Madres e hijos, de Theodor Kallifatides, es una de esas lecturas que, sin necesidad de grandes acontecimientos narrados con espectacularidad, consiguen atraparte porque detrás de cada recuerdo hay una vida y detrás de esa vida hay una época.

Me ha parecido una lectura muy interesante, sobre todo por la manera en que Kallifatides recupera la memoria de su madre y, a través de ella, la historia de toda una familia. Porque sí, Madres e hijos habla de una madre y de un hijo, pero también habla de guerras, desplazamientos, pérdidas, emigración y de todo aquello que los grandes acontecimientos históricos dejan en las personas que tienen que vivirlos.

Una visita a su madre que se convierte en un viaje al pasado

Kallifatides tiene 68 años cuando viaja desde Suecia hasta Atenas para visitar a su madre, que tiene 92. Los dos saben que quizá aquel encuentro sea uno de los últimos que puedan compartir. La situación ya contiene una enorme carga emocional, pero el autor no necesita exagerarla.

La historia se construye durante esa estancia y, a partir de ella, comienzan a aparecer los recuerdos. Kallifatides conversa con su madre, recuerda su infancia y recupera también la historia de su padre a través del texto autobiográfico que este escribió muchos años antes.

Lo que parecía una visita familiar se convierte poco a poco en un recorrido por varias generaciones. El pasado entra en el presente sin que el autor tenga que forzarlo. Una conversación, un recuerdo o la lectura de unas páginas escritas por su padre pueden llevarnos muchos años atrás.

Me ha gustado mucho esa forma de contar. No tenemos la sensación de estar leyendo una lección de historia, aunque la historia esté presente. Lo que encontramos son personas intentando vivir mientras a su alrededor suceden cosas que escapan por completo a su control.

La historia contada desde quienes tuvieron que vivirla

Una de las cosas que más me han interesado del libro es esta. Cuando hablamos de guerras y de grandes acontecimientos históricos solemos hacerlo desde las fechas, los nombres y las decisiones políticas. Kallifatides hace otra cosa: nos muestra lo que esos acontecimientos significan para una familia.

La historia de sus padres está marcada por desplazamientos, pérdidas y guerras. Su familia procede del territorio del Ponto y tuvo que enfrentarse a las consecuencias de los conflictos y de la expulsión de los griegos de Turquía. Más adelante llegarán la Segunda Guerra Mundial y la ocupación, además de otros acontecimientos políticos que condicionarán la vida de la familia y del propio escritor.

Pero lo importante no es la sucesión de acontecimientos históricos.Lo importante es ver cómo esos acontecimientos terminan formando parte de la memoria de una persona. Las guerras no aparecen aquí como fechas en un libro de historia. Aparecen como aquello que obligó a una familia a marcharse, a perder cosas, a tener miedo y a intentar reconstruir su vida.Y esa perspectiva es la que a mí me vale.

Una madre que ha vivido mucho más de lo que cuenta

Aunque el título habla de madres e hijos, el libro no se limita a explorar la relación entre ambos. La madre de Kallifatides es también una mujer que pertenece a una generación que tuvo que atravesar circunstancias muy duras.

Me ha resultado interesante descubrir su historia a través de los recuerdos de su hijo. No estamos ante una biografía convencional de la madre. La conocemos a través de las conversaciones, de los recuerdos y de aquello que el propio Kallifatides ha ido conservando de su infancia y de su familia.

Y quizá por eso funciona tan bien. Porque todos tenemos personas cercanas cuya vida conocemos solo a medias. Sabemos algunas cosas de nuestros padres, de nuestros abuelos o de quienes nos precedieron, pero muchas veces no conocemos realmente todo lo que tuvieron que afrontar. Kallifatides parece preguntarse qué queda de una vida cuando quienes la vivieron empiezan a desaparecer.

La respuesta es la memoria.

El padre también forma parte de esta memoria familiar

Aunque el título pueda llevarnos a pensar que todo girará alrededor de la madre, el padre tiene un papel fundamental en el relato. Kallifatides recupera el texto autobiográfico que su padre escribió en 1972, cuando tenía 82 años, a petición de su hijo. Ese recurso me ha parecido acertado porque permite que distintas voces y distintos tiempos se encuentren dentro del mismo libro: el Kallifatides adulto que visita a su madre, el niño que recuerda su infancia, el hombre que intenta comprender su propia historia y el padre contando su vida desde su propia memoria.

De esta manera, el libro no pertenece por completo a una sola persona. Es casi un álbum familiar escrito con palabras. Y en ese álbum aparecen también las heridas de todo un país.

Una escritura sencilla, cercana y muy contenida

Una de las cosas que más me han gustado de Madres e hijos es la forma de escribir de Theodor Kallifatides. Su prosa es sencilla, limpia y cercana. No necesita recargar el texto para transmitir emociones y quizá por eso los recuerdos de su familia llegan con tanta naturalidad.

Hay algo muy oral en su escritura, como si el autor estuviera sentado frente al lector contando la historia de su familia. La narración tiene esa sensación de conversación en la que un recuerdo lleva a otro y una anécdota aparentemente pequeña acaba conduciéndonos hacia un episodio mucho más importante.

Kallifatides no cuenta los acontecimientos siguiendo una cronología estricta. El presente funciona como punto de partida, pero continuamente aparecen recuerdos que nos llevan hacia la infancia, hacia sus padres y hacia acontecimientos ocurridos muchos años antes.

Es una estructura que se parece bastante a la propia memoria. No recordamos nuestra vida como una sucesión ordenada de fechas. Un olor, una conversación, una persona o un lugar pueden devolvernos de repente a un momento que creíamos olvidado. Y esa forma de construir el relato encaja con lo que el autor quiere contar.

La emoción está en lo que cuenta, no en cómo lo adorna

Kallifatides tampoco necesita recurrir a una escritura grandilocuente para hablar de la guerra, la pérdida, la vejez o la muerte. Cuenta de forma sencilla y contenida, sin adornos ni dramatismos innecesarios. Y deja que el lector sienta por sí mismo, sin imponerle cómo debe reaccionar.

Esa contención me parece uno de los mayores aciertos de su estilo. No intenta explicarnos qué debemos sentir ante lo que está sucediendo. Las emociones nacen de las situaciones y de las personas. Por eso algunos recuerdos resultan tan conmovedores.

La historia que cuenta es dura, pero la escritura no se recrea en el sufrimiento. Hay espacio también para el humor, las conversaciones familiares, las pequeñas escenas cotidianas y esa relación tan particular que existe entre una madre y un hijo.

El resultado es un libro triste en algunos momentos, pero no es un libro oscuro.Y eso me ha gustado mucho porque contribuye a que el libro resulte emotivo sin caer en el dramatismo.

La memoria como forma de regresar a casa

También resulta interesante que Kallifatides vive en Suecia desde hace décadas. Se marchó de Grecia siendo joven y su vida se desarrolló lejos de su país de origen. En Madres e hijos, regresar a Atenas significa también regresar a su propia infancia. Por eso el viaje físico acaba convirtiéndose en un viaje hacia atrás, hacia la infancia y hacia los orígenes.

Vuelve a la casa familiar, vuelve a su madre, vuelve a los recuerdos y vuelve también a una parte de sí mismo que permanece ligada a Grecia aunque haya construido su vida en otro lugar. La emigración y el desarraigo aparecen así sin necesidad de convertirse en un discurso. Forman parte de la experiencia del autor y de su familia. Y quizá por eso resultan tan naturales.

Una historia familiar que termina siendo mucho más grande

Lo que más me ha gustado de Madres e hijos es que Kallifatides consigue partir de algo muy íntimo y terminar hablando de algo mucho más amplio. Empieza con un hijo que visita a su madre anciana.

Pero alrededor de esa visita aparecen los padres, la infancia, Grecia, las guerras, los desplazamientos, la emigración y una generación que tuvo que enfrentarse a circunstancias que hoy nos cuesta imaginar. Una familia puede ser también una pequeña representación de la historia.

Las guerras aparecen en los libros de historia con fechas y nombres. Aquí aparecen como recuerdos. Como personas que tuvieron que marcharse, que perdieron cosas, que tuvieron miedo, que intentaron seguir adelante y que, pese a todo, construyeron una vida.

Mi valoración de Madres e hijos

Me ha gustado mucho Madres e hijos. Es una lectura que he disfrutado por esa combinación entre memoria familiar, historia y emoción.

Sobre todo, me ha gustado conocer la historia de la madre de Kallifatides y descubrir todo lo que hay detrás de una mujer que, vista desde el presente, podría parecer una madre anciana a la que su hijo va a visitar. Pero no es solo eso: detrás de esa imagen de madre anciana hay una vida larga y compleja, llena de experiencias y de historia.

Detrás de ella hay una vida entera. Y detrás de esa vida están las guerras, los desplazamientos, las pérdidas y los cambios políticos que marcaron a varias generaciones.

Kallifatides consigue algo que no siempre resulta sencillo: contar una historia personal sin encerrarla en lo personal. Su familia es la puerta de entrada a una historia mucho mayor.

Y creo que ahí está una de las razones por las que me ha gustado tanto este libro. No solo he conocido la relación entre un hijo y su madre. He conocido también parte de la vida que hubo antes de él y de todo aquello que tuvo que atravesar su familia para llegar hasta ese momento.

Una lectura cercana, humana y llena de memoria, que demuestra que detrás de cada acontecimiento histórico hubo personas intentando seguir viviendo.


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