Hay autores capaces de conseguir que las emociones queden a flor de piel sin necesidad de recurrir a grandes acontecimientos. Alejandro Palomas es uno de ellos. En Un país con tu nombre vuelve a demostrarlo a través de unos personajes aparentemente normales que, a medida que avanza la historia, terminan convirtiéndose en personas especiales para el lector.
Jon, Edith y una amistad inesperada
Jon, cuidador de elefantes en un zoo, y Edith, una viuda que vive en una aldea prácticamente abandonada junto a sus once gatos, son dos personas solitarias que terminan encontrándose. Primero como vecinos y después como amigos. Sus vidas parecen transcurrir dentro de una rutina que no esperan cambiar, pero ambos conservan algo que todavía puede transformar su futuro: los sueños.
La llegada de la primavera altera esa tranquilidad. La dirección del zoo toma una decisión que afecta a Susi, una elefanta con la que Jon mantiene una relación muy especial, mientras el Ayuntamiento anuncia que pretende restaurar una antigua casona de la aldea para convertirla en un hotel rural. Dos acontecimientos que obligarán a Jon y Edith a plantearse si ha llegado el momento de dejar de conformarse con la vida que les ha tocado.
Susi y la defensa de los animales
Uno de los aspectos que más me ha gustado es la defensa de los animales que recorre la novela. Jon no ve a Susi como un animal que simplemente forma parte de la exposición de un zoo. La conoce, la cuida y se preocupa por su futuro. Su deseo es conseguir que pueda vivir en libertad, pero en un espacio preparado para ella, sin ponerla en peligro.
Me gusta especialmente esa idea porque Palomas no plantea la libertad como algo tan sencillo como abrir una puerta y dejar marchar a un animal. Para que Susi pueda ser realmente libre hay que encontrar un lugar seguro en el que pueda vivir de acuerdo con su naturaleza. Los animales no son objetos que puedan desecharse cuando dejan de resultar útiles, y la relación entre Jon y Susi consigue transmitirlo sin necesidad de convertir la novela en un alegato.
Los sueños que todavía podemos cumplir
Pero Un país con tu nombre habla también de las personas. De quienes han pasado demasiado tiempo solos, de las relaciones familiares que se han ido deteriorando con los años y de esos sueños que a veces dejamos aparcados porque creemos que ya no estamos a tiempo de cumplirlos.
La relación de Edith con su hija Violeta introduce otra de las vertientes emocionales de la novela. Entre ellas hay años de desencuentros y cosas que no se han dicho, pero también un vínculo que no ha desaparecido. Palomas sabe moverse bien en ese territorio en el que el cariño y el dolor pueden convivir dentro de una misma relación.
Y ahí está, para mí, una de las claves de la novela: cumplir los sueños. No importa que parezcan demasiado grandes, demasiado tardíos o incluso imposibles. A veces lo que necesitamos es encontrar a alguien que nos ayude a creer que todavía podemos intentarlo.
Personajes normales que se vuelven especiales
Eso es lo que hace especial la relación entre Jon y Edith. No son héroes ni personajes extraordinarios. Son dos personas normales que, después de mucho tiempo viviendo casi al margen, encuentran una amistad que les permite mirar su propia vida de otra manera.
Y esa capacidad de Palomas para convertir a personajes normales en personajes especiales es una de las cosas que más valoro de su narrativa. No necesita crear protagonistas excepcionales para conseguir que nos impliquemos en sus vidas. Le basta con mostrar sus miedos, sus carencias, sus afectos y aquello que todavía esperan conseguir.
También me ha gustado la manera en que las distintas historias terminan encontrándose. La preocupación de Jon por Susi, la relación de Edith con su hija, la transformación de la aldea y los sueños que ambos han mantenido escondidos forman parte de una misma historia sobre la libertad y la necesidad de tomar las riendas de la propia vida.
Una novela sobre la libertad y la esperanza
Un país con tu nombre es una lectura que me ha dejado las emociones a flor de piel. Una novela sobre la amistad, los animales, la familia, la soledad y, sobre todo, sobre la posibilidad de cumplir los sueños aunque pensemos que ya no estamos a tiempo.
Una lectura genial que me ha recordado por qué me gusta tanto Alejandro Palomas: porque consigue hablar de personas corrientes y hacer que, cuando terminamos el libro, ya no nos parezcan corrientes en absoluto.
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