La literatura fantástica española lleva años explorando nuevas formas de reinterpretar el folklore y los imaginarios populares, pero pocas veces lo ha hecho con la personalidad y la audacia de Pena negra (InLimbo Ediciones, 2022). Coordinada por María Zaragoza, esta antología reúne diez relatos escritos por autores de enorme solvencia dentro del fantástico, el terror y la narrativa contemporánea: Juan Soto Ivars, Jimina Sabadú, Mado Martínez, Gemma Solsona, F. David Ruíz, Isabel del Río, Ariadna Castellarnau, Dimas Prychyslyy, Nerea Pallares y Eva Díaz Riobello.
Lo primero que sorprende de Pena negra no es solo la calidad de los relatos —algo infrecuente en muchas compilaciones colectivas—, sino el eje temático que los articula: las folklóricas españolas, las artistas de copla y cuplé que marcaron durante décadas el imaginario popular. El libro convierte a estas figuras en protagonistas de historias inquietantes, oscuras y extrañas, mezclando memoria cultural, terror psicológico y elementos sobrenaturales.
La idea podría haber derivado fácilmente hacia el pastiche o la parodia, pero ocurre justo lo contrario. El volumen entiende perfectamente el potencial simbólico de estas mujeres y artistas vinculados al exceso, al deseo, al escándalo y a la construcción pública del personaje. Ya lo señala María Zaragoza en el prólogo al definir el llamado “género mínimo” como un espacio asociado a lo popular y a aquello que tradicionalmente incomodaba: la insinuación sexual, la ambigüedad moral, la homosexualidad o incluso ciertos discursos políticos.
Desde esa perspectiva, Pena negra no utiliza a las folklóricas como simple decoración estética, sino como materia narrativa viva. Las canciones, la fama, el artificio y la decadencia se convierten en territorio ideal para el fantástico.
Las protagonistas de los relatos son Estrellita Castro, Concha Piquer, Miguel de Molina, Lola Flores, Imperio Argentina, Sara Montiel y otras figuras vinculadas al espectáculo popular español como La Bella Dorita o Marifé de Triana. El resultado es un mosaico donde conviven lo gótico, el horror clásico, el decadentismo y el terror psicológico.
Uno de los mayores logros de la antología es su cohesión. Aunque cada autor posee una voz reconocible y un enfoque distinto, el conjunto mantiene una identidad muy definida. No hay sensación de dispersión ni relatos de transición escritos para rellenar páginas. Todos aportan algo: atmósfera, extrañeza, reinterpretación histórica o inquietud emocional.
Además, el libro demuestra un conocimiento notable de los mecanismos del terror clásico. Aparecen ecos de la ghost story, del horror corporal, del relato psicológico y de la literatura gótica, pero integrados dentro de un imaginario profundamente español. Esa combinación convierte Pena negra en una obra singular dentro del panorama fantástico actual.
También resulta interesante cómo varios relatos exploran el coste emocional de la fama y la construcción pública del mito. Bajo el maquillaje, el escenario y la copla aparecen personajes atravesados por la soledad, el miedo, la decadencia o el deseo reprimido. El terror funciona entonces no solo como elemento sobrenatural, sino como reflejo de una identidad fracturada.
María Zaragoza merece además una mención especial como coordinadora del proyecto. Su trabajo dentro de la literatura fantástica española contemporánea ha destacado siempre por la recuperación de imaginarios culturales y populares desde perspectivas oscuras y poco convencionales. Pena negra encaja perfectamente dentro de esa línea.
La edición de InLimbo también acompaña muy bien el contenido del libro, reforzando esa mezcla de cultura popular, atmósfera decadente y sensibilidad fantástica.
Pena negra es, probablemente, una de las antologías más originales publicadas en España en los últimos años dentro del género fantástico. No solo por su premisa, sino porque logra algo mucho más difícil: convertir una idea arriesgada en un libro sólido, coherente y literariamente estimulante.
Incluso quienes suelen mostrar rechazo automático hacia el terror encontrarán aquí historias accesibles, sugerentes y muy ligadas a la emoción y al imaginario cultural español. Porque el miedo, cuando está bien escrito, también puede cantar coplas.
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