Drácula, la novela que Bram Stoker publicó en 1897, es una de las grandes obras de la literatura gótica y una pieza fundamental de la literatura de terror. Más de un siglo después, el conde continúa formando parte de nuestra cultura popular. Ha sido monstruo, aristócrata, amante, héroe trágico, villano, personaje cómico e incluso protagonista de historias destinadas al público infantil.

Pocos personajes literarios han tenido una vida tan larga fuera de las páginas de su novela.

El cine y la televisión han convertido a Drácula en un personaje capaz de adaptarse a cada época. Algunas versiones se acercan al texto de Stoker; otras apenas conservan el nombre y algunos elementos reconocibles. Entre unas y otras encontramos reinterpretaciones góticas, historias románticas, películas de terror, comedias, producciones de acción y propuestas que utilizan al vampiro para hablar de cuestiones como el deseo, la muerte, la enfermedad, la religión o el miedo a lo desconocido.

Hace tiempo vi la miniserie de la BBC Drácula (2020), creada por Mark Gatiss y Steven Moffat, y fue una de esas versiones que me llevaron a volver la mirada hacia el personaje. No es una adaptación fiel de la novela. Toma el material de Stoker como punto de partida y se permite muchas licencias, hasta el punto de convertirse en una reinterpretación propia.

Y quizá esa sea una de las razones por las que Drácula continúa funcionando.

No todas las películas y series que se han hecho sobre el conde aparecen aquí. Sería imposible recogerlas todas. Esta es una selección de algunas de las adaptaciones y versiones que considero más interesantes para seguir la evolución del personaje.

La novela original: el nacimiento de un mito

La novela de Bram Stoker está construida a partir de diarios, cartas, telegramas, recortes y otros documentos. Esa estructura permite que la historia se vaya formando a través de distintas voces y proporciona al lector una sensación de realidad documental.

Jonathan Harker, un joven abogado inglés, viaja a Transilvania para ayudar al conde Drácula con una operación inmobiliaria. Pronto descubre que su anfitrión no es un aristócrata excéntrico, sino una criatura sobrenatural que lleva siglos alimentándose de sangre humana. Drácula pretende trasladarse a Inglaterra y extender allí su dominio.

La novela reúne a Jonathan Harker, Mina Murray, Lucy Westenra, el doctor John Seward, Arthur Holmwood, Quincey Morris y Abraham Van Helsing en una lucha contra un enemigo que parece pertenecer a un mundo anterior al suyo.

Uno de los aspectos más interesantes del libro es el enfrentamiento entre las nuevas formas de conocimiento y aquello que escapa a la explicación racional. Telégrafos, trenes, máquinas de escribir, medicina y métodos científicos conviven con supersticiones, crucifijos, ajos, estacas y criaturas sobrenaturales.

Stoker escribe en plena época victoriana y su novela también recoge algunos de los temores de aquel momento: la enfermedad, la sexualidad, la amenaza de lo extranjero, la pérdida de control y la transgresión de las normas sociales. El vampiro permite hablar de todo ello sin necesidad de convertir la novela en un tratado. Drácula es, ante todo, una amenaza. Y también un deseo.

De Drácula a Nosferatu

La primera gran transformación cinematográfica del personaje llegó con Nosferatu, eine Symphonie des Grauens (1922), dirigida por F. W. Murnau.

La película no pudo utilizar legalmente el nombre de Drácula porque los derechos de la novela pertenecían a los herederos de Bram Stoker. Murnau y su equipo cambiaron los nombres de los personajes y algunos elementos de la historia, pero la relación con la novela era demasiado evidente y la producción terminó enfrentándose a una demanda de la viuda de Stoker.

El conde Orlok, interpretado por Max Schreck, no se parece al aristócrata elegante que después se convertiría en la imagen más conocida de Drácula. Es una criatura monstruosa, de aspecto cadavérico, uñas largas, dientes afilados y una presencia que sigue resultando inquietante un siglo después.

Nosferatu no solo convirtió la novela de Stoker en una de las grandes obras del expresionismo alemán. También creó una imagen del vampiro que ha sobrevivido por derecho propio. Y el personaje volvería a Nosferatu en numerosas ocasiones.

La versión más reciente llegó con Robert Eggers en 2024. Su Nosferatu recupera la historia de obsesión y terror asociada al clásico de Murnau y la convierte en una nueva película gótica protagonizada por Bill Skarsgård, Nicholas Hoult y Lily-Rose Depp. Eggers pone el acento en la atmósfera, el deseo y el terror físico, y vuelve a presentar al vampiro como una presencia monstruosa más que como un seductor aristocrático.

Es una película que demuestra que el personaje creado a partir de Drácula puede seguir encontrando nuevas formas de provocar miedo.

Drácula (1931): Bela Lugosi crea una imagen

Dracula 1931

La versión de Tod Browning, protagonizada por Bela Lugosi, es una de las películas fundamentales para entender cómo Drácula pasó a formar parte del imaginario colectivo.

Lugosi construyó un vampiro elegante, vestido de negro, con capa, mirada hipnótica y una forma de hablar que convirtió su interpretación en un referente.

Este es el Drácula que fijó buena parte de la iconografía posterior: el aristócrata seductor que entra en una habitación y consigue dominarla sin necesidad de levantar la voz.

A partir de entonces, el vampiro cinematográfico ya no volvería a ser exactamente el mismo.

Hammer Films: Christopher Lee

En 1958 Terence Fisher dirigió Horror of Dracula, conocida en España como Drácula. Christopher Lee interpretó al conde y Peter Cushing encarnó a Van Helsing.

La Hammer tomó el mito y lo llevó hacia un terror más físico, sangriento y sensual. El Drácula de Christopher Lee es elegante, pero también brutal. El vampiro ya no necesita limitarse a sugerir el horror: la sangre aparece en pantalla y la violencia adquiere un peso mayor.

La película abrió una etapa fundamental para el cine vampírico británico.

Christopher Lee regresaría al personaje en varias ocasiones. Entre ellas se encuentran Drácula, príncipe de las tinieblas (1966), Drácula vuelve de la tumba (1968), El poder de la sangre de Drácula (1969) y Las cicatrices de Drácula (1970).

La Hammer convirtió a Drácula en una figura recurrente y contribuyó a consolidar la asociación entre vampirismo, erotismo y violencia que marcaría buena parte del género durante las décadas siguientes.

El conde Drácula (1970), de Jesús Franco

Jesús Franco realizó en 1970 su propia aproximación a la novela de Stoker, con Christopher Lee como Drácula.

La película tiene interés porque se aleja del modelo Hammer y busca una relación más directa con la novela, aunque tampoco puede considerarse una adaptación literal. Franco introduce su propia sensibilidad y una atmósfera más cercana al cine europeo de terror.

Christopher Lee, que ya había convertido al personaje en uno de los grandes iconos de la Hammer, ofrece aquí otra aproximación al conde.

Vampyros Lesbos (1971): el vampiro como provocación

No es una adaptación de Drácula, pero merece aparecer en cualquier recorrido por las transformaciones del mito vampírico en el cine español.

Jesús Franco dirigió Vampyros Lesbos en 1971, con Soledad Miranda como protagonista. La película se aparta del relato de Stoker y se adentra en un territorio de erotismo, psicodelia, experimentación visual y horror.

Aquí el vampiro deja de ser una figura vinculada a una narración concreta para convertirse en un instrumento cinematográfico con el que explorar el deseo y la transgresión.

Es una película de culto y una muestra de hasta dónde podía llegar la transformación del mito durante los años setenta.

El conde Drácula (1973), de Javier Aguirre

Paul Naschy, uno de los grandes nombres del cine fantástico español, también se enfrentó al personaje en El conde Drácula, dirigida por Javier Aguirre.

La película se aleja de la elegancia aristocrática que había popularizado Bela Lugosi y apuesta por una versión más física del vampiro.

Naschy estaba muy ligado al cine de terror español y a personajes como Waldemar Daninsky, pero su acercamiento a Drácula demuestra hasta qué punto el personaje de Stoker se había convertido en un territorio abierto a nuevas interpretaciones.

Drácula (1977), de Philip Saville

La producción de la BBC protagonizada por Louis Jourdan es una de las adaptaciones televisivas más interesantes para quienes quieran acercarse a la novela de Stoker.

Emitida en 1977, está dirigida por Philip Saville a partir de un guion de Gerald Savory. Louis Jourdan interpreta a Drácula y Frank Finlay a Van Helsing. La adaptación conserva buena parte de los personajes y situaciones de la novela y se encuentra entre las versiones más próximas al texto original.

No tiene el despliegue visual de otras producciones posteriores, pero esa fidelidad es precisamente uno de sus mayores atractivos.

Drácula (1979), de John Badham

Dracula 1979

Aquí tenemos una de las grandes versiones románticas del personaje.

John Badham dirigió en 1979 esta adaptación protagonizada por Frank Langella como Drácula y Laurence Olivier como Van Helsing.

Langella presenta un conde seductor, elegante y menos monstruoso que el de Christopher Lee. La película concede más importancia a la relación entre Drácula y Lucy y convierte al vampiro en una figura capaz de despertar deseo y compasión.

La transformación es significativa. El monstruo empieza a convertirse en amante trágico.

Drácula de Bram Stoker (1992), de Francis Ford Coppola

Dracula de Bram Stoker

Y llegamos a una de las adaptaciones más conocidas. Francis Ford Coppola dirigió en 1992 Drácula de Bram Stoker, con Gary Oldman como Drácula, Winona Ryder como Mina, Keanu Reeves como Jonathan Harker y Anthony Hopkins como Van Helsing.

La película recupera muchos elementos de la novela, pero incorpora una historia de amor entre Drácula y Mina que no existe en el texto original. También vincula al personaje con Vlad el Empalador, estableciendo una identidad histórica que ha pasado a formar parte del imaginario popular aunque no proceda de la novela.

El resultado es una película exuberante, barroca y cargada de erotismo. El Drácula de Coppola ya no es solo un monstruo. Es un hombre condenado por la pérdida, atrapado durante siglos entre el amor, la muerte y el deseo. Gary Oldman interpreta todas esas facetas: el anciano decrépito del castillo, la criatura monstruosa y el amante atormentado.

Drácula 2000

Patrick Lussier dirigió en 2000 esta adaptación moderna protagonizada por Gerard Butler. La película traslada el mito al mundo contemporáneo y añade una explicación nueva para el origen del vampiro: Drácula sería Judas Iscariote, condenado a la inmortalidad después de traicionar a Jesucristo. Es una de esas películas que muestran cómo el personaje podía abandonar el contexto victoriano sin perder su identidad.

La recepción fue desigual, pero resulta interesante como ejemplo de la transformación del mito hacia el terror comercial de finales del siglo XX y comienzos del XXI.

Drácula: la leyenda jamás contada (2014)

Gary Shore dirigió en 2014 Dracula Untold, una película que se acerca al personaje desde la fantasía épica y la acción.

Luke Evans interpreta a Vlad III, príncipe de Valaquia, que acepta convertirse en vampiro para proteger a su pueblo.

Aquí Drácula deja de ser una amenaza y se convierte en protagonista heroico.

La película se aleja mucho del terror gótico y se aproxima al cine de superhéroes y fantasía que dominaba buena parte del cine comercial de la época. El resultado muestra hasta qué punto el personaje podía adaptarse a los códigos de otro género.

Drácula (2020): la versión de la BBC y Netflix

Drácula

Esta es la adaptación que me llevó a recuperar el tema.

La miniserie fue creada por Mark Gatiss y Steven Moffat, los responsables de Sherlock, y está protagonizada por Claes Bang. Consta de tres episodios de larga duración y fue una coproducción de BBC One y Netflix.

Y aquí hay que olvidarse de la idea de buscar una adaptación fiel. La serie comienza cerca de la novela. Jonathan Harker llega al castillo de Drácula y queda atrapado allí mientras el conde revela poco a poco su naturaleza. Pero a partir de ahí la historia empieza a tomar caminos propios.

El segundo episodio lleva la acción al Demeter, el barco que transporta a Drácula hacia Inglaterra, mientras que el tercero abandona en buena parte el siglo XIX para trasladar al personaje a una época contemporánea. Netflix resume la serie como una reinterpretación de la leyenda que introduce nuevas historias y explora también la vulnerabilidad del vampiro.

Claes Bang interpreta a un Drácula diferente de los que habían aparecido antes. Es seductor, arrogante, divertido, cruel y consciente de su propia leyenda.

La serie mezcla terror, humor negro y juegos psicológicos. Algunas de sus decisiones pueden resultar discutibles, sobre todo para quien espere una adaptación fiel a Stoker, pero precisamente ahí está su interés.

No intenta repetir a Lugosi, Christopher Lee o Gary Oldman. Quiere construir su propio Drácula. Y lo consigue, al menos en parte.

Castlevania: Drácula entra en la animación

Aunque Castlevania procede de una saga de videojuegos y no de la novela de Stoker, su Drácula merece una mención.

La serie animada, emitida entre 2017 y 2021, desarrolla al personaje desde una perspectiva mucho más dramática. Aquí encontramos a un Drácula marcado por la muerte de su esposa, Lisa, y consumido por el deseo de vengarse de la humanidad.

La historia se aleja del vampiro aristocrático tradicional y lo convierte en una figura trágica.Es otra transformación importante: el monstruo pasa a ser alguien cuya historia puede contarse desde el dolor.

Drácula: A Love Tale (2025), de Luc Besson

El mito continúa generando nuevas versiones.

En 2025 Luc Besson dirigió Dracula, estrenada también como Dracula: A Love Tale, con Caleb Landry Jones como Drácula y Christoph Waltz en el reparto. La película vuelve a insistir en la dimensión romántica del personaje y presenta la historia de un príncipe del siglo XV que, tras perder a su esposa, reniega de Dios y queda condenado a convertirse en Drácula. Es otra prueba de que el personaje sigue adaptándose a las preocupaciones y los gustos de cada época. El monstruo de Stoker se ha convertido, una vez más, en un amante condenado.

De monstruo a icono cultural

La evolución de Drácula resulta fascinante porque permite observar también cómo ha cambiado nuestra manera de entender el terror.

El Orlok de Murnau representa una criatura sobrenatural y monstruosa. Bela Lugosi convierte al vampiro en un aristócrata seductor. Christopher Lee añade erotismo y violencia. Frank Langella acentúa el componente romántico. Gary Oldman transforma a Drácula en un amante trágico. Gerard Butler lo convierte en héroe de fantasía. Claes Bang juega con su dimensión irónica y psicológica.

Y Robert Eggers recupera con Nosferatu al vampiro como criatura capaz de producir auténtico rechazo y terror físico.

No existe un único Drácula.

Existe el Drácula de cada época.

También por eso el personaje continúa vivo.

El legado de Drácula

Más de ciento veinte años después de la publicación de la novela, el conde Drácula sigue apareciendo en películas, series, novelas, cómics, videojuegos y obras de teatro. Ha protagonizado historias de terror y comedias como Drácula: muerto pero feliz; se ha convertido en personaje infantil gracias a Hotel Transylvania y ha pasado al terreno de la animación, la fantasía y la acción.

Pero incluso cuando desaparecen los castillos y las capas negras, seguimos reconociendo al personaje. Porque Drácula representa algo que difícilmente deja de interesarnos: el miedo a la muerte y, al mismo tiempo, el deseo imposible de vencerla. También representa el deseo, la transgresión y la atracción por aquello que sabemos que puede destruirnos.

Bram Stoker creó un vampiro. El cine creó un mito. Y cada generación ha vuelto a abrir el ataúd para decidir qué clase de monstruo quiere encontrar dentro.

Quizá por eso seguimos hablando de Drácula porque, después de más de un siglo, todavía no hemos terminado de decidir si queremos que sea un monstruo, un amante, un héroe, un villano o una criatura condenada. Y mientras sigamos cambiando de opinión, el conde seguirá teniendo sangre nueva para alimentarse.


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