Monstruosas, publicada por Tinta Púrpura Ediciones, es una antología formada por diez relatos escritos por diez autoras españolas de género. Diez historias que parten de criaturas femeninas vinculadas a la mitología, el folclore y la tradición fantástica para plantear algo que, en principio, parece sencillo, pero que tiene bastante más recorrido: ¿qué convierte a una mujer en monstruosa?
La respuesta no es la misma en todos los relatos. Y ahí está una de las cosas que más me han gustado del libro.
No estamos ante diez historias que repiten una misma fórmula. Cada autora se acerca a su criatura desde un lugar diferente y utiliza la fantasía, el terror, el noir o el folclore para construir historias muy distintas entre sí.
Diez autoras, diez monstruas
La antología comienza con Lamia, de Cristina Jurado, y continúa con Espuma de color lavanda, de Covadonga González-Pola; Alas de viento, de Caryanna Reuven; La vida sabe, de Asun Blanco Cobelo; Gorgoneion, de Gloria T. Dauden; La fealdad del río, de Mariela Pappas; Piel y sangre, de Patricia Macías; La piedra del dolor, de Lola Robles; La plañidera, de Cristina del Toro, y La envainadora de carne, de Amparo Montejano.
El recorrido es muy variado. Aparecen criaturas y figuras procedentes de diferentes tradiciones y cada autora decide cuánto quiere acercarse al mito original y cuánto quiere transformarlo.
Y precisamente ahí está el juego de la antología: reconocer a algunas de estas mujeres y descubrir qué han hecho con ellas.
Porque las monstruas de Monstruosas no están aquí para desempeñar el papel que se les ha asignado durante siglos.
La monstruosidad también depende de quién mira
Hay algo interesante que atraviesa el conjunto: la fealdad femenina no aparece solo como una cuestión física. La monstruosidad tiene que ver con la mirada de los demás, con aquello que una sociedad considera aceptable y con las mujeres que se salen de ese espacio. Durante siglos, muchas figuras femeninas de la mitología han sido convertidas en amenazas. Mujeres peligrosas, devoradoras, seductoras, vengativas o deformes. Los monstruos eran ellas.
Pero, ¿qué ocurre cuando dejamos de mirar desde el punto de vista de quien las teme? Eso es lo que hacen estas autoras. No necesitan convertir a sus protagonistas en mujeres buenas o agradables. Algunas siguen siendo inquietantes y otras conservan buena parte de aquello que las convierte en criaturas temibles. La diferencia es que ahora tienen voz. Y cuando una monstruosa puede contar su propia historia, la historia cambia.
Una edición que me ha sorprendido
Tengo que reconocer que una de las cosas que más me ha gustado de esta edición de Tinta Púrpura son las ilustraciones.
Cada una de las criaturas aparece representada como si fuera una muñeca recortable, con diferentes prendas para vestirla. Pero no son vestidos pensados para convertirlas en personajes bonitos o delicados. Son sus ropas, sus armas, sus atuendos de calle, sus elementos para enfrentarse al mundo.
Me parece un detalle muy divertido y, al mismo tiempo, muy coherente con la propuesta de la antología.
Estamos acostumbrados a que las mujeres de los cuentos, las leyendas y la fantasía tengan que ser hermosas incluso cuando son peligrosas. Aquí ocurre lo contrario. Las protagonistas pueden ser feas, inquietantes, deformes o desagradables y no necesitan que nadie las arregle.
Son monstruas. Y están estupendas así.
Además, ese pequeño juego de los recortables aporta una personalidad especial al libro. Es uno de esos detalles que hacen que una edición se recuerde.
Y después está la ficción sonora
La experiencia no termina cuando cerramos el libro. La antología incorpora códigos QR que permiten acceder a las versiones dramatizadas de los relatos en ficción sonora. Y aquí hay que destacar el trabajo que hay detrás, porque no estamos ante una simple lectura de los cuentos.
Los relatos están interpretados por actores, pertenecientes al podcast de Noviembre Nocturno, acompañados de música y ambientación sonora. La producción tiene una calidad muy alta y consigue que las historias adquieran otra dimensión.
Escuchar una voz interpretando a una criatura monstruosa cambia la relación con el texto. La música crea atmósfera, las voces aportan matices y algunos pasajes adquieren una fuerza diferente cuando dejan de estar únicamente en la página.
Me parece una idea estupenda para una antología de estas características. La fantasía y el terror tienen mucho que ganar cuando entran en juego la voz, la música y los sonidos.
Y el hecho de que podamos acceder a las ficciones sonoras mediante un QR incluido en el libro hace que la edición tenga un componente interactivo que no esperaba encontrar y que he disfrutado.
Las voces que forman Monstruosas
Monstruosas es también un proyecto colectivo más allá de las diez autoras que firman los relatos. La antología está coordinada por Covadonga González-Pola y Cristina del Toro y cuenta con un prólogo de Sangre Fucsia, colectivo responsable del podcast feminista que estuvo en el origen de la propuesta. Su programa dedicado a las «bellas monstruas» fue precisamente el punto de partida de una antología que plantea una mirada distinta sobre aquellas criaturas femeninas condenadas por la tradición a ocupar el lugar de lo terrible, lo feo o lo abyecto.
A esta dimensión colectiva se suma la audioficción. Cada relato cuenta con una versión dramatizada en la que intervienen Noviembre Nocturno («Lamia» de Cristina Jurado y «La fealdad del río», de Mariela Pappas), June Curiel («Espuma de color lavanda» de Covadonga González Pola y «Piel y sangre» de Patricia Macías), Vicente Gil («Alas del viento» de Caryanna Reuven y «La piedra del dolor» de Lola Robles), Carlos Tolmo(«La vida sabe» de Asun Blanco Cobelo y «La plañidera» de Cristina del Toro) y Mili V. Quintana («Gorgoneion» de Gloria T. Dauden y «La envainadora de carne» de Amparo Montejano).
No se trata de un añadido anecdótico, sino de otra forma de acercarse a las historias: las voces introducen una dimensión interpretativa que permite escuchar a estas monstruas además de leerlas. La propuesta amplía así la experiencia de la antología y refuerza su carácter de obra concebida para ser disfrutada desde distintos lenguajes.
Entre las páginas y las voces queda, por tanto, una idea que resume bien el espíritu de Monstruosas: aquí las criaturas no necesitan ser redimidas ni transformadas para resultar admirables. Son monstruosas, y desde esa condición reivindican su lugar, su fuerza y su propia historia.
Lo que más me ha gustado de Monstruosas
Creo que lo mejor de Monstruosas es que no intenta ofrecernos una única respuesta sobre qué significa ser una mujer monstruosa. Cada relato aporta la suya.
Algunas historias parten de figuras mitológicas que conocemos; otras nos llevan hacia criaturas y leyendas menos familiares. Algunas buscan inquietar, otras juegan con nuestras expectativas y otras utilizan la monstruosidad para hablar de cuestiones que están mucho más cerca de nosotros de lo que parece. Y eso hace que la lectura resulte variada.
En una antología es inevitable que algunos relatos nos lleguen más que otros. A mí me interesa esa posibilidad: terminar un cuento y quedarme pensando en él, encontrar otro que me sorprenda por completo y llegar al siguiente sin saber muy bien qué me voy a encontrar. Monstruosas funciona bien en ese sentido.
Una antología para quienes disfrutan de los monstruos
No hace falta conocer todas las criaturas que aparecen en el libro para disfrutarlo. De hecho, descubrir algunas de ellas forma parte del viaje. Lo que sí hace falta es cierta curiosidad por mirar la mitología desde otro ángulo y dejar de dar por sentado que conocemos la historia porque ya nos la han contado muchas veces.
Las monstruas de esta antología no necesitan que las rescatemos. Necesitan que las escuchemos.
Y quizá esa sea la mejor razón para acercarse a Monstruosas: porque detrás de cada criatura hay una historia que merece ser contada y porque, después de leer estos diez relatos, quizá algunas de esas mujeres que durante siglos hemos llamado monstruosas ya no nos parezcan tan fáciles de clasificar.
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