En torno al 4500 a. C., el Mediterráneo ya era un espacio de viajes, intercambios, conflictos y desplazamientos. Madrebona (Roca Editorial, 2024), de Pilar Sánchez Vicente, se adentra en ese mundo a través de Ekro, un joven cretense cuya vida queda destruida por el ataque a su poblado. Lo que comienza como una historia de supervivencia terminará convirtiéndose en un largo recorrido por distintas culturas y formas de entender el mundo.

Pilar Sánchez Vicente escoge el Neolítico como escenario para construir una novela de aventuras que no se limita a recrear la vida cotidiana de sus personajes. El viaje de Ekro permite introducir al lector en una época de grandes transformaciones: nuevas técnicas, navegación, comercio, creencias religiosas y formas de organización social que están cambiando la vida de las comunidades mediterráneas.

La novela utiliza el recorrido de su protagonista para atravesar diferentes territorios y culturas del Mediterráneo, desde Creta hasta las costas orientales y la península ibérica. El resultado es una narración que combina aventura, reconstrucción histórica y reflexión sobre las creencias, las relaciones de poder y la capacidad del ser humano para sobrevivir.

Una historia de supervivencia

Ekro pertenece a una comunidad asentada en Kretis, en la actual Creta. Su vida transcurre dentro de un mundo regido por unas costumbres y unas creencias que parecen estables hasta que la violencia irrumpe en el poblado.

El ataque de las tribus invasoras destruye ese equilibrio. Ekro pierde a su padre y a su hermano y emprende la huida junto a su madre. La escapatoria por mar tampoco ofrece seguridad. Una erupción volcánica complica la travesía y provoca la muerte de su madre.

Ekro queda solo y es rescatado por un barco cananeo. Pero ser salvado no significa recuperar la libertad. Termina convertido en esclavo bajo las órdenes de Dogan, el capitán del navío. En ese nuevo escenario aparece Raheb, el segundo a bordo, que ejercerá una función protectora y tendrá una importancia decisiva en su formación.

A partir de aquí, la novela deja de ser solo la historia de un muchacho que intenta sobrevivir y se transforma en un largo proceso de aprendizaje.

Ekro tendrá que conocer las reglas de un mundo en el que la esclavitud forma parte de la estructura social, en el que la violencia puede decidir el destino de una persona y en el que viajar significa entrar en contacto con culturas que tienen otras costumbres, otras creencias y otras formas de entender la vida.

El viaje como forma de aprendizaje

El viaje es uno de los grandes motores de Madrebona. Ekro no permanece en un único escenario y la novela aprovecha sus desplazamientos para mostrar la diversidad del Mediterráneo antiguo.

Convertido en buhonero, comienza a recorrer territorios y a entrar en contacto con personas muy diferentes. Las mercancías dejan de ser simples objetos y se convierten en vehículos de intercambio cultural. A través de ellas circulan conocimientos, técnicas, costumbres e ideas.

Este planteamiento permite a Pilar Sánchez Vicente introducir en la historia numerosos elementos relacionados con la evolución de aquellas sociedades. La navegación, la rueda, los metales, la elaboración de aleaciones que conducirían al bronce, la domesticación de animales, la astronomía o la preparación de bebidas fermentadas aparecen integrados en el recorrido del protagonista.

También encontramos referencias a sustancias con efectos alucinógenos y a prácticas relacionadas con las creencias y los rituales.

Lo interesante es que estos conocimientos no aparecen aislados como si estuviéramos ante un manual de historia. Forman parte del mundo en el que se mueve Ekro y contribuyen a construir la imagen de una sociedad que está experimentando cambios profundos.

El Neolítico como escenario

Uno de los mayores atractivos de Madrebona está en la elección del periodo histórico.

La novela nos sitúa en una época en la que se están produciendo transformaciones que tendrán consecuencias enormes para el desarrollo de las sociedades humanas. La agricultura y la ganadería han modificado las formas de vida, las comunidades se han asentado, aparecen nuevas herramientas y técnicas y las redes comerciales permiten que determinados conocimientos recorran grandes distancias.

El Mediterráneo funciona como un espacio de conexión. Los pueblos no viven aislados y el movimiento de personas permite también el movimiento de objetos, ideas y creencias.

Esta perspectiva resulta interesante porque rompe con una imagen demasiado simple de la prehistoria. No estamos ante comunidades inmóviles y desconectadas, sino ante sociedades capaces de viajar, comerciar, desarrollar nuevas tecnologías y establecer relaciones con otros pueblos.

Pilar Sánchez Vicente utiliza ese contexto para construir una aventura que tiene una dimensión histórica clara, pero también para plantear preguntas sobre cómo nacen las sociedades y cómo se producen los cambios culturales.

Diosas, religiones y conflictos

Las creencias ocupan un lugar importante en la novela. Ekro procede de una comunidad vinculada al culto de la Diosa Madre, mientras que los pueblos invasores representan otras concepciones religiosas.

El enfrentamiento entre ambas formas de entender el mundo no funciona solo como un elemento de ambientación. Está relacionado con las transformaciones sociales que atraviesa la novela.

La religión, el poder y la organización de las comunidades aparecen conectados. Las creencias pueden servir para explicar el mundo, pero también para establecer jerarquías y justificar determinadas formas de dominación.

Esta parte de la novela añade una dimensión que va más allá de la aventura. El viaje de Ekro permite observar cómo las sociedades construyen sus relatos, sus dioses y sus normas, y cómo esos sistemas pueden entrar en conflicto cuando diferentes pueblos se encuentran.

La evolución de Ekro

El protagonista es uno de los elementos que sostienen la novela. Ekro comienza siendo un muchacho que pierde en poco tiempo todo aquello que conoce. La violencia rompe su infancia y le obliga a enfrentarse a una realidad para la que no estaba preparado.

Su evolución no se produce de golpe. Es consecuencia de todo lo que vive y de las personas que encuentra.

Kamala, Asur, Brica y otros personajes participan en ese proceso y aportan conocimientos y experiencias que van modificando su forma de mirar el mundo. Ekro aprende oficios, conoce otras culturas, establece vínculos afectivos y descubre también las partes más oscuras de la naturaleza humana.

Las heridas no son solo físicas. El personaje arrastra las consecuencias de las pérdidas y de la violencia que ha sufrido. La novela muestra así cómo una persona puede construirse a partir de sus experiencias sin dejar atrás del todo aquello que le ha sucedido.

El muchacho que abandona Creta no es el mismo hombre que encontraremos después. Su viaje es también el proceso de construcción de una identidad.

Una época llena de descubrimientos

Otro de los aspectos que me han resultado interesantes es la cantidad de elementos que la novela incorpora para mostrar cómo se transforma el mundo.

El desarrollo de nuevas técnicas metalúrgicas, la navegación por el Mediterráneo, la rueda, la domesticación de animales y el conocimiento de los ciclos naturales forman parte de un proceso que modificará la vida de aquellas comunidades.

La novela también se detiene en cuestiones que pueden resultar curiosas para el lector actual, como el consumo de determinadas sustancias, el hidromiel o la elaboración de la sidra.

Estos detalles contribuyen a acercar aquella sociedad al lector. La historia deja de ser una sucesión de fechas y acontecimientos lejanos y empieza a percibirse a través de las necesidades cotidianas de quienes la habitaron.

Y es ahí donde la novela histórica cumple una de sus funciones más interesantes: conseguir que una época desaparecida vuelva a resultar tangible.

La violencia y la condición humana

Aunque Madrebona es una novela de aventuras, Pilar Sánchez Vicente no construye un pasado idealizado. La violencia forma parte de la historia desde sus primeras páginas y acompaña a Ekro durante buena parte de su recorrido.

La esclavitud, la explotación, la tortura, la guerra y la lucha por el poder aparecen como elementos de una sociedad en la que la vida humana tiene un valor muy diferente al que le atribuimos hoy.

Pero la novela tampoco reduce a sus personajes a víctimas y verdugos. Junto a la violencia encontramos amistad, amor, solidaridad, curiosidad y deseo de conocimiento.

Esa mezcla es la que permite que la novela trascienda la reconstrucción histórica. Lo que cambia es el escenario; muchas de las emociones y conflictos siguen siendo reconocibles.

Un recuerdo de El clan del oso cavernario

La lectura de Madrebona me ha recordado a El clan del oso cavernario, de Jean M. Auel, una novela que disfruté mucho y que también convirtió la prehistoria en el escenario de una historia de supervivencia y aprendizaje.

La comparación resulta inevitable, aunque las dos novelas toman caminos diferentes.

En el caso de Pilar Sánchez Vicente me ha interesado más la amplitud del recorrido. Madrebona no se limita a mostrarnos la vida de una comunidad prehistórica, sino que utiliza el viaje de Ekro para ampliar el escenario y presentar diferentes pueblos, culturas, creencias y avances tecnológicos.

También me ha resultado más entretenida. El movimiento constante de la historia favorece el ritmo y permite que el lector vaya descubriendo el mundo al mismo tiempo que lo hace el protagonista.

Una novela para viajar al pasado

Madrebona es una novela de aventuras, pero también una reconstrucción de un periodo histórico que no suele ocupar demasiado espacio en la narrativa.

Pilar Sánchez Vicente utiliza la historia de Ekro para mostrarnos un Mediterráneo en movimiento, donde los viajes, el comercio y los intercambios culturales contribuyen a transformar las sociedades. La novela combina la peripecia personal con la evolución de un mundo que está dejando atrás unas formas de vida para avanzar hacia otras.

Lo que más me ha interesado es esa combinación entre aventura y reflexión. Bajo el viaje de Ekro encontramos una historia sobre la pérdida, el aprendizaje, la supervivencia, el poder y las creencias. Una historia que demuestra que, aunque hayan cambiado las sociedades, algunas de las preguntas sobre el ser humano siguen siendo las mismas.

Madrebona me ha parecido una novela entretenida, ambiciosa en su reconstrucción histórica y capaz de acercar al lector a un periodo que todavía conserva buena parte de su misterio.

Una lectura recomendable para quienes disfrutan de la novela histórica, las historias de aventuras y las recreaciones de la prehistoria, pero también para quienes buscan una novela de viaje en la que el recorrido exterior del protagonista se convierte en un recorrido interior.


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