Nadie salva a las rosas (Roca Editorial, 2023), de Youssef El Maimouni, es una novela negra que utiliza la investigación de un asesinato para adentrarse en algunas de las realidades más duras de la inmigración, la exclusión social y la situación de los menores migrantes no acompañados. La historia transcurre entre Barcelona y Casablanca y combina el thriller con una marcada dimensión social.

Ya había leído a Youssef El Maimouni en Cuando los montes caminen, su primera novela, y aquella lectura me llamó la atención por la perspectiva desde la que abordaba la Guerra Civil española. Su protagonista era un joven marroquí enrolado en las tropas del general Franco, una mirada poco habitual en una narrativa sobre un conflicto sobre el que se han escrito miles de páginas.

Con Nadie salva a las rosas, el autor vuelve a demostrar su interés por acercarse a personajes y conflictos que suelen quedar en los márgenes. En esta ocasión parte de un asesinato y construye una trama de investigación que permite mostrar la vulnerabilidad de quienes han llegado a nuestro país sin una red familiar ni recursos con los que afrontar su futuro.

Un asesinato que pone al descubierto una realidad social

Rihanna, una joven trans marroquí, es secuestrada y asesinada en las afueras de Barcelona. Marina, su amiga y compañera de piso, descubre lo ocurrido al regresar de un viaje. Yusuf, educador social que lleva años acompañando a Rihanna, recibe la noticia mientras intenta adaptarse a su nueva vida tras el nacimiento de su hija.

Los investigadores encargados del caso apenas encuentran pistas y tampoco reciben la colaboración de las personas que conocían a la víctima. Marina y Yusuf no se conforman con las primeras explicaciones y deciden investigar por su cuenta. Las piezas del rompecabezas los llevarán de Barcelona a Casablanca.

El asesinato de Rihanna funciona así como el punto de partida de una historia que va mucho más allá de descubrir quién la mató. A través de la investigación conocemos las circunstancias que rodean a los jóvenes migrantes que pasan por centros de acogida y que, al alcanzar la mayoría de edad, pueden encontrarse sin vivienda, sin trabajo y sin una red que los ayude a iniciar una vida autónoma.

La novela pone el foco también en la situación de las mujeres migrantes y en la vulnerabilidad añadida que afrontan las personas LGTBI. El caso de Rihanna permite mostrar cómo se acumulan distintas formas de exclusión y cómo quienes viven en los márgenes pueden quedar fuera de los mecanismos de protección que deberían ampararlos.

Yusuf y la importancia de acompañar

Uno de los aspectos que más me han interesado de Nadie salva a las rosas es la presencia de Yusuf y su trabajo como educador social.

El personaje conoce a Rihanna desde hace años y su relación con ella permite introducir una perspectiva que va más allá de la investigación policial. Yusuf representa a quienes trabajan con personas en situaciones de vulnerabilidad y que, en ocasiones, se convierten en el único vínculo estable que encuentran.

Pero el personaje tampoco aparece como un salvador. El propio Yusuf atraviesa un momento de incertidumbre. Acaba de ser padre y empieza a cuestionarse su lugar en una sociedad que percibe como hostil y poco acogedora. Esa dimensión personal evita que el personaje quede reducido a su profesión y añade profundidad a la trama.

El Maimouni conoce de cerca el ámbito de la educación social y esa experiencia se percibe en la forma en que aborda a sus personajes. El autor nació en Ksar el Kebir en 1981 y su familia se trasladó a Coma-ruga cuando tenía un mes. Estudió Filología Árabe y Mediación de Conflictos y ha desarrollado buena parte de su trayectoria profesional en proyectos de educación social dirigidos a jóvenes.

Marina, Rihanna y las vidas que quedan fuera del foco

Marina es otro de los personajes que sostienen la novela. Procede de una familia acomodada, pero ha elegido situarse al lado de Rihanna y su amistad con ella está por encima de las diferencias sociales.

Su investigación nace del afecto y de la necesidad de comprender qué ocurrió, pero también permite descubrir quién era Rihanna antes de convertirse en una víctima. La novela reconstruye su pasado a través de capítulos que se intercalan con la trama principal y nos permiten conocer los motivos que la llevaron a abandonar Marruecos y las circunstancias que marcaron su vida.

Esta estructura aporta información de forma progresiva y evita que Rihanna quede reducida al papel de víctima de un asesinato. Su historia tiene un espacio propio y permite comprender las decisiones que tomó y los riesgos a los que se enfrentó.

Barcelona y Casablanca

El desplazamiento entre Barcelona y Casablanca amplía el escenario de la investigación y permite establecer un vínculo entre las dos orillas del estrecho de Gibraltar. El espacio urbano adquiere peso dentro de la novela, en especial una Barcelona alejada de la imagen turística que suele proyectarse de la ciudad.

El propio El Maimouni ha señalado la dureza de Barcelona para quienes no pertenecen a las clases más favorecidas, una cuestión que está presente en la novela y que conecta con su interés por los conflictos sociales y la discriminación.

La investigación policial es, por tanto, solo una parte del relato. Bajo la trama negra aparece una ciudad desigual, atravesada por la precariedad, la explotación y las redes que se aprovechan de quienes tienen menos posibilidades de defenderse.

Una novela negra con dimensión social

Nadie salva a las rosas funciona como thriller porque existe un crimen, una investigación y una serie de preguntas que deben resolverse. Pero el interés de la novela no depende solo de averiguar quién está detrás del asesinato.

El Maimouni utiliza los recursos del género negro para acercarse a una realidad social que suele permanecer lejos del centro de nuestras preocupaciones. La novela habla de personas que llegan a otro país buscando una vida mejor, pero también de quienes escapan de situaciones en las que quedarse no es una opción.

El lenguaje acompaña esa dureza. No estamos ante una historia amable ni ante una realidad presentada desde la distancia. Hay violencia, explotación, miedo y corrupción, pero también vínculos de amistad, solidaridad y personas que intentan ayudar a quienes han quedado fuera de los sistemas de protección.

Ese equilibrio es uno de los aspectos que más valoro de la novela. La denuncia social no sustituye a la trama, sino que se integra en ella.

Mi opinión sobre Nadie salva a las rosas

Nadie salva a las rosas me ha gustado porque Youssef El Maimouni consigue combinar una investigación criminal con una mirada social que da profundidad a la historia. Es una novela dura, pero la dureza no está ahí solo para provocar al lector. Sirve para mostrar las circunstancias de unos personajes que han quedado en una situación de vulnerabilidad.

También me ha interesado la evolución de Yusuf, la relación entre Marina y Rihanna y la forma en que el pasado de esta última va apareciendo a lo largo de la novela. Los capítulos dedicados a su historia permiten que el lector conozca a la persona que existía detrás de la víctima.

Es, además, una lectura ágil, con una trama que avanza entre Barcelona y Casablanca y que mantiene el interés por descubrir qué ocurrió con Rihanna y qué hay detrás de su muerte.

Después de Cuando los montes caminen, esta segunda novela confirma mi interés por la obra de Youssef El Maimouni. El autor vuelve a acercarse a personajes que viven entre dos mundos y utiliza la narrativa de género para hablar de cuestiones sociales que siguen formando parte de nuestra realidad.

Nadie salva a las rosas es una novela negra que puede interesar tanto a quienes buscan un thriller con una investigación criminal como a quienes prefieren historias de género que incorporen una mirada social. En mi caso, lo que más me ha quedado de la lectura no es solo la resolución del crimen, sino las vidas que aparecen alrededor de Rihanna y las preguntas que plantea sobre qué sucede con quienes dejan de estar bajo la protección de las instituciones.


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