenas de una violencia considerable. Pero lo que me ha parecido interesante es que esa violencia no funciona solo como recurso para provocar al lector. Está integrada en el universo de la novela y sirve para mostrar hasta dónde puede llegar la degradación humana. Es una lectura incómoda. Y, en mi caso, eso ha sido uno de sus mayores atractivos.
Hay novelas que nos permiten permanecer a salvo, como espectadores de una historia que sucede muy lejos. Esta no. Biedma consigue que el lector se acerque demasiado a determinados lugares y situaciones. Y quizá por eso deja huella. Porque mirar aquello que preferimos ignorar nunca resulta cómodo.
Crimen, romance y una dimensión sobrenatural
La novela tampoco se limita a los códigos habituales del género negro. Hay romance y existe una dimensión sobrenatural vinculada al «muló», el espectro de la tradición gitana que regresa para resolver cuentas pendientes.
Este elemento introduce una atmósfera inquietante que encaja con el universo de la novela y contribuye a diferenciarla de una historia policial convencional. La mezcla de géneros podría haber resultado difícil de manejar, pero Biedma consigue integrarla dentro de una historia compleja en la que las diferentes piezas terminan encajando.
La trama exige atención. Hay varias líneas narrativas, diferentes personajes y escenarios que se van relacionando hasta formar un conjunto cada vez más amplio. No es una novela para leer pensando solo en descubrir quién ha cometido el crimen. Lo importante está también en todo lo que sucede alrededor.
Una novela negra que deja poso
El sonido de tu cabello ha sido una de esas sorpresas lectoras que llegan gracias a una recomendación y terminan abriendo la puerta a un autor que quieres seguir leyendo.
Me ha gustado por su dureza, pero también por la manera en que esa dureza está al servicio de la historia. Me ha gustado por sus personajes, porque ninguno resulta completamente limpio y porque sus contradicciones son mucho más interesantes que cualquier arquetipo de héroe o villano.
Me ha gustado por la mirada social y por la forma en que Biedma convierte las Tres Mil Viviendas y Ciudad Juárez en algo más que escenarios de una investigación. Además, me ha obligado a salir de mi zona de confort.
Creo que ahí está una de las mayores virtudes de una novela: conseguir que, cuando terminas de leerla, sigas pensando en ella.
El sonido de tu cabello fue galardonada con el XXI Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones y recibió también el Premio Novelpol a la mejor novela policíaca de 2020. Son reconocimientos que encajan con una obra que apuesta por una novela negra compleja, dura y alejada de las fórmulas más previsibles.
Después de leerla, tengo claro que voy a buscar otras novelas de Juan Ramón Biedma. Y eso es, al final, una de las mejores recomendaciones que puede hacer un libro: conseguir que quieras volver a leer a su autor.
Si buscáis una novela negra convencional, quizá esta no sea vuestra novela. Pero si os interesa una historia dura, con personajes llenos de contradicciones, una trama compleja y una mirada hacia los espacios de exclusión que no aparta los ojos de lo incómodo, El sonido de tu cabello merece una oportunidad.
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