Regalar libros en Navidad es una de esas tradiciones que nunca deberían pasar de moda. Un libro puede entretener, acompañar, despertar la curiosidad y permanecer durante años en una estantería, esperando a que alguien vuelva a abrirlo.

Los libros son mis regalos favoritos y quien me conozca no tiene que pensar demasiado para saber qué regalarme. Si en cualquier momento quiero hacerme un regalo, es bastante probable que termine entrando en una librería.

Por eso, aunque muchas veces quienes me rodean no se atreven a regalarme libros porque «ya tienes muchos», sigo reivindicando el libro como regalo. Y no solo en Navidad. Cualquier momento puede ser bueno para regalar una historia.

Solo por eso viviría en Islandia. Y ahora os cuento por qué.

Por qué regalar libros en Navidad

Hay regalos que duran unas horas y otros que pueden acompañarnos durante años. Un libro pertenece a esta segunda categoría.

Regalar un libro implica pensar en la persona que lo recibirá. No se trata solo de escoger un título que nos haya gustado, sino de buscar una historia, un autor o un tema que pueda despertar su interés. Un lector habitual puede disfrutar tanto de una novedad como de una edición especial de un clásico que todavía no tenga en su biblioteca.

Además, un libro no termina cuando llegamos a la última página. Puede provocar una conversación, llevarnos hacia otros autores, despertar el deseo de viajar o hacer que busquemos más información sobre un periodo histórico, un lugar o una cuestión que desconocíamos.

Por eso me parece uno de los regalos más personales que podemos hacer.

Cómo elegir un libro para regalar

Aquí aparece la parte complicada. ¿Qué libro regalamos a alguien que lee mucho? ¿Y a una persona que apenas lee?

La respuesta no está en buscar el libro que nosotros consideramos imprescindible, sino en conocer a quien va a recibirlo. Sus gustos, sus aficiones, sus películas favoritas, los temas que le interesan o incluso una conversación mantenida unos días antes pueden darnos pistas.

Para alguien que disfruta de la novela negra, por ejemplo, podemos buscar una historia que se aparte de sus autores habituales. Si prefiere la literatura fantástica, quizá sea el momento de descubrirle una escritora o un escritor que todavía no conozca. Para quien disfruta de la historia, un buen ensayo puede convertirse en un regalo tan atractivo como una novela.

También hay otra posibilidad que me gusta mucho: regalar un libro que tenga un significado especial para nosotros. En ese caso, la elección puede ir acompañada de una dedicatoria en la que expliquemos por qué hemos escogido ese título.

El valor del regalo no está solo en el libro, sino también en la razón por la que hemos pensado en esa persona al elegirlo.

Una dedicatoria puede cambiar un regalo

Hay algo que se ha perdido un poco con el paso del tiempo: escribir unas líneas dentro de un libro.

Una dedicatoria convierte un ejemplar en algo personal. No hace falta escribir una página entera. Puede bastar una frase, una fecha o unas palabras que expliquen por qué ese libro ha llegado hasta esa persona.

También podemos recuperar una costumbre sencilla: escribir una pequeña carta y colocarla entre las páginas. Años después, cuando el libro vuelva a abrirse, esa nota puede tener tanto valor como la propia historia.

El Jólabókaflóð, la inundación de libros de Navidad de Islandia

Y aquí llegamos a la razón por la que digo que viviría en Islandia.

En Islandia existe una tradición navideña conocida como Jólabókaflóð, que suele traducirse como «inundación de libros de Navidad». Durante las semanas anteriores a las fiestas se concentra una parte importante de la publicación y venta de libros del país. Los libros son regalos habituales en Navidad y la tradición alcanza su momento más característico en Nochebuena, cuando las familias intercambian ejemplares y pasan parte de la noche leyendo.

La imagen me parece preciosa: después de la cena de Nochebuena, en lugar de terminar la noche entre compras, pantallas y ruido, cada persona se refugia con el libro que acaba de recibir.

Y sí, esta es una tradición navideña que podría adoptar sin ningún esfuerzo.

De dónde viene el Jólabókaflóð

La tradición está relacionada con la historia económica de Islandia durante la Segunda Guerra Mundial. Las restricciones monetarias dificultaron la importación de muchos productos, mientras que el papel estaba sujeto a menos limitaciones. Los libros se convirtieron así en una opción accesible para los regalos navideños y aquella costumbre terminó arraigándose en la cultura del país.

Con el tiempo, la publicación de libros se concentró en los meses anteriores a Navidad y el llamado «Book Flood» se convirtió también en un periodo fundamental para las editoriales y las librerías islandesas. La tradición no consiste solo en regalar libros: forma parte de una cultura literaria con una fuerte presencia en la vida cotidiana.

Reikiavik, además, fue declarada Ciudad de la Literatura por la UNESCO en 2011, un reconocimiento relacionado con la importancia de la literatura en la cultura de la ciudad.

Una noche de Navidad dedicada a leer

Lo que más me atrae del Jólabókaflóð no es solo que los islandeses regalen libros. Es lo que ocurre después.

La tradición asocia la Nochebuena con los libros y con la lectura. Se intercambian ejemplares y después llega uno de los mejores momentos: sentarse a leer con tranquilidad, acompañando la lectura con chocolate o dulces.

No hace falta imaginar una escena idílica para entender el atractivo. Se trata, en el fondo, de reservar un espacio para leer en una noche en la que solemos tener poco tiempo para hacerlo.

Y quizá ahí esté la verdadera riqueza de esta tradición.

Qué libros regalar en Navidad

No quiero convertir este artículo en una lista de recomendaciones porque cada lector necesita un libro diferente. Además, las novedades cambian cada año y un artículo sobre regalos navideños pierde parte de su utilidad si se limita a enumerar títulos.

Sí me parece interesante recuperar algunos libros que he recomendado en otras ocasiones y que pueden servir como punto de partida para buscar un regalo. Entre ellos están El gran timo de las hadas, de Félix J. Palma; Crisanta, de Juan Ramón Biedma; Hamnet, de Maggie O’Farrell; El hombre sin rostro, de Claudio Cerdán; El tiempo de las fieras, de Víctor del Árbol; Tango del torturador arrepentido, de Carlos Salem; El día que dejó de nevar en Alaska, de Alice Kellen; Mañana, y mañana, y mañana, de Gabrielle Zevin; y La polilla en la casa del humo, de Guillem López.

Para un regalo destinado a varios lectores, también me parece una opción muy atractiva Grandes amores. Veinte parejas inolvidables de la literatura, de Espido Freire y Antonio Lorente, un libro ilustrado que reúne historias de parejas literarias y que puede disfrutarse tanto por el contenido como por su parte visual.

La elección, en cualquier caso, dependerá de la persona que vaya a recibirlo. Y ahí está la gracia.

Regalar un libro es regalar tiempo

Quizá esta sea la razón por la que sigo prefiriendo los libros como regalo.

Cuando regalamos un libro no estamos entregando solo un objeto. Estamos regalando unas horas de lectura. Estamos diciendo: «He pensado en ti y creo que esta historia puede gustarte».

También estamos regalando la posibilidad de descubrir un autor, de emocionarse con un personaje, de viajar sin moverse de casa o de encontrar una frase que permanezca en la memoria durante años.

Por eso me gustaría que recuperáramos el placer de regalar libros. En Navidad, en un cumpleaños, para celebrar algo o sin necesidad de buscar una excusa.

Y si además podemos copiar a los islandeses y terminar la Nochebuena leyendo con un libro nuevo entre las manos, mucho mejor.

Por mi parte, lo tengo claro: si algún día alguien me propone celebrar el Jólabókaflóð en casa, no voy a ser yo quien diga que no.

¿Quién se apunta?


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