Dentro de la narrativa criminal española contemporánea, Marta Robles ha consolidado una trayectoria vinculada a la novela negra y a personajes que se mueven en territorios donde la violencia, el poder y las contradicciones humanas terminan entrelazándose. Amada Carlota, publicada por Espasa en 2025, es la cuarta novela protagonizada por Tony Roures, el detective y antiguo corresponsal de guerra que ya apareció en A menos de cinco centímetros, La mala suerte y La chica a la que no supiste amar.

En esta ocasión, Roures se enfrenta a un caso que afecta de lleno a Carlota Aguado, jueza y mujer con la que mantiene una relación sentimental. Carlota necesita averiguar qué ocurrió con la hija que le fue arrebatada después de nacer, una historia que conduce hasta una clínica clandestina y hasta una parte especialmente oscura de la historia reciente de España.

El punto de partida sitúa la novela en uno de los episodios más dolorosos de nuestro pasado: el robo de bebés y las redes de poder que permitieron que determinadas prácticas sobrevivieran durante décadas. Pero Marta Robles no se limita a reconstruir una investigación criminal. A través de distintas épocas, personajes y conflictos, plantea también una reflexión sobre la violencia ejercida contra las mujeres, el abuso de poder y las consecuencias que determinadas decisiones pueden arrastrar durante generaciones.

De qué trata Amada Carlota

La novela se mueve entre el presente y diferentes momentos del pasado. Carlota Aguado, una jueza de carácter fuerte, recurre a Tony Roures para descubrir qué ocurrió con la hija que le arrebataron después de dar a luz. La investigación conduce hasta una clínica clandestina y hacia una historia familiar relacionada con las élites del franquismo.

A partir de ahí, la novela amplía el foco. El pasado de Carlota se reconstruye mediante distintas voces y documentos, mientras Roures continúa investigando y aparecen otras formas de violencia y abuso vinculadas al poder masculino. Una de las subtramas conduce hasta un caso de abusos sexuales en el ámbito universitario, que establece un paralelismo con los mecanismos de sometimiento presentes en la historia principal.

La estructura permite que los acontecimientos individuales terminen adquiriendo una dimensión colectiva. Lo que le ocurrió a Carlota no aparece como un episodio aislado, sino como parte de una historia de silencios, privilegios y violencia que conecta distintas generaciones.

Una novela negra que mira hacia el pasado

Uno de los mayores aciertos de Amada Carlota está en utilizar los mecanismos de la novela negra para acercarse a una realidad histórica que todavía conserva heridas abiertas.

La investigación de Roures funciona como hilo conductor, pero el verdadero interés de la novela está en aquello que va descubriendo detrás del caso. Marta Robles combina intriga, denuncia social y memoria histórica sin convertir la narración en un ensayo disfrazado de novela. La trama permite que la información aparezca de forma progresiva y que el lector vaya reconstruyendo las conexiones entre los personajes y los diferentes periodos temporales.

El pasado franquista no aparece como un simple decorado histórico. Sus consecuencias alcanzan al presente y afectan a personajes que han construido su vida sobre secretos que nunca llegaron a resolverse. La novela plantea así una cuestión incómoda: qué ocurre cuando una sociedad decide mirar hacia otro lado y qué precio pagan quienes fueron víctimas de esa decisión.

La historia de los bebés robados constituye el núcleo más perturbador de la novela. Robles parte de una realidad histórica para construir una ficción que pone el foco en quienes sufrieron aquella violencia y en las estructuras de poder que hicieron posible que permaneciera oculta durante tanto tiempo.

Tony Roures, un detective marcado por su pasado

Amada Carlota también supone un paso más en la evolución de Tony Roures. No estamos ante un investigador joven construido a partir de los tópicos habituales del género. Roures es un hombre maduro, antiguo corresponsal de guerra, curtido por sus experiencias y con una personalidad que combina dureza, ironía y una evidente vulnerabilidad.

En esta novela, además, su implicación emocional con Carlota modifica la manera en que afronta la investigación. Ya no se trata únicamente de resolver un caso. Está intentando ayudar a una mujer a reconstruir una parte de su propia identidad.

Ese componente personal aporta profundidad al personaje y permite que Roures deje de ser únicamente el detective que conduce la trama. Su relación con Carlota introduce una dimensión emocional que se desarrolla al mismo tiempo que la investigación.

Carlota, por su parte, no funciona como una simple víctima que espera ser rescatada. Su condición de jueza, su carácter y la necesidad de conocer su propia historia la convierten en uno de los personajes centrales de la novela. El misterio que intenta resolver no pertenece únicamente al pasado: afecta a quién es y a la manera en que ha construido su vida.

Estructura, ritmo y construcción de la intriga

La novela alterna diferentes tiempos y líneas narrativas. Este recurso permite ampliar progresivamente la información y construir conexiones entre acontecimientos separados por décadas.

La estructura es ambiciosa y obliga al lector a prestar atención a los personajes y a sus relaciones. En algunos momentos, esa amplitud juega a favor de la novela; en otros, puede producir cierta sensación de dispersión, sobre todo cuando las distintas tramas se alejan del conflicto central.

Es uno de los puntos que, a mi juicio, pueden generar opiniones distintas entre los lectores. Amada Carlota no busca únicamente mantener la velocidad de una investigación policial. La narración se detiene en las historias personales y en las consecuencias emocionales de los hechos, por lo que el ritmo no siempre responde a los patrones del thriller más convencional.

Precisamente por eso, no la definiría como un thriller psicológico centrado en relaciones destructivas, como hacía mi valoración anterior. La novela tiene una dimensión psicológica importante, pero su centro está en la investigación criminal, la memoria, el abuso de poder y las consecuencias de una violencia que atraviesa varias generaciones.

El estilo de Marta Robles

La prosa de Marta Robles apuesta por la claridad y por una narración accesible. La autora no necesita cargar el texto de artificios para construir tensión y utiliza con eficacia los diálogos, los cambios temporales y la dosificación de la información.

Uno de los elementos que más peso adquiere es la capacidad para manejar un número considerable de personajes, épocas y escenarios sin perder por completo el hilo de la investigación. La novela combina momentos de tensión con pasajes más centrados en la vida interior de los personajes.

En ocasiones, algunas emociones quedan demasiado explicadas y el texto confía menos de lo que podría en la capacidad del lector para interpretar determinados gestos o comportamientos. Es un aspecto que puede restar sutileza a algunos pasajes, aunque también contribuye a que la lectura resulte fluida y accesible.

La música tiene además una presencia significativa, vinculada sobre todo a Tony Roures y a la construcción de una atmósfera que conecta distintas épocas. No es un elemento ornamental: forma parte de la caracterización del detective y contribuye a crear el paisaje emocional de la historia.

Una historia incómoda

Lo más perturbador de Amada Carlota no procede únicamente de la investigación criminal. Son las circunstancias que rodean a los personajes y la constatación de que determinadas formas de violencia pueden prolongarse mucho más allá del momento en que fueron ejercidas.

La novela habla de mujeres a las que se les negó la posibilidad de decidir sobre sus propias vidas, de hijos separados de sus madres y de hombres que utilizaron su posición social para imponer su voluntad. También muestra cómo algunas de esas estructuras de poder encuentran nuevas formas de manifestarse en épocas posteriores.

Marta Robles establece así un diálogo entre diferentes formas de violencia. El vínculo entre la trama de los bebés robados y la investigación sobre abusos sexuales en el ámbito universitario amplía el alcance de la novela y evita que el conflicto quede encerrado en una única época.

¿Merece la pena leer Amada Carlota?

Sí, sobre todo si buscas una novela negra que vaya más allá de la resolución de un crimen.

Amada Carlota utiliza la investigación de Tony Roures para adentrarse en una parte incómoda de la historia reciente de España. Su mayor interés no está en ofrecer un thriller basado únicamente en giros y sorpresas, sino en conectar intriga, memoria y denuncia social.

No todo funciona con la misma intensidad. La amplitud de las tramas y los saltos temporales pueden ralentizar el ritmo en algunos momentos, y determinadas emociones quedan explicadas de una manera más directa de lo necesario. Sin embargo, la novela gana fuerza cuando consigue unir las diferentes historias y mostrar que los secretos del pasado no desaparecen porque una sociedad deje de hablar de ellos.

Para mí, uno de sus principales atractivos está en Tony Roures y en la relación que mantiene con Carlota. La investigación adquiere otra dimensión porque el caso no afecta a una desconocida, sino a una mujer a la que el detective ama.

Amada Carlota es, en definitiva, una novela negra de marcado componente social que utiliza un caso de bebés robados para hablar de poder, violencia, memoria e identidad. Una historia dura e incómoda que mira hacia un pasado que todavía proyecta su sombra sobre el presente.


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