Mar de la tranquilidad (The Silent Sea) es una serie surcoreana de ciencia ficción estrenada en Netflix en 2021. Sus ocho episodios nos trasladan a un futuro en el que la Tierra atraviesa una grave crisis de recursos, con la escasez de agua como una de sus principales amenazas. Una situación límite que obliga a la humanidad a mirar hacia el espacio en busca de una posible solución.
Acabo de ver los ocho episodios y tengo que reconocer que la serie me ha gustado. No es perfecta, tiene algunos problemas de ritmo y determinadas decisiones de guion podrían haberse desarrollado mejor, pero consigue construir una atmósfera inquietante y, sobre todo, plantea cuestiones que van mucho más allá de la aventura espacial.
Y quizá por eso me da cierta pena que se haya quedado en una sola temporada. Mar de la tranquilidad termina dejando abierta la posibilidad de continuar explorando su universo, aunque por ahora no existe una segunda temporada.
La serie vuelve a demostrar, además, algo que cada vez me interesa más de la ficción surcoreana: su capacidad para utilizar géneros populares para hablar de problemas sociales muy concretos. El thriller, el terror, la ciencia ficción o la distopía no son simples decorados. Sirven para poner delante del espectador algunas de las contradicciones de la sociedad contemporánea.
Una serie que no está basada en una novela
Hay un detalle de la información que circula sobre Mar de la tranquilidad que conviene aclarar. La serie no está basada en una novela de la escritora surcoreana Jung Se-rang, como aparece en algunas referencias. Su origen está en un cortometraje de 2014 titulado The Sea of Tranquility, dirigido por Choi Hang-yong.
Aquel cortometraje llamó la atención en el Festival de Cortometrajes Mise-en-scène y fue el punto de partida de la producción de Netflix. Choi Hang-yong volvió a ponerse detrás de la cámara para dirigir la serie y contó con Park Eun-kyo como guionista. La historia original se amplió para convertir aquellos minutos en una producción de ocho episodios.
Por tanto, no tiene sentido hablar de una novela de Jung Se-rang como inspiración literaria ni de una traducción pendiente al castellano. Es una confusión que conviene corregir porque cambia por completo la relación de la serie con la literatura.
La adaptación parte de una idea cinematográfica y la expande hasta construir un universo mucho más complejo. La propia guionista explicó que el mundo planteado por el cortometraje tenía suficiente recorrido como para desarrollar una historia de mayor extensión.
La Tierra como punto de partida
La premisa es sencilla y eficaz. La Tierra atraviesa una situación de extrema escasez de agua y otros recursos. Un equipo es enviado a la Luna para recuperar unas muestras de una estación de investigación abandonada, la base Balhae.
La misión parece, en principio, una operación científica de recuperación, pero pronto descubrimos que aquella estación oculta algo mucho más peligroso. Los miembros de la expedición comienzan a enfrentarse a acontecimientos que no pueden explicar y la misión adquiere una dimensión muy distinta de la prevista.
Netflix presenta la serie como un thriller de misterio y ciencia ficción centrado en una misión de veinticuatro horas en la Luna. El objetivo oficial es recuperar unas muestras, pero los secretos clasificados de la base convierten la expedición en una lucha por la supervivencia.
Y ahí comienza lo verdaderamente interesante.
Porque Mar de la tranquilidad no utiliza la crisis ambiental como un simple escenario futurista. La escasez determina la estructura de la sociedad. El agua se ha convertido en un recurso sometido a control y la supervivencia ya no depende únicamente de disponer de tecnología, sino de quién tiene acceso a aquello que permite seguir viviendo.
La ciencia ficción vuelve a funcionar aquí como un espejo.
La crítica social detrás de la ciencia ficción
Una de las razones por las que la ciencia ficción surcoreana resulta tan interesante es su capacidad para hablar del presente utilizando futuros extremos. No necesitamos que la historia nos explique de forma constante que existe una desigualdad social. Basta con observar quién tiene acceso a los recursos y quién queda relegado a sobrevivir con lo que otros deciden concederle.
En Mar de la tranquilidad, el problema no es solo que el agua escasee. El verdadero conflicto aparece cuando aquello que debería ser un bien imprescindible para todos se convierte en un recurso administrado, controlado y distribuido de forma desigual.
La situación puede resultar exagerada, pero no resulta difícil reconocer el mecanismo.
La crisis ambiental termina convirtiéndose en una crisis política y social. Cuando los recursos desaparecen, también desaparece buena parte de la aparente estabilidad de una sociedad. Las decisiones dejan de girar alrededor del bienestar colectivo y comienzan a hacerlo alrededor de la supervivencia.
La serie plantea así una pregunta incómoda: ¿hasta dónde estaría dispuesta a llegar la humanidad para sobrevivir?
Y la respuesta que ofrece no resulta especialmente tranquilizadora.
La ambición humana también viaja a la Luna
La expedición lunar no representa únicamente el deseo de descubrir nuevos territorios. También simboliza la tendencia humana a explotar aquello que encuentra.
Incluso cuando la Tierra está al borde del colapso, seguimos reproduciendo los mismos comportamientos. Buscamos nuevos recursos, intentamos controlar aquello que puede garantizar nuestra supervivencia y tratamos de convertir el descubrimiento científico en una herramienta de poder.
La Luna termina siendo otro territorio que conquistar.
Este planteamiento conecta la serie con una tradición muy amplia de la ciencia ficción: la exploración espacial como prolongación de los problemas terrestres. Cambia el escenario, pero no cambia necesariamente el comportamiento de los seres humanos.
Y ahí reside una de las ideas más interesantes de Mar de la tranquilidad. Podemos abandonar la Tierra, construir estaciones lunares y desarrollar tecnologías capaces de hacer posible la vida fuera de nuestro planeta, pero seguimos llevando con nosotros nuestras ambiciones, nuestros intereses y nuestra incapacidad para aprender de nuestros propios errores.
La base lunar y el miedo a lo desconocido
La ambientación es uno de los grandes aciertos de la serie.
La base lunar funciona como un espacio cerrado, oscuro y opresivo. Los pasillos, las habitaciones abandonadas, los laboratorios y los espacios sin apenas iluminación crean una sensación de aislamiento que contribuye al suspense.
La Luna debería representar la amplitud absoluta, pero la serie consigue convertirla en un lugar claustrofóbico.
Los personajes están lejos de la Tierra y dependen de unos recursos limitados. No existe una salida sencilla cuando algo sale mal. La comunicación es complicada, el entorno es hostil y la estación esconde un pasado que los protagonistas desconocen.
La sensación de aislamiento está bien aprovechada porque el peligro no procede únicamente de lo que encuentran en la base. También procede de la imposibilidad de escapar.
La serie sabe jugar con esa incertidumbre durante buena parte de sus episodios y combina la ciencia ficción con elementos propios del thriller y del terror.
Los personajes y el peso de la misión
El capitán Han Yun-jae, interpretado por Gong Yoo, es el responsable de dirigir la expedición y mantener con vida a su equipo. Su personaje representa la dimensión más pragmática de la misión, aunque las circunstancias terminarán obligándole a cuestionar las órdenes recibidas.
Song Ji-an, interpretada por Bae Doona, ocupa el centro científico y emocional de la historia. Como astrobióloga, tiene motivos personales para querer descubrir qué ocurrió en la base Balhae. Su investigación no es solo profesional: existe una relación directa con el pasado de la estación y con la tragedia que allí tuvo lugar.
Ryu Tae-seok, interpretado por Lee Joon, introduce otra dimensión en el conflicto. Como ingeniero, resulta fundamental para el funcionamiento de la misión, pero su comportamiento genera desde el principio cierta desconfianza.
El reparto funciona bien porque los personajes no tienen todos los mismos intereses. La misión oficial es una, pero las motivaciones individuales son diferentes. Y cuando una situación extrema obliga a tomar decisiones, esas diferencias terminan saliendo a la superficie.
Una serie con algunas debilidades
No creo que Mar de la tranquilidad sea una obra redonda.
Su principal problema aparece en el ritmo. Hay momentos en los que la historia avanza con demasiada lentitud y otros en los que determinadas revelaciones llegan con cierta precipitación. Algunos personajes secundarios podrían haber tenido un desarrollo mayor y ciertas cuestiones científicas y narrativas quedan resueltas de una manera algo irregular.
También se nota que la historia original tuvo que ampliarse para ocupar ocho episodios. El universo que propone resulta interesante, pero no siempre está aprovechado con la misma eficacia.
Sin embargo, estos problemas no consiguen anular sus aciertos.
La serie mantiene una atmósfera muy conseguida y plantea preguntas que permanecen después de terminar el último episodio. Y para mí eso tiene más valor que una narración perfectamente cerrada pero incapaz de provocar reflexión alguna.
Una ciencia ficción que habla del presente
Lo que más me ha interesado de Mar de la tranquilidad no es descubrir qué ocurre en la base lunar. Tampoco la misión espacial ni el misterio científico.
Lo que me interesa es comprobar cómo una historia situada en un futuro lejano puede hablar de problemas que ya tenemos delante.
La escasez de recursos, la desigualdad, el control del agua, la explotación del medio ambiente y la utilización de la ciencia al servicio de determinados intereses forman parte de nuestro presente.
La serie lleva esas cuestiones hasta un escenario extremo para mostrarnos qué podría suceder si dejamos que la situación avance.
Y quizá ahí esté su mayor acierto.
No necesitamos viajar a la Luna para encontrar el conflicto. La verdadera historia sigue ocurriendo en la Tierra.
Una serie recomendable para los amantes de la ciencia ficción
Mar de la tranquilidad no aporta una visión completamente nueva de la ciencia ficción espacial, pero combina con eficacia varios elementos conocidos: misterio, supervivencia, investigación científica, terror y crítica social.
Su mayor fuerza está en la atmósfera y en las preguntas que plantea sobre la relación entre ciencia, poder y supervivencia. Su mayor debilidad, en algunos desequilibrios de ritmo y en un desarrollo que deja la sensación de que todavía quedaba mucho por contar.
Aun así, me ha parecido una serie interesante y recomendable, sobre todo para quienes disfrutan de una ciencia ficción que no se limita a contar aventuras en el espacio.
Porque, en el fondo, Mar de la tranquilidad no habla tanto de la Luna como de nosotros.
Habla de lo que hacemos cuando los recursos comienzan a desaparecer, de quién decide quién puede acceder a ellos y de hasta dónde somos capaces de llegar cuando nuestra supervivencia está en juego.
Y viendo el mundo en el que vivimos, quizá esa sea la parte más inquietante de toda la serie.
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