Gordo de feria, de Esther García Llovet, es una novela que se mueve entre la comedia negra, el relato criminal y el absurdo. Publicada por Anagrama en 2021, forma parte de la trilogía madrileña que la autora inició con Cómo dejar de escribir y continuó con Sánchez. En sus páginas encontramos una historia que rompe las convenciones narrativas, una galería de personajes singulares y un Madrid alejado de las imágenes más reconocibles de la capital. La escritora convierte lo cotidiano en algo extraño y construye una trama donde el azar parece tener más peso que cualquier decisión razonable.

De qué trata Gordo de feria

El protagonista es Castor, un humorista famoso por sus monólogos televisivos que, pese a disfrutar de una situación económica desahogada, detesta buena parte de las obligaciones que acompañan a su profesión. Las fiestas, los compromisos sociales y las reuniones del mundo del espectáculo le resultan insoportables. Su trabajo consiste en hacer reír a los demás, pero eso no significa que disfrute de la compañía de la gente ni que encuentre motivos para reírse de su propia existencia.

Su suerte parece cambiar cuando conoce a Julio, un camarero que resulta ser idéntico a él. La semejanza entre ambos es tan extraordinaria que Castor ve en ese encuentro una oportunidad para librarse de las obligaciones que más detesta. Si Julio puede hacerse pasar por él, podrá acudir a determinados compromisos mientras Castor se queda al margen. La idea parece sencilla, aunque la realidad pronto demuestra que las soluciones fáciles suelen traer problemas inesperados.

A partir de ese punto, la novela se transforma en una sucesión de acontecimientos disparatados en la que tienen cabida las fugas, los secuestros, las estafas y una serie de personajes que parecen moverse al margen de cualquier norma convencional. La trama se expande en direcciones insospechadas y confirma que, en el universo de García Llovet, el azar puede alterar una vida de un momento a otro.

La autora parte de una premisa reconocible, la existencia de un doble, pero la utiliza para construir una historia que se aleja de los caminos previsibles. Lo que comienza como una estrategia para escapar de las obligaciones sociales termina por desencadenar una aventura que mezcla intriga, humor y situaciones cercanas a lo surrealista.

Esther García Llovet y una narrativa inclasificable

Esther García Llovet ocupa un lugar singular dentro de la narrativa española contemporánea. Su escritura se caracteriza por la concisión, la ironía y una mirada que encuentra en los márgenes de la sociedad una materia narrativa especialmente fértil. Sus personajes no siempre responden a los modelos habituales de protagonistas con objetivos claros y una evolución psicológica bien delimitada. Son figuras contradictorias, a menudo desconcertantes, que parecen avanzar por la vida sin tener del todo claro qué buscan ni hacia dónde se dirigen.

En Gordo de feria, esta forma de entender la ficción se manifiesta desde el planteamiento inicial. Castor no es el típico héroe que se enfrenta a un problema y trata de resolverlo mediante una sucesión lógica de decisiones. Su motivación resulta mucho más prosaica: quiere evitar situaciones que le incomodan y encontrar una manera de vivir con menos obligaciones. La aparición de Julio parece ofrecerle una salida, pero también pone en marcha una cadena de acontecimientos que escapa a sus previsiones.

La figura del doble permite introducir cuestiones relacionadas con la identidad y la representación. Castor y Julio comparten una apariencia física, pero esa semejanza no elimina sus diferencias. Al contrario, la posibilidad de intercambiar sus papeles pone de manifiesto hasta qué punto la identidad depende de las circunstancias, de la mirada de los demás y de las funciones que desempeñamos en sociedad.

La novela no convierte estas cuestiones en una reflexión filosófica explícita. García Llovet prefiere desarrollarlas a través de situaciones extravagantes y personajes que parecen salidos de una película difícil de clasificar. El lector debe encontrar las conexiones entre los acontecimientos y aceptar que la historia no siempre ofrece explicaciones para todo lo que sucede.

El humor negro como forma de mirar la realidad

Uno de los rasgos más destacados de Gordo de feria es su humor. No se trata de una comicidad basada en el chiste tradicional ni en una sucesión de situaciones diseñadas para provocar una carcajada inmediata. La autora trabaja con el contraste, la exageración y el carácter absurdo de determinadas conductas humanas. Sus personajes pueden resultar ridículos, desagradables o desconcertantes, pero también reflejan comportamientos que reconocemos fuera de la ficción.

El punto de partida contiene una paradoja especialmente sugerente: un humorista profesional que no soporta la vida social y que busca la manera de desaparecer de sus propios compromisos. Castor trabaja con la risa ajena, pero su relación con el mundo está marcada por el desinterés y el rechazo. La distancia entre su profesión y su manera de vivir introduce una dimensión irónica que atraviesa la novela.

A medida que la historia avanza, el humor convive con situaciones violentas y con personajes implicados en negocios turbios. La comicidad no elimina el lado oscuro de lo que ocurre, sino que lo vuelve más extraño. Las situaciones pueden provocar una sonrisa y, al mismo tiempo, dejar una sensación de incomodidad. Esa convivencia entre lo grotesco y lo inquietante constituye una parte importante de la personalidad de la novela.

García Llovet tampoco parece interesada en ofrecer una moraleja sobre las decisiones de sus protagonistas. Sus criaturas actúan movidas por intereses inmediatos, impulsos y circunstancias que no siempre comprenden. El resultado es una visión de la existencia en la que las personas intentan controlar sus vidas, aunque el azar y las acciones de los demás terminen desbaratando sus planes.

Un Madrid castizo, extraño y lleno de personajes

Madrid desempeña un papel fundamental en la narrativa de Esther García Llovet. No es solo el lugar donde suceden los acontecimientos, sino un espacio literario que la autora transforma mediante su mirada. La ciudad aparece como un escenario de encuentros fortuitos, negocios sospechosos y vidas que transcurren lejos de las imágenes convencionales de la capital.

En Gordo de feria, ese Madrid reconocible adquiere una dimensión casi alucinada. Los personajes se desplazan por ambientes muy distintos y la historia incorpora situaciones que amplían su geografía y su carácter delirante. La realidad urbana funciona como punto de partida para una ficción que no necesita respetar las fronteras entre lo posible y lo disparatado.

La galería de secundarios contribuye a esa sensación de movimiento constante. La novela no se limita a desarrollar el conflicto de Castor y Julio, sino que introduce otras figuras cuyas historias y motivaciones enriquecen el entramado narrativo. Algunos de estos personajes parecen proceder de mundos distintos, pero todos encuentran su lugar en una trama que avanza mediante encuentros, coincidencias y decisiones poco sensatas.

Esta acumulación de situaciones y personajes permite a la autora ofrecer una visión de la ciudad alejada de cualquier idealización. Madrid aparece como un lugar donde conviven la ambición, la soledad, la impostura y el deseo de encontrar una salida personal, aunque esa salida no siempre conduzca a una vida mejor.

Una prosa breve, visual y de ritmo ágil

La escritura de García Llovet se apoya en una prosa directa y económica. La autora evita las explicaciones extensas y prefiere que la narración avance mediante escenas, diálogos y detalles que caracterizan a los personajes sin necesidad de detenerse en largas descripciones. Esta forma de contar contribuye a la agilidad del relato y refuerza su carácter cinematográfico.

La brevedad de la novela no implica una trama sencilla. Al contrario, los acontecimientos se suceden con rapidez y la historia incorpora diferentes líneas narrativas que amplían el universo de los protagonistas. La autora confía en la capacidad del lector para seguir el ritmo, reconocer los cambios de situación y aceptar los giros que alejan el relato de una estructura convencional.

Esta economía narrativa es también una apuesta estética. García Llovet deja espacios sin desarrollar y evita explicar cada detalle de lo que ocurre. El efecto puede resultar estimulante para quienes disfrutan de las novelas que confían en la inteligencia del lector, aunque también puede generar cierta distancia en quienes prefieren una evolución más profunda de los personajes o una trama más cerrada.

La narración se aproxima así a una película de episodios imprevisibles, con imágenes potentes y situaciones que a menudo parecen avanzar por su propia lógica. El ritmo no depende tanto de una investigación criminal o de un misterio que deba resolverse como de la curiosidad por descubrir hasta dónde puede llegar la autora con una premisa tan peculiar.

Una novela negra que se adentra en el absurdo

Aunque Gordo de feria incorpora elementos propios de la novela negra, no responde a sus convenciones más habituales. No estamos ante una historia centrada en la investigación de un crimen ni ante un relato que organice todos sus elementos alrededor de un enigma. La intriga existe, pero comparte protagonismo con la sátira, el humor y la exploración de situaciones disparatadas.

La mezcla de géneros permite que la narración cambie de tono sin perder su identidad. El lector puede pasar de una escena cómica a otra inquietante y encontrarse después ante un giro que parece desafiar cualquier expectativa razonable. Esta libertad constituye uno de los atractivos del libro, aunque también explica que su lectura pueda resultar irregular para quienes buscan una estructura narrativa más tradicional.

La novela exige, por tanto, cierta disposición a dejarse llevar por una historia que no siempre sigue el camino que parece anunciar. Su interés reside tanto en lo que sucede como en la manera en que García Llovet enlaza los acontecimientos y construye un universo donde lo absurdo forma parte de la realidad.

Valoración final

Gordo de feria es una novela breve y poco convencional que combina humor negro, intriga criminal y situaciones surrealistas para construir una visión singular de Madrid y de sus habitantes. Esther García Llovet parte de una idea sencilla, la posibilidad de sustituir a alguien por su doble, y la convierte en el motor de una historia que se ramifica en direcciones inesperadas.

Su mayor personalidad reside en la mirada narrativa, en la construcción de personajes que escapan a los modelos habituales y en una prosa que apuesta por la concisión y el movimiento. No es una novela negra al uso ni pretende ofrecer una trama perfectamente ajustada a las expectativas del género. Su propuesta se encuentra en la mezcla, en el contraste entre lo cómico y lo inquietante y en la capacidad de transformar situaciones cotidianas en episodios extravagantes.

La brevedad y el ritmo de la narración pueden ser una virtud para quienes buscan una lectura ágil, mientras que la acumulación de episodios y el escaso interés por explicar cada giro pueden dejar insatisfechos a los lectores que prefieren una mayor profundidad psicológica o una estructura más cerrada.

Con esta obra, García Llovet confirma su interés por una literatura que se resiste a las etiquetas y que encuentra en el absurdo una forma de observar la realidad. Gordo de feria invita a entrar en un universo narrativo donde las apariencias engañan, el azar altera cualquier plan y los personajes parecen avanzar sin saber del todo qué les espera. Una propuesta singular dentro de la narrativa española contemporánea y una nueva muestra de la personalidad literaria de su autora.


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