Juan Ramón Biedma ha estado escribiendo una narrativa durante años que es difícil de clasificar en una sola categoría. Sus novelas son noir, históricas, fantásticas y tienen un gusto por los rincones más oscuros de la condición humana. En Crisanta, todos estos elementos se unen en Sevilla, en los primeros días de la Guerra Civil, cuando una investigación criminal debe combinarse con el ocultismo, la violencia política y lo sobrenatural.

Crisanta fue galardonada con el Premio VLC Negra a la Mejor Novela y el Premio Celsius 2024 en 2023 por Alianza Editorial. Los premios son un buen comienzo para una novela, pero lo que me interesó es la novela detrás de ellos: una gran historia ambiciosa con muchas líneas y una atmósfera que te mantiene en suspenso.

Tenía grandes expectativas de Crisanta, sobre todo después de leer El sonido de tu cabello, una novela con la que Biedma ganó el XXI Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones, así que la comencé y no solo cumplió con esas expectativas, sino que me llevó por un camino que no esperaba. Desde las primeras páginas, veo que hay una Sevilla, la Sevilla del miedo, los secretos y la muerte, y la sensación de que hay algo en el corazón del personaje que aún no conocemos.

Una búsqueda entre los escombros de la guerra

Estamos en Sevilla en octubre de 1936. La ciudad está bajo el control de los rebeldes, y la represión es parte de la vida diaria. En este entorno, conocemos a Crisanta, una mujer que vende objetos religiosos saqueados durante la guerra, que intenta escapar de España antes de que sea demasiado tarde.

Pero hay una misión que podría darle la salida que necesita: localizar un antiguo tríptico atribuido a Jan van Eyck, desaparecido durante el saqueo. Si lo encuentra y lo lleva a la frontera, podría obtener ayuda para cruzar. Y sus propias herramientas de adivinación le dicen que no se adentre en esto.

A partir de ahí, la búsqueda del tríptico se complica más. Crisanta termina entrando en mansiones sevillanas, hospitales y sociedades espiritistas. También aparecen asesinatos rituales, presencias difíciles de entender y secretos de antaño. La novela se adentra en un territorio donde la investigación criminal y lo sobrenatural no son dos caras de la misma moneda.

Y Biedma hace algo que considero importante: lo fantástico no es el centro de la historia como un mero adorno. Es parte de ella. La guerra ya ha llevado la realidad a lugares imposibles de imaginar, y en una ciudad donde la muerte está presente en todo momento, quizás los fantasmas no sean lo peor.

Crisanta, una protagonista poco convencional

Crisanta es uno de los mejores atractivos de la novela. No se nos presenta como una heroína perfecta o un personaje creado desde el primer momento para que el lector la admire. Es una mujer que ha aprendido a sobrevivir sola y sabe que para ella confiar en alguien más es un gran error.

Su relación con el péndulo y las prácticas adivinatorias añade un elemento inusual, pero no es lo que define al personaje. Crisanta es mucho más simple: quiere escapar. Y, para hacerlo, tiene que tomar decisiones difíciles y sufrir las consecuencias.

Me gusta que Biedma no convierta esa habilidad de supervivencia en una especie de superpoder. Crisanta tiene miedo, comete errores y se mueve en un mundo donde otros establecen las reglas. Su fortaleza es avanzar a pesar de todo.

A su alrededor hay personas que añaden otra perspectiva a la narrativa. Juan Serrador, el ex capellán de la Legión, está involucrado en una operación secreta para asegurar la supervivencia de un político republicano. Alberto Chacón Carter está al frente de la Sociedad de Médiums Sevillana y continúa su investigación mientras la represión se extiende por toda la ciudad. Manuel Díaz Mayordomo es el otro lado del poder: el que usa la violencia como una forma de control.

Sus historias terminan cruzándose. Y con cada cruce, la perspectiva desde la que vemos la guerra, la religión, el poder y la muerte también cambia.

Sevilla en 1936

La recreación de Sevilla en Crisanta es una de las fortalezas de la ciudad. La ciudad no está allí solo para ambientar la acción. Sus calles, edificios, hospitales y espacios ocultos dan forma a lo que sucede y contribuyen a esa sensación de amenaza que recorre toda la novela.

Biedma se aleja de los grandes frentes de batalla y lleva la guerra a la retaguardia. El miedo está en las casas, en conversaciones que se detienen cuando aparece alguien desconocido, en personas que desaparecen y en la necesidad de medir cada palabra. La represión no es un evento aislado: es parte de la vida diaria.

También tiene la Sevilla que aún conserva sus tradiciones, edificios religiosos y creencias, pero todo ha cambiado. Es reconocible y al mismo tiempo extraña. Es uno de esos lugares que terminan teniendo tanto peso en la historia que es difícil imaginar trasladarla a otro lugar.

¿Qué hay entre el noir y la historia de fantasmas?

Decir que Crisanta es una novela noir sería quedarse corto. Hay una investigación y hay crímenes, pero Biedma también introduce elementos de novela histórica, de terror y de literatura fantástica.

Las sociedades espiritistas, las prácticas mediúmnicas y los fenómenos que no tienen explicación racional acercan la novela más a una historia de fantasmas. También hay influencias del cine de los años 30 y de las sociedades esotéricas británicas del siglo XIX en ese sentido y otras cosas también.

Lo interesante es que estos elementos no parecen pertenecer a novelas diferentes. La investigación lleva a lo sobrenatural, y el contexto histórico hace que esa mezcla se sienta natural. En una ciudad tan acostumbrada a la muerte, un fantasma no parece ser tan imposible como podría parecer.

Biedma tampoco tiene interés en responder cada misterio. Algunas preguntas quedan abiertas, y en este caso, creo que es una buena decisión. Parte del encanto de la novela está en no saber dónde termina lo real y comienza lo inexplicable.

Una narrativa con múltiples voces.

La novela se construye a partir de diferentes personajes y líneas argumentales. El enfoque cambia, y la historia se mueve de un lugar a otro en Sevilla. Hay que prestar atención porque hay muchas piezas en juego, pero esta estructura permite una realidad mucho más amplia de la que veríamos solo a través de Crisanta.

Los cambios de escena son necesarios para mantener la narrativa en marcha y al mismo tiempo introducir algunos aspectos de esa Sevilla. Están aquellos que intentan escapar, los que quieren protegerse y los que han decidido aliarse con la violencia.

El ritmo se sostiene con descubrimientos, amenazas y revelaciones. Biedma no entrega todas las respuestas de una vez y se asegura de que cada descubrimiento tenga alguna consecuencia para lo que viene después.

A veces, la secuencia de escenas y los cambios de perspectiva son similares a la edición cinematográfica. Hay muchas imágenes visuales y situaciones que puedes imaginar en una pantalla. No me sorprendería que una historia como esta genere mucho interés para una adaptación.

Una novela difícil de clasificar

Crisanta es ambiciosa y oscura, pero sobre todo, una novela que no se conforma con jugar dentro de un solo género. Juan Ramón Biedma mezcla noir, ficción histórica y lo fantástico y utiliza Sevilla en 1936 como escenario para una historia en la que los fantasmas coexisten con una violencia mucho más real. Crisanta es un personaje que funciona porque no tiene que ser una heroína extraordinaria. Ella intenta sobrevivir y escapar y en ese esfuerzo aprende que salir de tal situación nunca es tan simple como parece.

La construcción de Sevilla por Biedma también deja una marca. Las calles, los hospitales, los edificios abandonados y los espacios relacionados con el espiritismo se convierten en parte de la memoria de la novela una vez que la atravesamos.

Crisanta es una de las mejores novelas de Juan Ramón Biedma, y muy buena para el lector que disfruta de las novelas de crimen, pero no necesita que todas las historias encajen. Y hay investigación, historia, horror, fantasía y una ciudad y personajes que hacen que todas estas cosas se unan.

Juan Ramón Biedma

Juan Ramón Biedma nació en 1962 en Sevilla. Estudió Derecho y ha desarrollado su carrera en muchas áreas de gestión de emergencias, publicación, radio, guion y crítica cinematográfica.

Entre sus novelas se encuentran El manuscrito de Dios, El espejo del monstruo, El imán y la brújula, Humo en la botella, Anti-resurrección, Tus magníficos ojos vengativos cuando todo haya pasado (reeditada como Londres, 1891), La lluvia en la mazmorra, El sonido de tu cabello, Crisanta y El club de los primogénitos.

También ha recibido el Premio Hammett, el Premio NOVELPOL, el Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones, y el Premio VLC Negra a lo largo de su carrera. Crisanta ganó el Premio Celsius 2024, otorgado durante la Semana Negra de Gijón.