Spanish Beauty, de Esther García Llovet, es la segunda novela que he leído de la autora y, aunque no recuerdo todos los detalles de la trama, sí conservo las sensaciones que me dejó. Su manera de mezclar delincuencia, personajes extravagantes y situaciones absurdas tiene algo que engancha, sobre todo por esa mirada irónica con la que observa un mundo en el que casi nadie parece comportarse como cabría esperar.
Además, hay un motivo personal por el que esta novela me llamó la atención: Benidorm. He vivido muchos años allí y después también trabajé en la ciudad, así que acercarme a una historia ambientada en sus calles tenía un interés añadido. No significa que el Benidorm de la ficción tenga que coincidir en todo con el que yo conocí, pero sí que el escenario me resulta cercano y me permite leer la novela desde una perspectiva distinta.
Publicada por Anagrama en 2022, Spanish Beauty utiliza la ciudad como telón de fondo para una historia de delincuencia, corrupción y personajes que parecen moverse por sus propias reglas. El resultado es una novela negra poco convencional, con una buena dosis de humor negro y una forma de narrar que se aleja de la solemnidad habitual del género.
Michela, una policía poco ejemplar
La protagonista es Michela, una agente de policía que dista mucho de representar los valores que asociamos con su profesión. Se mueve por los bajos fondos sin demasiados escrúpulos y tiene sus propios códigos, que no siempre coinciden con los que debería defender por su trabajo.
Su objetivo es recuperar un mechero de oro relacionado con su padre y con los gemelos Kray, los conocidos mafiosos londinenses de los años sesenta. El objeto termina en manos de la mafia rusa y su búsqueda pone en marcha una sucesión de situaciones en las que los intereses personales, los negocios turbios y las decisiones poco sensatas se entrecruzan.
Michela no necesita caer bien para resultar interesante. No es una heroína ejemplar ni parece tener especial interés en serlo. La autora no intenta justificar sus actos ni convertirla en alguien con quien debamos simpatizar a toda costa. La deja actuar, equivocarse y desenvolverse en un entorno donde la diferencia entre quienes persiguen el delito y quienes participan en él puede ser bastante difusa.
A su alrededor aparece una galería de personajes que contribuyen a crear ese universo peculiar de la novela. Algunos resultan grotescos, otros parecen vivir al margen de cualquier norma y muchos están demasiado ocupados persiguiendo sus propios intereses como para preocuparse por las consecuencias de sus actos. La gracia está, en buena parte, en observarlos sin que la narración necesite explicar a cada momento lo ridículos que pueden llegar a ser.
Benidorm, mucho más que un decorado
Para mí, uno de los atractivos de Spanish Beauty está en su escenario. Haber vivido muchos años en Benidorm y haber trabajado después allí hace que la ciudad no sea un simple nombre en el mapa. Tengo mis propias referencias y recuerdos, y eso añade una dimensión personal a la lectura.
García Llovet se fija en una cara de Benidorm alejada de la postal turística más amable. En su versión de la ciudad conviven el dinero, las apariencias, los negocios turbios y una fauna humana que parece salida de una película de gánsteres pasada por un filtro de esperpento. El lujo y lo cutre comparten espacio, y los personajes se mueven por ese paisaje con una naturalidad que contribuye al humor de la historia.
La ciudad tampoco funciona como un mero decorado pintoresco. Forma parte del tono de la historia y acompaña a unos personajes cuyas ambiciones, contradicciones y disparates encajan en ese mundo de contrastes. La autora no necesita largas descripciones para crear ambiente: a menudo le basta una situación, una conversación o un detalle inesperado.
Una prosa directa y un humor muy particular
El estilo de Esther García Llovet es conciso, ágil y poco dado a las explicaciones innecesarias. La narración avanza sin detenerse a subrayar cada detalle y deja que sean las situaciones y los comportamientos de los personajes los que produzcan el efecto buscado.
Su humor no depende tanto del chiste como de la mirada. Surge de la distancia entre lo que sucede y la naturalidad con la que los personajes afrontan sus problemas, por disparatados que estos sean. La autora no necesita avisarnos de que algo resulta absurdo: presenta la escena y deja que el lector descubra por sí mismo dónde está la gracia.
Esta forma de narrar puede desconcertar a quienes prefieren una novela negra más clásica, con una investigación ordenada, pistas que conduzcan de forma clara hacia la resolución y personajes cuyas motivaciones queden explicadas. Aquí el interés no se limita a averiguar qué ocurrirá. También reside en contemplar las decisiones de los protagonistas y comprobar hasta dónde pueden llevarlos sus obsesiones y su falta de escrúpulos.
La trama importa, pero no es lo único que sostiene la lectura. El tono, los diálogos y la manera de presentar a esa galería de personajes tienen un peso fundamental. Es ahí donde la novela encuentra buena parte de su personalidad.
Una novela negra con mala leche
Spanish Beauty utiliza elementos reconocibles del género negro —la corrupción, las mafias, la delincuencia y los intereses ocultos—, pero los aborda sin solemnidad. Sus personajes no tienen el glamour de los criminales cinematográficos ni la integridad de los detectives clásicos. Son individuos movidos por sus propios intereses, capaces de tomar decisiones cuestionables y de complicarse la vida de las maneras más absurdas.
Bajo el humor hay también una mirada crítica hacia el dinero, el poder y las apariencias. La autora observa un mundo en el que cada cual intenta sacar partido de la situación y donde las normas parecen tener una importancia relativa cuando se interponen en el camino de alguien. No necesita convertir la historia en una lección moral: le basta con mostrar a sus personajes en acción.
Y es esa combinación de sordidez y comicidad la que hace que la novela se aparte de la típica historia de policías y delincuentes. La violencia y los negocios turbios forman parte del paisaje, pero no obligan a que la narración adopte un tono grave. García Llovet prefiere el humor negro, la ironía y una forma de mirar a sus criaturas que deja al lector cierta libertad para juzgarlas.
Mi valoración de Spanish Beauty
Lo que recuerdo de Spanish Beauty es, sobre todo, el tono de la novela y las sensaciones que me dejó. Es la segunda obra que he leído de Esther García Llovet y confirmó mi interés por una narrativa que se aparta de los caminos más previsibles. Su humor, sus personajes poco convencionales y esa forma de acercarse al lado más turbio de la realidad hacen que la lectura tenga personalidad propia.
Mi relación con Benidorm añade algo más. Haber vivido durante años en la ciudad y haber trabajado allí después hace que el escenario me resulte cercano, aunque la novela no tenga por qué coincidir con mis recuerdos. Para mí, leer ficción ambientada en un lugar que he conocido de primera mano siempre tiene un atractivo particular, porque el espacio deja de ser una referencia lejana y se mezcla con la experiencia personal.
No recomendaría esta novela a quien busque una historia policial clásica, con una investigación que avance de forma metódica y un desenlace que coloque cada pieza en su sitio. En cambio, quienes disfruten del humor negro, los personajes inclasificables y las historias que se salen de las convenciones pueden encontrar en ella una lectura muy entretenida.
Esther García Llovet convierte Benidorm en el escenario de una novela negra irreverente, poblada por personajes que no destacan precisamente por sus virtudes. Lo hace con una prosa ágil y una ironía que evita la solemnidad y encuentra el humor en las contradicciones humanas. Y, en mi caso, deja además el recuerdo de una ciudad que forma parte de mi propia historia.
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