Cuando vi que Carmen Moreno había publicado Los caballeros las prefieren muertas, tuve claro que quería leerla. Marilyn Monroe siempre me ha interesado mucho más allá de la imagen sexual que Hollywood construyó alrededor de ella. La descubrí a través de sus películas cuando era joven y, por entonces, también miraba Hollywood con una cierta fascinación. Fue al volver sobre algunas de sus interpretaciones, en especial Niágara, Bus Stop y Vidas rebeldes, cuando empecé a descubrir a la actriz que había detrás de aquel personaje que parecía condenado a ser siempre la rubia ingenua y sensual.

Con los años también ha cambiado mi manera de mirar a Marilyn. Ya no resulta posible separar su éxito de la maquinaria que convirtió su cuerpo, su imagen y su vida privada en parte del espectáculo. Y quizá por eso me interesaba tanto acercarme a una novela que no se limita a contar la historia de Marilyn Monroe, sino que intenta recuperar a Norma Jeane, la mujer que quedó atrapada detrás del mito.

Norma Jeane detrás de Marilyn Monroe

Los caballeros las prefieren muertas no pretende limitarse a reconstruir la biografía de Marilyn Monroe. Carmen Moreno utiliza su vida para acercarse a una mujer atrapada entre Norma Jeane y Marilyn, entre lo que quería ser y lo que los demás necesitaban que fuese.

La novela reconstruye sus relaciones con los hombres que pasaron por su vida y convierte esas relaciones en una forma de explorar el poder, la posesión y la violencia ejercidos sobre una mujer cuya fama terminó convirtiéndose también en una forma de vulnerabilidad.

La infancia marcada por el abandono, el miedo y la inseguridad, junto con la necesidad de afecto que acompañó a Marilyn durante buena parte de su vida, forman parte de este retrato. Moreno no reduce a su protagonista a esas circunstancias, sino que las incorpora a la complejidad de una mujer que intentó encontrar su lugar en un mundo que ya había decidido quién debía ser.

Y esa diferencia entre Marilyn y Norma Jeane resulta esencial. Marilyn fue una construcción. Norma Jeane era la mujer que quedaba cuando desaparecían los focos, los vestidos, las fotografías y el personaje que Hollywood necesitaba vender.

Los hombres y el poder de Hollywood

Carmen Moreno estructura la novela a partir de distintos episodios de la vida de Marilyn y de los hombres que la acompañaron. El diálogo ficticio con un periodista que aparece en cada capítulo permite acercarnos a sus pensamientos y funciona como contrapunto a los acontecimientos narrados.

Lo interesante no es únicamente descubrir quiénes fueron aquellos hombres, sino observar qué posición ocupaban frente a Marilyn y qué podían hacer con ella. Las relaciones sentimentales se mezclan así con las relaciones de poder y con una industria cinematográfica que convirtió su cuerpo y su imagen en mercancía.

El Hollywood que aparece en estas páginas está muy lejos del escenario luminoso que durante décadas nos vendieron. Detrás del glamour hay contratos, intereses, manipulación, relaciones desiguales y una industria que sabía convertir a una mujer en producto y después podía desecharla cuando dejaba de responder a las expectativas.

Marilyn fue deseada mientras resultó útil como objeto de deseo. Pero cuando quiso demostrar que era mucho más que eso, las cosas cambiaron.

Y esta es una de las cuestiones que más me interesan de la novela. No estamos solo ante la historia de una actriz que sufrió en sus relaciones sentimentales. Estamos ante el retrato de una mujer que intentó encontrar un lugar propio dentro de una maquinaria que había decidido por adelantado quién debía ser.

Marilyn Monroe, mucho más que un icono

Marilyn quiso demostrar que era una actriz. No quería limitarse a ser Marilyn Monroe. Basta volver a algunas de sus películas para comprobar que aquella rubia «ingenua» tenía recursos interpretativos muy alejados del estereotipo que se construyó sobre ella. Bus Stop es un buen ejemplo. También lo es Vidas rebeldes, la última película que Marilyn completó.

Allí la actriz ya no es solamente el icono sexual que Hollywood había fabricado. Hay fragilidad, dolor, inteligencia y una capacidad para transmitir emociones que hacen todavía más difícil aceptar la reducción de su figura a unas pocas fotografías y escenas convertidas en iconos. Por eso me interesa que Los caballeros las prefieren muertas no se quede en la fascinación por Marilyn ya que la novela intenta devolverle humanidad.

Y esa humanidad también pasa por sus contradicciones. Por sus deseos, sus errores, sus miedos y su necesidad de sentirse querida. Moreno no construye una santa ni una víctima perfecta. Construye un personaje literario a partir de una mujer real cuya vida conocemos a través de innumerables relatos, fotografías, biografías y mitificaciones.

Aquí resulta importante recordar que estamos ante una novela y no ante una biografía convencional. Carmen Moreno parte de la vida de Marilyn y transforma ese material en ficción para aproximarse a su intimidad.

Una novela para mirar de nuevo a Marilyn

La elección del título tampoco es casual. Los caballeros las prefieren muertas contiene ya una declaración de intenciones. La frase remite a la lógica de una sociedad que acepta a las mujeres mientras permanecen dentro del papel que se les ha asignado y que puede sentirse amenazada cuando empiezan a reclamar autonomía.

Marilyn murió en 1962, pero el personaje construido alrededor de su muerte continúa vivo. Quizá esa sea una de las mayores tragedias de su historia: incluso después de morir, siguió perteneciendo a los demás.

Carmen Moreno intenta romper ese proceso de apropiación devolviendo la atención a Norma Jeane. No para negar a Marilyn, porque Marilyn también formaba parte de ella, sino para recordar que detrás del icono había una mujer con deseos, inteligencia, miedo y una enorme necesidad de afecto.

He disfrutado muchísimo de esta lectura, aunque decir que la he disfrutado resulta casi insuficiente porque también ha sido una lectura dolorosa. Conocemos el final antes de comenzar y eso hace que cada episodio esté atravesado por una sensación de fatalidad. Sabemos hacia dónde conduce la historia y, aun así, seguimos esperando que en algún momento aquella mujer consiga encontrar un espacio en el que pueda ser solo ella misma. No lo encontrará.

Quizá por eso Los caballeros las prefieren muertas funciona mejor cuando dejamos de mirar a Marilyn como mito y empezamos a mirarla como mujer. Carmen Moreno no pretende que olvidemos a la rubia que Hollywood convirtió en icono. Pretende que recordemos a Norma Jeane, a la actriz que quiso ser reconocida por algo más que su cuerpo y a la mujer que pasó buena parte de su vida buscando el amor y la aceptación que nunca terminó de encontrar.

Una gran novela y una lectura que me ha hecho volver a mirar a Marilyn Monroe con otros ojos.


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