Fábulas, creada por Bill Willingham y publicada por Vertigo, sello de DC Comics, desde 2002, es una de las obras fundamentales del cómic fantástico contemporáneo. La serie original llegó hasta el número 150 en 2015, pero su historia no terminó ahí: en 2022 regresó con Fábulas #151 y el arco The Black Forest, recuperando a Bill Willingham y Mark Buckingham al frente del proyecto.
Durante sus años de publicación, Fábulas consiguió algo que parecía sencillo y que, en realidad, exigía una enorme capacidad narrativa: tomar personajes procedentes de cuentos, leyendas y mitos que forman parte del imaginario colectivo y convertirlos en protagonistas de una historia adulta sobre el poder, el exilio, la identidad, la violencia y la supervivencia.
La premisa resulta tan atractiva como eficaz. Los personajes de los cuentos han sido expulsados de sus territorios por un enemigo conocido como el Adversario. Refugiados en nuestro mundo, viven ocultos entre los humanos y han construido una comunidad secreta en Nueva York, Villa Fábula. Allí conviven Blanca Nieves, el Lobo Feroz, Rosa Roja, el Príncipe Azul, Cenicienta, Pinocho y muchos otros personajes que reconocemos de la tradición popular, aunque Willingham se encarga de recordarnos desde el primer momento que ya no son los personajes que creíamos conocer.
Redescubrir los cuentos clásicos desde una mirada adulta
Hace poco releí 1001 noches de nieve y volví a recordar el enorme impacto que tuvo Fábulas cuando descubrí la serie.
Parte de su atractivo reside en ese reconocimiento inmediato. El lector entra en la historia acompañado por personajes que forman parte de su memoria cultural, pero pronto descubre que detrás de los nombres conocidos hay personas con deseos, resentimientos, contradicciones y heridas.
Blanca Nieves ya no es solo la princesa perseguida por una madrastra. El Lobo Feroz tampoco es el monstruo de los cuentos infantiles. El Príncipe Azul está muy lejos de representar el ideal romántico que tradicionalmente asociamos con él. Willingham toma esos referentes y los introduce en una sociedad marcada por conflictos políticos, relaciones de poder y viejas rivalidades.
La operación funciona porque Fábulas no se limita a oscurecer los cuentos. Los transforma.
Ese matiz es importante. La serie no consiste en convertir personajes infantiles en personajes violentos o introducir sexo, corrupción y sangre en sus historias. Su verdadera fuerza está en preguntarse qué ocurriría si esos personajes hubieran vivido durante siglos y tuvieran que convivir con las consecuencias de sus propias historias.
Villa Fábula: un mundo de exiliados
La historia comienza con un asesinato.
Rosa Roja, hermana de Blanca Nieves, aparece asesinada y el Lobo Feroz, convertido en sheriff de Villa Fábula, debe investigar el crimen. El primer arco, Leyendas en el exilio, utiliza la estructura de la novela negra para presentar al lector el funcionamiento de esta comunidad secreta.
La elección resulta perfecta. El noir permite que los personajes aparezcan desde una perspectiva nueva y que el lector descubra poco a poco las relaciones que mantienen entre ellos.
Pero Fábulas no tarda en demostrar que no pretende quedarse en el misterio criminal.
Uno de sus grandes aciertos consiste en cambiar de registro sin perder la coherencia del universo. La investigación policial deja paso a la sátira política, la fantasía épica, el drama familiar, la aventura, la guerra y, en determinados momentos, incluso al humor absurdo.
Ese cambio constante de género es una de las características que convierten la serie en algo más complejo que una simple reinterpretación de cuentos de hadas.
De la novela negra a la fantasía política
Uno de los primeros grandes movimientos de la serie aparece con Animal Farm, donde los personajes no humanos son enviados a una granja porque no pueden vivir libremente en Nueva York sin revelar la existencia de las Fábulas.
La situación termina convirtiéndose en un conflicto político. El aislamiento, la discriminación y el deseo de libertad conducen a una rebelión que recuerda de forma evidente a Rebelión en la granja, de George Orwell.
La comparación no es gratuita. Willingham utiliza el material de los cuentos para construir una sociedad con sus propias clases, instituciones y conflictos. Los personajes no solo deben sobrevivir en un mundo que los desconoce. También tienen que decidir cómo quieren organizarse entre ellos.
A partir de ahí, Fábulas amplía su escala. Tierras natales y La marcha de los soldados de madera introducen con mayor intensidad el conflicto con el Adversario y convierten la serie en una historia de guerra y resistencia. El cuarto volumen, dedicado a la marcha de los soldados de madera, marca un salto importante en la dimensión épica de la obra.
La guerra no funciona solo como espectáculo fantástico. Sirve para poner a prueba las relaciones entre los personajes y obligarlos a enfrentarse con decisiones que tendrán consecuencias durante buena parte de la serie.
Personajes que evolucionan
Uno de los principales motivos por los que Fábulas sigue funcionando tantos años después de su publicación es la evolución de sus personajes.
El Lobo Feroz constituye quizá el ejemplo más evidente. El antiguo monstruo de los cuentos se convierte en detective, sheriff, compañero, padre y figura política. Su pasado no desaparece porque la sociedad haya decidido aceptarlo. Al contrario: la identidad del Lobo permanece bajo la superficie y se convierte en una de las tensiones fundamentales del personaje.
Blanca Nieves experimenta una transformación semejante. Su posición dentro de Fabletown la obliga a abandonar el papel pasivo que le habían asignado los cuentos tradicionales y convertirse en una figura política con capacidad de decisión.
Rosa Roja, el Príncipe Azul, Pinocho, Cenicienta o Jack también escapan de sus papeles originales para adquirir historias propias.
El resultado es una galería de personajes que no pueden reducirse a héroes y villanos. Muchos cambian de posición, se contradicen, toman decisiones cuestionables y pagan por ellas.
Esa ambigüedad moral es uno de los elementos que acercan Fábulas a la tradición de la novela negra y de la literatura política.
El universo de Fábulas más allá de la serie principal
El éxito de la serie permitió construir un universo mucho mayor.
Entre sus derivados encontramos Jack of Fables, centrado en Jack Horner; Cinderella, que convierte a Cenicienta en una agente secreta; y Fairest, que amplía el protagonismo de distintos personajes femeninos. También existen novelas gráficas como 1001 noches de nieve y Fábulas: Lobos de la Heartland. DC llegó a reunir parte de este material dentro de distintas ediciones recopilatorias.
De todos ellos, 1001 noches de nieve ocupa un lugar especial.
El volumen permite regresar al pasado de varios personajes y funciona como una colección de relatos que amplía la mitología de la serie. Su estructura recuerda a Las mil y una noches y permite explorar una dimensión más íntima de personajes que en la serie principal aparecen condicionados por los acontecimientos políticos.
No es un complemento menor. Es una de las mejores puertas de entrada al universo emocional de Fábulas.
El arte de Fábulas
El apartado gráfico resulta inseparable de la identidad de la serie.
Mark Buckingham se convirtió en el principal referente visual de Fábulas, especialmente a medida que avanzaba la colección. Su trabajo consiguió establecer una estética capaz de moverse entre el cuento de hadas, la violencia, el humor y el drama sin romper la unidad visual de la obra.
Pero Buckingham no estuvo solo. Lan Medina participó en los primeros números y Steve Leialoha se convirtió en otro de los nombres fundamentales del apartado artístico. A lo largo de la serie participaron también autores como Michael Allred e Inaki Miranda, entre muchos otros.
También merece una mención especial James Jean, responsable de muchas de las portadas más reconocibles de la colección. Sus imágenes contribuyeron a construir la identidad gráfica de Fábulas incluso para lectores que no habían abierto todavía uno de sus números.
The Wolf Among Us: Fábulas llega al videojuego
El universo de Willingham también dio el salto al videojuego con The Wolf Among Us, desarrollado por Telltale Games.
El juego coloca al jugador en el papel de Bigby Wolf y presenta una historia situada antes de los acontecimientos del primer cómic. La estructura narrativa y la importancia de las decisiones del jugador permitieron trasladar al videojuego una de las características fundamentales de Fábulas: la ambigüedad moral.
La adaptación tuvo además su propia versión en cómic, aunque conviene no confundir ambas obras: el videojuego fue desarrollado por Telltale, mientras que la posterior adaptación gráfica fue realizada por otros autores bajo el sello Vertigo.
El regreso de Fábulas
Durante años, el número 150 fue considerado el final de la historia.
Sin embargo, en 2022 Fábulas regresó con el número 151 y el arco The Black Forest, una historia de doce números que continuaba los acontecimientos allí donde los había dejado la serie original. El regreso reunió de nuevo a Bill Willingham y Mark Buckingham y convirtió el número 151 en un nuevo punto de entrada para los lectores.
Este regreso resulta interesante porque demuestra que el universo de Fábulas todavía conservaba capacidad para generar nuevas historias después de una colección de semejante extensión.
Pero la historia editorial de la obra todavía tendría un giro más inesperado.
En septiembre de 2023, Bill Willingham anunció que había decidido situar Fábulas, incluidos sus personajes y derivados, en el dominio público. La decisión provocó una disputa pública con DC Comics sobre la interpretación de los derechos y la situación jurídica de la propiedad. Por ello, si se menciona este asunto en una entrada del blog, conviene presentarlo como una decisión anunciada por Willingham y no como un conflicto completamente resuelto.
Por qué Fábulas sigue siendo importante
El paso del tiempo no ha reducido la fuerza de la premisa.
La serie continúa siendo relevante porque detrás de sus cuentos de hadas encontramos cuestiones que no pertenecen a ninguna época concreta. El exilio, la integración, la identidad, la lucha por el poder, la propaganda, la violencia y la memoria atraviesan la historia de principio a fin.
Ahí reside una de las claves de su permanencia.
Los personajes de Fábulas son refugiados que han perdido sus territorios y deben construir una nueva sociedad. Pero esa sociedad tampoco está libre de conflictos. El pasado pesa sobre ellos y las viejas jerarquías, rivalidades y formas de violencia reaparecen bajo nuevas formas.
La fantasía funciona, por tanto, como una herramienta para hablar de problemas reconocibles.
Y esa es una de las razones por las que la obra supera la etiqueta de «reinterpretación adulta de los cuentos de hadas». Fábulas utiliza los cuentos como materia narrativa, pero su verdadero interés está en explorar qué hacemos con ellos cuando dejan de representar un mundo sencillo de héroes, villanos y finales felices.
Una obra que cambió la forma de mirar los cuentos
Cuando apareció Fábulas, la idea de reunir a personajes de cuentos clásicos en una historia contemporánea no era completamente nueva. Lo que Willingham consiguió fue llevar esa premisa mucho más lejos y convertirla en un universo narrativo capaz de sostener una historia de más de ciento cincuenta números, varios spin-offs, novelas gráficas y adaptaciones.
La serie ganó catorce premios Eisner y llegó a convertirse en uno de los títulos más reconocibles de Vertigo.
Su importancia tampoco reside solo en la cantidad de historias que consiguió desarrollar. Está en la forma en que utilizó la tradición popular para construir una narrativa contemporánea sobre poder, identidad y pertenencia.
Fábulas demuestra que los cuentos no desaparecen cuando dejamos de creer en ellos. Cambian. Se adaptan a cada época, adquieren nuevos significados y pueden regresar con una apariencia distinta.
Quizá por eso la serie sigue resultando tan atractiva. Porque cuando creemos conocer a Blanca Nieves, al Lobo Feroz, a Cenicienta o al Príncipe Azul, Willingham nos recuerda que también podemos volver a contar sus historias.
Y que, algunas veces, los cuentos que conocemos desde niños tienen mucho más que decirnos cuando dejamos de leerlos como cuentos infantiles.
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