Tuve la suerte de asistir a la presentación de Intisar en el exilio, la novela gráfica de Pedro Riera y Sagar, dentro del ciclo Escritores del Mediterráneo que organiza la Casa del Mediterráneo en Alicante. Poder escuchar a sus dos creadores hablar de la obra añadió una dimensión especial a una lectura que ya me había sorprendido por su calidad, por la historia que cuenta y por la forma en que está narrada.
Llevo años leyendo novela gráfica y cada vez encuentro más propuestas que demuestran que este género tiene una capacidad extraordinaria para abordar cuestiones complejas sin renunciar a la fuerza narrativa. Intisar en el exilio es una de ellas. Pedro Riera y Sagar construyen una obra que habla de Yemen, de la guerra y del exilio, pero también de algo más cercano y universal: el deseo de cualquier persona de decidir sobre su propia vida.
La novela gráfica está publicada por Astiberri y supone la continuación de El coche de Intisar, publicada en 2011 con dibujos de Nacho Casanova. En esta ocasión, Pedro Riera recupera a Intisar y cuenta sus años de exilio en Jordania, con Sagar al frente de la parte gráfica. La obra nació a partir de los testimonios de mujeres que Riera conoció durante sus viajes a Yemen y Jordania, tanto en 2011, durante las revueltas de la Primavera Árabe, como en 2016.
Intisar, una mujer que quiere decidir sobre su propia vida
Uno de los grandes aciertos de Intisar en el exilio está en su protagonista. Intisar no aparece como una figura construida para representar una idea ni como un personaje cuya única función sea mostrarnos una realidad que desconocemos. Tiene carácter, sentido del humor, contradicciones, rabia y deseos propios.
Y eso cambia la forma en que el lector se acerca a una realidad tan dura como la de las mujeres yemeníes.
Intisar habla de su país, de la guerra, de las relaciones entre hombres y mujeres y de las dificultades que encuentra una mujer que quiere ser libre. Pero lo hace desde una voz que no renuncia al humor. Esa combinación resulta muy eficaz porque evita que la historia se convierta en un discurso plano sobre la opresión. Hay dolor y hay injusticias, pero también hay conversaciones, situaciones cotidianas, amistad y momentos que permiten respirar.
El humor de Intisar no resta importancia a lo que está ocurriendo. Al contrario. En algunos momentos sirve para mostrar con más claridad el absurdo de determinadas situaciones y las contradicciones de una sociedad en la que las mujeres encuentran obstáculos constantes para decidir sobre sus propias vidas.
La protagonista tampoco pretende ofrecer una visión única de Yemen. A través de sus conversaciones y experiencias conocemos una sociedad compleja, marcada por las diferencias culturales, la guerra y las relaciones de poder. El lector entra en esa realidad a través de una historia concreta y de un personaje que consigue que los datos y el contexto tengan rostro humano.
Una historia de guerra que habla también del exilio
La guerra de Yemen está presente en toda la obra, pero Intisar en el exilio no es un relato bélico al uso. No estamos ante una novela gráfica centrada en batallas o estrategias militares. La guerra aparece a través de sus consecuencias sobre las personas.
Y ahí está una de las claves de la obra.
El exilio transforma la vida de quienes lo sufren. Cambiar de país no significa dejar atrás todo aquello de lo que se huye. Las costumbres, los recuerdos, los vínculos y las heridas viajan con uno. Intisar tiene que adaptarse a una nueva realidad sin dejar de pensar en la que ha dejado atrás.
La novela gráfica consigue que el lector comprenda esa situación sin necesidad de grandes explicaciones. La historia personal permite acercarse a un conflicto político y social desde una perspectiva cotidiana.
También hay espacio para conocer aspectos de la cultura yemení y para descubrir cómo determinadas normas sociales condicionan la vida de las mujeres. La obra invita a mirar esa realidad desde otro lugar, sin convertir a sus personajes en simples víctimas.
El dibujo de Sagar: color, paisaje y emoción
Si el guion de Pedro Riera sostiene el peso narrativo de la historia, el trabajo de Sagar aporta otra capa imprescindible.
Las ilustraciones me han parecido uno de los grandes atractivos de Intisar en el exilio. Los paisajes, los espacios urbanos, los interiores y los escenarios por los que se mueven los personajes tienen una fuerza que permite que la historia entre también por los ojos.
Hay páginas en las que el dibujo no se limita a acompañar las palabras. El color y la composición contribuyen a crear una atmósfera y a transmitir sensaciones que resultarían difíciles de conseguir solo mediante el texto.
Esa relación entre palabra e imagen es, para mí, uno de los motivos por los que esta novela gráfica funciona tan bien. El guion no explica todo lo que el dibujo ya está contando y el dibujo no necesita repetir lo que los personajes expresan con sus palabras.
Sagar consigue además que los paisajes tengan presencia propia. Yemen y Jordania no son simples fondos donde colocar a los personajes. Los lugares forman parte de la historia y ayudan a comprender el mundo en el que se desarrolla.
Una novela gráfica que hace pensar sin dar lecciones
Hay obras que abordan cuestiones políticas o sociales y terminan pareciendo un ensayo ilustrado. No es el caso de Intisar en el exilio.
Pedro Riera introduce cuestiones relacionadas con la guerra, la política, la cultura, la religión, el feminismo y el exilio, pero lo hace a través de una historia. El lector no recibe una lección, sino que acompaña a unos personajes y descubre con ellos una realidad distinta.
Ese equilibrio me parece uno de los mayores valores de la novela.
Porque Intisar en el exilio habla de política, pero no necesita convertir a sus personajes en portavoces. Habla de feminismo, pero lo hace mostrando las dificultades concretas a las que se enfrentan las mujeres. Habla de cultura, pero no presenta una sucesión de explicaciones. Y habla de guerra sin olvidar que detrás de cualquier conflicto hay personas que intentan continuar con sus vidas.
La información que sustenta la historia procede, además, de los testimonios recogidos por Pedro Riera durante sus viajes a Yemen y Jordania. Astiberri señala que el personaje de Intisar reúne experiencias y testimonios de decenas de mujeres.
Ese origen ayuda a comprender la humanidad de la protagonista. Intisar es un personaje de ficción, pero su historia está conectada con experiencias reales.
Una lectura que deja preguntas
Una de las cosas que más me gustan de los libros que tratan cuestiones sociales es que no terminan cuando cerramos sus páginas. Si consiguen que sigamos pensando en lo que hemos leído, han cumplido una función que va más allá del entretenimiento. Eso ocurre con Intisar en el exilio.
La novela gráfica plantea preguntas sobre la libertad, sobre los límites que una sociedad puede imponer a las mujeres y sobre lo que significa abandonar el propio país. También obliga a pensar en las consecuencias de una guerra que, para quienes vivimos lejos de ella, puede quedar reducida a una sucesión de noticias. Aquí esas consecuencias tienen nombres, rostros y vidas.
Y quizá esa sea una de las mayores virtudes de la novela gráfica: conseguir que una realidad que puede parecernos lejana deje de serlo.
Mi opinión sobre Intisar en el exilio
He disfrutado mucho de esta lectura. No solo por la historia que cuenta, sino por la forma en que Pedro Riera y Sagar han decidido contarla.
Me ha gustado la combinación de historia, cultura, política y feminismo, pero también la presencia del humor, que evita que el relato caiga en un tono uniforme. Me han gustado los personajes y, sobre todo, la manera en que Intisar consigue convertirse en mucho más que una herramienta narrativa para hablar de Yemen.
Y me ha sorprendido el apartado gráfico. Los paisajes, los colores y la forma de construir las escenas aportan una enorme fuerza a la narración. Hay imágenes que permanecen en la memoria después de terminar la lectura.
Intisar en el exilio es una novela gráfica que entretiene, informa y plantea preguntas. Una obra que permite acercarse a Yemen y a la realidad de muchas mujeres que han tenido que enfrentarse a la guerra, al exilio y a unas normas sociales que condicionan sus vidas.
Después de asistir a la presentación y escuchar a Pedro Riera y Sagar hablar sobre su trabajo, mi valoración de la obra es todavía mayor.
Si, como me ocurre a mí, disfrutáis de la novela gráfica y buscáis lecturas que, además de contar una buena historia, aporten una mirada sobre otras realidades, creo que Intisar en el exilio merece un lugar entre vuestras próximas lecturas.
Una novela gráfica para leer, disfrutar y, sobre todo, para seguir pensando en ella cuando llegamos a la última página.
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