Giulia Toffana ha llegado hasta nosotros rodeada de veneno, leyenda y controversia. Para unos fue la primera asesina en serie de la historia; para otros, una mujer que utilizó sus conocimientos para ayudar a otras mujeres atrapadas en matrimonios violentos de los que no podían escapar. Después de leer La Toffana, de Vanessa Montfort, me resulta difícil quedarme con una sola de esas dos imágenes.
Y creo que ese es uno de los mayores aciertos de la novela.
Vanessa Montfort parte de un personaje histórico sobre el que apenas existe documentación y utiliza esos vacíos para reconstruir su historia. No estamos ante una biografía de Giulia Toffana, sino ante una novela que imagina qué pudo haber detrás de una mujer cuyo nombre quedó ligado para siempre al Acqua Toffana, el famoso veneno que, según la tradición, utilizaban las mujeres para librarse de sus maridos.
La historia comienza en Roma, en 1658. Giulia, su hija Gironima Carrozzi, conocida como la Astróloga de la Lungara, y Giovanna De Grandis, antigua prostituta y amiga de Giulia, son detenidas por el Santo Oficio después de abandonar el convento que les había dado refugio.
El encargado de investigar el caso será Stefano Bracchi, un joven inquisidor que ve en aquella investigación una oportunidad para ascender dentro del Vaticano.
Y aquí comienza una historia que mezcla novela histórica, suspense judicial y, sobre todo, una mirada muy dura hacia la situación de las mujeres.
Una mujer que decidió ayudar a otras mujeres
Lo que más me ha interesado de Giulia Toffana es que Vanessa Montfort no intenta convertirla en una heroína. Tampoco la presenta como un monstruo. La coloca en medio de una contradicción que resulta muy incómoda: Giulia mata.
Pero ¿qué clase de sociedad es aquella en la que una mujer maltratada no tiene ninguna posibilidad de escapar de su marido? ¿Qué puede hacer una joven obligada a casarse a los catorce años con un hombre que le dobla o triplica la edad? ¿Qué opciones tiene cuando depende de él para sobrevivir y cuando las leyes, la familia y la religión están del lado del marido?
Son preguntas que recorren toda la novela.
Giulia ha vivido de cerca el sufrimiento de las mujeres y, tras la muerte de su madre, decide dedicar su vida a ayudarlas. El secreto familiar que lleva consigo hasta Roma es el Acqua Toffana, una fórmula cuya sola mención terminará provocando terror.
Y ahí aparece la gran contradicción de la novela: las mujeres que recurren a Giulia están cometiendo un crimen, pero antes han sido víctimas de otro crimen que la sociedad parece dispuesta a ignorar.
Es difícil leer algunas de estas situaciones sin sentir rabia.
El maltrato está descrito desde una perspectiva que obliga a pensar en lo indefensas que estaban aquellas mujeres. No tenían independencia, no tenían recursos y, en muchos casos, tampoco tenían a quién acudir. Su vida pertenecía al padre antes del matrimonio y al marido después.
Lo que hoy reconocemos como violencia de género podía quedar reducido entonces a un asunto doméstico.
Y eso es, quizá, mucho más aterrador que el propio veneno.
La Roma de Vanessa Montfort
Otro de los aspectos que más he disfrutado es la recreación de la Roma del siglo XVII.
La autora no se limita a colocar la historia en Roma. La construye. Los edificios, las calles, los palacios, los conventos y los espacios por los que pasan los personajes permiten imaginar una ciudad que vive un momento de enorme esplendor.
Pero es una ciudad llena de contrastes.
Está la Roma monumental, la de las iglesias y los grandes edificios, la del poder papal y los palacios de los cardenales. Y está la otra Roma, la de las calles, la pobreza, la prostitución, la enfermedad y la violencia.
Esa diferencia se percibe durante toda la novela y consigue que el escenario tenga tanta importancia como los personajes.
La Roma de La Toffana es hermosa y terrible a la vez.
El arte y las contradicciones de una época
Montfort aprovecha también el extraordinario momento artístico que vive Roma. El Barroco está transformando la ciudad y el arte forma parte de la vida de sus habitantes.
Las referencias a Caravaggio y Velázquez ayudan a situar al lector en ese periodo de enorme riqueza cultural. Me ha gustado que el arte no aparezca como un simple adorno histórico, sino como otra forma de mostrar las contradicciones de la época. Resulta paradójico contemplar una sociedad capaz de producir tanta belleza mientras mantiene a una parte de su población sometida a unas condiciones de vida terribles.
Los palacios, las iglesias, las pinturas y la magnificencia de Roma pertenecen al mismo mundo que los matrimonios impuestos, los malos tratos y la indefensión de las mujeres. La belleza y la crueldad conviven.
El poder de la Iglesia y la hipocresía
Y si hay algo que la novela deja claro es que el poder no siempre tiene mucho que ver con la moral que predica. Los cardenales, las autoridades eclesiásticas y quienes rodean al Vaticano aparecen inmersos en luchas de poder, intereses políticos y ambiciones personales. La religión se mezcla con la política y la influencia.
Hay una buena dosis de falsedad en ese mundo. Me ha resultado interesante el retrato de esa doble moral que plantea Vanessa Montfort: quienes juzgan, condenan y persiguen a las mujeres por sus actos no están libres de intereses ni de comportamientos cuestionables.
La institución que pretende decidir qué es pecado y qué es virtud está formada por hombres que también tienen sus propias ambiciones. Y mientras ellos disputan poder, las mujeres siguen sin tenerlo.
Ese contraste está muy bien conseguido.
Tres mujeres que se niegan a aceptar su destino
Giulia no está sola. Gironima y Giovanna tienen un peso importante en la historia y contribuyen a construir ese universo femenino que sostiene la novela.
Son personajes que generan empatía porque no están dibujados como figuras perfectas. Tienen contradicciones, miedo, deseos y errores. Son mujeres que han aprendido a sobrevivir en un mundo que les ofrece muy pocas opciones.
La relación entre ellas es también una de las partes que más me han interesado. Existe entre estas mujeres una forma de solidaridad que nace de compartir una misma realidad. No necesitan pertenecer a la misma clase social ni tener la misma historia para comprender que están luchando contra algo que las supera.
Y el secreto que pasa de una generación a otra convierte esa relación en algo más que una alianza. Es una herencia peligrosa, pero también una forma de resistencia.
Una investigación que mantiene la tensión
El personaje de Stefano Bracchi introduce el componente de suspense judicial. Su investigación sobre Giulia y las otras mujeres permite que la novela avance mientras vamos descubriendo qué hay detrás de la historia del Acqua Toffana.
Pero, para mí, el interés no está solo en descubrir quién hizo qué. Lo que importa es entender por qué. Y Vanessa Montfort consigue que esa pregunta pese más que el propio misterio. Porque cuanto más conocemos a estas mujeres y la sociedad en la que viven, más difícil resulta juzgar sus decisiones desde la comodidad de nuestro presente.
¿Asesina o justiciera?
Esta es la pregunta que acompaña toda la novela.
Giulia Toffana puede ser vista como una asesina. Lo fue. Sus acciones provocaron muertes y no creo que la novela pretenda ocultarlo. Pero también puede entenderse como una mujer que decidió intervenir allí donde las instituciones no lo hacían. Y entre ambas imágenes existe toda la novela.
No creo que Vanessa Montfort quiera que el lector salga de La Toffana con una respuesta sencilla. Más bien nos obliga a mirar a Giulia y a su época antes de emitir un juicio. Eso es lo que más me ha gustado.
La novela habla de venenos, asesinatos e inquisidores, pero debajo de todo eso hay una historia sobre la indefensión de las mujeres, sobre el maltrato, sobre la hipocresía de las instituciones y sobre la violencia que se ejerce cuando alguien tiene el poder de decidir sobre la vida de los demás.
Y también habla de algo que, aunque nos parezca lejano, no lo es tanto: la imposibilidad de escapar.
Eso es lo que más me ha hecho pensar durante la lectura. No tanto el veneno ni la leyenda de la primera asesina en serie, sino la situación de aquellas mujeres que no tenían ninguna salida. No es venganza es liberación.
Vanessa Montfort consigue recuperar a Giulia Toffana desde los pocos datos que han sobrevivido y convertirla en un personaje complejo, contradictorio y humano. Una mujer que puede despertar rechazo por sus actos y, al mismo tiempo, empatía por las circunstancias que la rodearon.
La Toffana es una novela histórica muy bien ambientada, con personajes sólidos, una trama de suspense que mantiene el interés y una recreación de la Roma del siglo XVII que permite entrar en una época fascinante y terrible.
Pero, por encima de todo, me quedo con la pregunta que deja su protagonista: cuando una sociedad no protege a las víctimas, ¿qué ocurre cuando alguien decide hacerlo por su cuenta?
Quizá por eso Giulia Toffana sigue resultando una figura tan incómoda después de tantos siglos.
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