El Golem Fest nació en 2018 con una vocación muy clara: convertir la fantasía, el terror y la ciencia ficción en protagonistas de un festival multidisciplinar abierto a la literatura, el cine, la ilustración, el cómic, los videojuegos y otras manifestaciones artísticas. Su primera edición se celebró del 7 al 9 de diciembre de aquel año en el Centre del Carme Cultura Contemporània, con más de sesenta actividades.
Desde entonces, el festival se ha convertido en una de las citas culturales que más me interesan de Valencia. Mi primer Golem Fest fue el de 2018 y aquella experiencia tuvo una consecuencia que todavía perdura: terminó llevándome también al Celsius 232. Pero, por encima de programas, invitados y actividades, aquel primer festival me dejó algo más importante: la sensación de haber encontrado un lugar en el que una lectora podía sentirse parte de una comunidad.
Y eso explica por qué, cuando llega un nuevo Golem Fest, para mí no acudir no es una opción.
Los comienzos del Golem Fest
El festival surgió de la iniciativa de la Asociación Cultural Golem Fest de Valencia y de un equipo vinculado a la literatura y a la gestión cultural. Entre sus impulsores estuvieron Susana Alfonso, agente literaria y promotora cultural; el escritor y diseñador Juan Miguel Aguilera; y José Luis Rodríguez-Núñez, fundador de BiblioCafé y profesor de escritura.
La intención era ambiciosa: situar Valencia y la Comunitat Valenciana en el mapa de la fantasía, el terror y la ciencia ficción y, al mismo tiempo, reivindicar unos géneros que durante demasiado tiempo han soportado una mirada condescendiente. El festival nació, además, con una voluntad abierta y multidisciplinar. No se trataba solo de hablar de libros, sino de mostrar la relación entre literatura, cine, series, videojuegos, cómic, ilustración y otras expresiones artísticas.
Aquella primera edición contó con nombres como Pilar Pedraza, José Carlos Somoza, Ian Watson o Fernando Marías. Pilar Pedraza recibió entonces el Golem de Honor, un reconocimiento a una trayectoria fundamental dentro de la literatura fantástica española.
El estreno tuvo una respuesta considerable. Hubo salas llenas y colas en algunos momentos, una señal de que Valencia contaba con un público dispuesto a responder a una propuesta de estas características.
Un festival que entiende los géneros como un territorio abierto
Una de las virtudes del Golem Fest ha sido siempre su capacidad para entender la fantasía, el terror y la ciencia ficción como territorios amplios. En sus programas conviven escritores, cineastas, ilustradores, profesores, artistas y profesionales procedentes de campos diferentes.
Las mesas redondas y encuentros con autores constituyen una parte esencial del festival, pero no son la única. A lo largo de sus distintas ediciones han tenido cabida talleres de escritura, proyecciones, exposiciones, actividades relacionadas con la ilustración y encuentros alrededor del cine y otras manifestaciones culturales.
He tenido la oportunidad de asistir a algunos de esos talleres y guardo un recuerdo especial de los impartidos por David Roas y Patricia Esteban Erlés. Son precisamente este tipo de actividades las que permiten que un festival literario deje de ser una sucesión de presentaciones y se convierta en un espacio de aprendizaje y conversación.
También está la posibilidad de encontrarse con los autores fuera de la formalidad de una presentación. Para una lectora, ese contacto tiene un valor que no siempre resulta fácil de explicar. La literatura deja durante unas horas de ser una actividad solitaria y se convierte en una experiencia compartida.
El Premio Golem Fest
Entre los momentos más esperados del festival se encuentra la entrega del Golem de Honor, un reconocimiento a una trayectoria vinculada a la cultura fantástica y a los géneros que definen el encuentro.
A lo largo de los años, el galardón ha distinguido a autores de la talla de Pilar Pedraza, Rosa Montero, Elia Barceló, José Carlos Somoza, José María Merino y Cristina Fernández Cubas, entre otros.
En la sexta edición, celebrada en 2024, el reconocimiento correspondió a Félix J. Palma. Su presencia junto a escritores consagrados como José María Merino, Carlos Aguilar o Julio Ángel Olivares reforzó una de las características del festival: la convivencia entre distintas generaciones y sensibilidades literarias.
Golem Fest 2024: una edición que resistió
La sexta edición del Golem Fest se celebró del 12 al 14 de diciembre de 2024 en el Auditori Joan Plaça del Jardín Botánico de Valencia. Llegaba después de un año especialmente complicado para la Comunitat Valenciana y en un contexto en el que sacar adelante una iniciativa cultural de estas características tenía todavía más mérito.
Para mí, además, era una edición a la que quería acudir. Desde aquel primer Golem Fest de 2018 habían pasado seis años y el festival se había convertido en uno de esos lugares en los que vuelves a encontrarte con personas con las que compartes una forma de entender la lectura.
La organización había experimentado cambios, aunque Susana Alfonso Codina continuaba al frente de la dirección y Miriam Alonso se incorporaba al equipo. También seguían vinculadas al festival Inés Barreda, en fotografía, y Mar Alfonso, en redes sociales.
El programa de 2024 volvió a reunir una representación amplia de la literatura fantástica, de terror y de ciencia ficción. Entre los participantes estuvieron Emilio Bueso, Carlos Aguilar, Ana G. Herráez, Jesús García Cívico, Covadonga González-Pola, Simón Delgado Luscombe, Raúl Sanz, Celia Cuenca, Félix J. Palma, Cassandra Ripoll, José María Merino, Martín Llade, Gemma Solsona, Salvador Bayarri, José A. Bonilla, Malenka Ramos, Rubén Cañuelo, Leonardo Cano, Laura Ponce y Elisa Rodbal, entre otros.
La programación también reflejó esa voluntad de ampliar las fronteras del festival. La presencia de Martín Llade con El misterio de Razumovski introducía una novela histórica de intriga, mientras que la escritora argentina Laura Ponce aportaba la dimensión internacional.
Uno de los momentos que recuerdo con especial interés fue la proyección de Huir, corto presentado por su guionista y director, Alejandro Pereira. La obra, codirigida por Kike Maíllo y protagonizada por Álvaro Cervantes y Elena Rivera, había sido ganadora de la IV edición de Audi Future Stories.
También hubo espacio para la ilustración, con una mesa dedicada a artistas como Medusa, donde además pudimos adquirir algunas de sus obras.
Hubo ausencias, entre ellas las de Pilar Pedraza y Julio Ángel Olivares, que no pudieron acudir por circunstancias ajenas a su voluntad. Pero las ausencias no consiguieron restar interés a una edición que volvió a demostrar la capacidad del festival para reunir a escritores y lectores alrededor de los géneros especulativos.
Lo que hace diferente al Golem Fest
Hay festivales literarios con programas excelentes. El Golem Fest tiene, además, algo que no aparece en una programación: comunidad.
Eso es lo que explica, en buena medida, que siga regresando.
En sus espacios coinciden escritores que ya forman parte del canon del fantástico español con autores que están empezando, lectores veteranos con personas que acaban de descubrir estos géneros, ilustradores, editores, cineastas y aficionados.
Y después están las conversaciones que no aparecen en el programa. El comentario después de una mesa, la recomendación de un libro, el encuentro casual con alguien conocido de una edición anterior. Incluso el cosplay y otras expresiones del fandom forman parte de ese carácter abierto que permite que cada asistente encuentre su propia manera de vivir el festival.
Para mí, esa dimensión comunitaria es tan importante como los nombres que aparecen en el cartel.
Valencia necesita su Golem Fest
Hay una cuestión que considero necesario plantear: este tipo de iniciativas culturales necesitan apoyo.
Un festival de estas características no se sostiene únicamente con entusiasmo. Detrás hay organización, desplazamientos, espacios, medios técnicos, comunicación, invitados y muchas horas de trabajo. Y cuando una iniciativa cultural consigue mantenerse durante varias ediciones pese a las dificultades, las instituciones deberían verlo como una inversión cultural y no como un gasto prescindible.
El Golem Fest nació con la intención de situar Valencia en el mapa de la fantasía, el terror y la ciencia ficción. Seis ediciones después, ha demostrado que existe público, que hay autores y profesionales capaces de llenar una programación y que existe una comunidad interesada en mantener vivo el encuentro.
La sexta edición contó con el apoyo de instituciones como la Generalitat Valenciana y la Universitat de València, además del Jardí Botànic y otras entidades colaboradoras. Pero la continuidad de un proyecto cultural requiere estabilidad y recursos.
Como lectora y asistente habitual, creo que debemos pedir que ese apoyo se mantenga y, cuando sea posible, aumente. No solo para que pueda celebrarse una nueva edición del Golem Fest, sino porque una ciudad que apuesta por la cultura también debe dar espacio a los géneros que durante décadas fueron considerados menores.
La fantasía, la ciencia ficción y el terror forman parte de nuestra literatura contemporánea. No necesitan permiso para ocupar ese espacio, pero sí necesitan instituciones que comprendan su valor cultural.
Volver al Golem Fest
Mi balance de aquella sexta edición no puede ser más positivo.
Volví a encontrarme con amigos, escuché a escritores que admiro, descubrí propuestas nuevas, participé en actividades y regresé a casa con esa sensación que solo producen determinados acontecimientos culturales: la de haber estado durante unos días exactamente donde quería estar.
Desde aquel primer Golem Fest de 2018 han cambiado muchas cosas. El festival ha crecido, ha tenido que superar dificultades y ha modificado parte de su estructura, pero conserva algo fundamental: la voluntad de reunir a quienes amamos la fantasía, el terror y la ciencia ficción.
Para mí, el Golem Fest es mucho más que un festival literario. Es un punto de encuentro. Y mientras siga existiendo, seguiré queriendo volver.
A continuación la galería de fotografías de este año.














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