Cuando empecé a leer Mentira, galardonada con el premio Edebé y escrita por Care Santos, pensé que tenía entre manos una historia de amor adolescente. De esas que nacen a través de una pantalla y crecen a golpe de conversación. Sin embargo, la novela toma otro rumbo. Lo que parecía el comienzo de un romance se transforma en una historia mucho más compleja, con una realidad que cambia nuestra percepción de los personajes y de sus circunstancias.

Ese cambio de perspectiva es uno de los aspectos que más me han gustado de la lectura. Care Santos juega con lo que sabemos y con lo que creemos saber. Dosifica la información y nos invita a revisar nuestras primeras impresiones. Además, la historia está construida a partir de las voces de sus dos protagonistas, un recurso que no solo enriquece la narración, sino que resulta esencial para comprender el alcance de lo que la autora quiere contar.

De una historia de amor a una realidad inesperada

Xenia es una estudiante con un futuro bien definido. Quiere estudiar Medicina y se esfuerza por conseguir buenas notas. Su vida cambia cuando conoce por internet a un chico con el que comparte su pasión por la lectura. La conexión entre ambos crece a través de las conversaciones y pronto deja de ser una amistad virtual. Para Xenia, empieza a convertirse en algo que interpreta como amor.

Sin embargo, hay algo que no encaja. El muchacho evita el encuentro personal y siempre pone excusas. Cuando Xenia decide averiguar quién es en realidad, descubre que la identidad que le ha mostrado no es auténtica. La decepción abre la puerta a una historia muy distinta de la que habíamos imaginado.

Care Santos utiliza ese primer engaño para conducirnos hacia cuestiones más profundas. ¿Hasta qué punto conocemos a alguien por lo que nos cuenta? ¿Podemos comprender a una persona cuando descubrimos que nos ha mentido? ¿Es posible separar sus actos de las circunstancias que la han llevado a cometerlos?

La novela no ofrece respuestas sencillas. Su principal acierto consiste en obligarnos a revisar nuestras primeras impresiones. También nos lleva a reconocer que, detrás de una identidad falsa, puede esconderse una realidad que desconocemos.

La estructura narrativa: dos voces que cambian el sentido de la historia

Uno de los mayores aciertos de Mentira reside en su estructura narrativa. Care Santos construye la novela a partir de las voces de sus dos protagonistas. No se limita a alternar sus puntos de vista para ofrecer una visión más amplia de los acontecimientos. Utiliza esa organización para controlar la información, mantener la intriga y transformar la interpretación que hacemos de la historia.

En la primera parte, Xenia ocupa el centro del relato. A través de su experiencia conocemos el nacimiento de una relación virtual que parece conducir hacia una historia de amor adolescente. La narración se apoya en la curiosidad, la ilusión y las expectativas de la protagonista. Mientras tanto, las evasivas del chico introducen una incertidumbre que despierta el interés del lector. Sabemos lo que ella sabe y compartimos sus dudas, de modo que nuestra interpretación de los hechos queda condicionada por su mirada.

Esta limitación de la información resulta decisiva. La autora no nos ofrece desde el principio todas las claves del conflicto, sino que nos permite construir una imagen del muchacho a partir de lo que Xenia conoce de él. La intriga nace de esa distancia entre la identidad que el personaje proyecta y la realidad que permanece oculta. El título adquiere así un primer sentido, aunque todavía no conozcamos el alcance de la mentira.

El cambio de perspectiva marca un punto de inflexión. Cuando el relato da paso a la voz del muchacho, la novela modifica su naturaleza. La historia deja de centrarse en las expectativas sentimentales de Xenia y se adentra en una realidad mucho más dura, que obliga a reconsiderar lo leído. El cuaderno en el que el joven cuenta su vida funciona como un relato dentro del relato. Introduce una nueva voz, reconstruye los antecedentes de su situación y aporta las claves que faltaban para comprender sus actos.

Este recurso tiene una consecuencia importante: la segunda parte no se limita a completar la primera, sino que la reinterpreta. Los acontecimientos anteriores siguen siendo los mismos, pero su significado cambia cuando conocemos las circunstancias desde las que actúa el otro protagonista. Care Santos aprovecha esa distancia entre las dos versiones para mostrar que la percepción de una persona depende, en gran medida, de la información de la que disponemos.

También cambia el ritmo. La primera parte avanza impulsada por el misterio de una relación que no termina de encajar. La segunda desplaza el interés hacia el pasado del muchacho y hacia las razones que explican su comportamiento. La intriga inicial da paso a un conflicto de mayor calado, en el que entran en juego la responsabilidad individual, las circunstancias familiares y sociales, y los límites entre comprender una conducta y justificarla.

La recuperación de la voz de Xenia en el tramo final permite cerrar el recorrido narrativo desde una perspectiva distinta de la inicial. La protagonista ya no se encuentra ante el mismo relato que creía conocer al principio, y el lector tampoco. El regreso a una mirada que ha cambiado a raíz de lo descubierto refuerza la evolución de la historia y de nuestra lectura.

La elección de dos voces resulta, por tanto, mucho más que un recurso formal. Cada protagonista aporta una versión parcial de la realidad y obliga a contrastar lo que cuenta con lo que sabemos. La novela plantea así una cuestión que trasciende el argumento: ¿hasta qué punto podemos juzgar a alguien cuando solo conocemos una parte de su historia?

En Mentira, la forma y el contenido están estrechamente unidos. La autora no solo habla del engaño, sino que organiza la narración para que el lector experimente la incertidumbre. Nos invita a formular nuestras propias conclusiones y a tener que revisarlas. Ese desplazamiento de la mirada sostiene la intriga y da profundidad a una novela juvenil que, bajo la apariencia de una historia de amor, plantea preguntas sobre la identidad, la verdad y los prejuicios.

Dos protagonistas, dos realidades

Xenia y el muchacho con el que se comunica por internet proceden de mundos muy distintos. Ella tiene un proyecto de futuro y un entorno familiar que le ofrece unas condiciones de vida favorables. Él arrastra una historia marcada por la adversidad y por experiencias que condicionan su manera de relacionarse con los demás.

La distancia entre ambos permite a Care Santos abordar las desigualdades sin convertir la novela en un discurso teórico. Son los propios personajes, sus decisiones y sus circunstancias los que ponen de manifiesto las diferencias entre sus vidas.

También resulta interesante la evolución de nuestra mirada sobre ellos. Al principio, conocemos al muchacho a través de la experiencia de Xenia. Después, la narración nos permite escuchar su propia voz. Este desplazamiento invita a cuestionar los prejuicios y a distinguir entre comprender una conducta y justificarla.

La novela encuentra aquí uno de sus temas centrales: la dificultad de juzgar a una persona cuando solo conocemos una parte de su historia. La identidad no se reduce al nombre que alguien utiliza ni a la imagen que proyecta ante los demás. Tampoco puede explicarse al margen del entorno en el que ha crecido.

La lectura como punto de encuentro

Los libros tienen una presencia significativa en la relación entre los protagonistas. Su interés compartido por la literatura constituye el primer vínculo entre ellos y abre un espacio de comunicación que, en principio, parece ajeno a las diferencias que separan sus vidas.

La referencia a El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, refuerza esta dimensión literaria. La lectura aparece como una forma de reconocerse en las inquietudes de otra persona. También permite encontrar palabras para expresar aquello que cuesta comunicar de manera directa.

Este componente añade interés a la novela, porque los libros no funcionan como un simple adorno cultural. Forman parte de la relación entre los personajes y contribuyen a definir su manera de mirar el mundo.

Una novela juvenil que plantea preguntas incómodas

Aunque Mentira se dirige al público juvenil, sus temas no se limitan a la adolescencia. Care Santos aborda los peligros de las relaciones virtuales, pero no se queda en la advertencia sobre los desconocidos que se esconden detrás de una pantalla. La historia avanza hacia cuestiones relacionadas con la responsabilidad, la justicia, las desigualdades sociales y la posibilidad de cambiar.

La autora evita que el conflicto se reduzca a una moraleja sobre los riesgos de internet. El engaño inicial es solo el punto de partida de una trama que invita a reflexionar sobre la culpa, las circunstancias personales y los límites de nuestros juicios.

El ritmo narrativo y la revelación progresiva de información favorecen la lectura. La novela mantiene la curiosidad sin depender de un único giro argumental. El descubrimiento de la historia del segundo protagonista modifica nuestra comprensión de los acontecimientos y nos lleva a reconsiderar lo que dábamos por cierto.

Mi valoración de Mentira, de Care Santos

Mentira me ha parecido una novela juvenil interesante, sobre todo por la manera en que está construida. Me ha gustado descubrir que aquella historia que parecía encaminarse hacia el romance escondía un conflicto mucho más complejo. Ese cambio de rumbo es uno de sus principales atractivos y demuestra la importancia de la estructura narrativa en la experiencia de lectura.

La alternancia entre las voces de los protagonistas permite conocer dos realidades distintas y evita que la historia quede encerrada en una sola interpretación. La primera parte despierta la curiosidad. La segunda amplía el horizonte del relato y obliga a revisar lo que creíamos saber. Es una forma eficaz de mantener el interés y de dar profundidad a los personajes.

También valoro que Care Santos utilice una trama accesible para abordar cuestiones que no tienen una respuesta fácil. La novela invita a mirar más allá de las apariencias, a desconfiar de los juicios precipitados y a preguntarnos cuánto podemos llegar a conocer de otra persona.

Recomendaría Mentira a los lectores de literatura juvenil, pero también a quienes disfrutan de las historias que cambian de dirección y adquieren nuevos significados a medida que avanzan. Es una lectura que empieza con una promesa romántica y termina planteando preguntas sobre la identidad, la verdad y la responsabilidad.

Porque, en ocasiones, la historia que creemos estar leyendo no es la historia que tenemos delante. Y descubrirlo forma parte del placer de leer.


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