Con motivo de la cena literaria de El Sabor de las Palabras, en esta ocasión con Javier Moro, inicié la lectura de Mi pecado, novela con la que el escritor obtuvo el Premio Primavera de Novela 2018.
No soy seguidora habitual de Javier Moro y, al principio, pensé que me encontraría ante una historia de amor. Fue una impresión que desapareció en cuanto leí la sinopsis y empecé a conocer a su protagonista: Conchita Montenegro, una actriz española que con apenas diecinueve años llegó a Hollywood en 1930.
Tengo dos pasiones que en esta novela se encuentran: la literatura y el cine. Por eso, descubrir la historia de una actriz de la que apenas conocía el nombre y situarla en el Hollywood de aquellos años resultó suficiente para despertar mi interés.
Pero Mi pecado ofrece bastante más que la historia de una actriz que intenta abrirse camino en el cine.
Conchita Montenegro y el Hollywood de los años treinta
Javier Moro recupera la figura de Conchita Montenegro y reconstruye su trayectoria en una época en la que Hollywood se había convertido en uno de los grandes centros de la industria cinematográfica.
La actriz española se relacionó con algunas de las figuras más conocidas del momento y el lector se encuentra con nombres que pertenecen tanto a la historia del cine como a la cultura de aquellos años. Buñuel, Chaplin, Jardiel Poncela y otros personajes aparecen en una narración en la que el mundo cinematográfico se mezcla con la vida cultural y política de una época convulsa.
Ese es uno de los aspectos que más me interesaron de la novela. No solo por el cine, sino por la posibilidad de asomarme a un periodo que conocía a través de sus grandes nombres y acontecimientos, pero desde la perspectiva de una mujer cuya trayectoria había pasado para mí prácticamente desapercibida.
Y entonces aparece Leslie Howard. Para quienes no sitúen el nombre, Howard fue uno de los grandes actores británicos de Hollywood. Para mí resulta imposible no relacionarlo con Ashley Wilkes, el personaje que interpretó en Lo que el viento se llevó, el hombre que Scarlett O’Hara considera el gran amor de su vida. Ese personaje ayuda a comprender la dimensión de la figura de Howard en el Hollywood de la época. Pero en Mi pecado no estamos ante el actor que conocemos por Lo que el viento se llevó, sino ante el hombre que mantuvo una relación con Conchita Montenegro y cuya vida terminaría cruzándose con acontecimientos que iban mucho más allá de los estudios cinematográficos.
Conchita Montenegro y Leslie Howard
La relación entre Conchita Montenegro y Leslie Howard constituye uno de los ejes de la novela, pero Javier Moro la utiliza para construir algo mucho más amplio.
La historia personal de ambos se desarrolla mientras Europa atraviesa algunos de los momentos más dramáticos del siglo XX. La Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial terminan entrando en la vida de los personajes y modificando el escenario en el que se desarrolla su relación.
Esta parte de la novela fue, para mí, una de las más interesantes, porque convierte una historia que podía haber quedado reducida al romance en un relato donde las decisiones personales y los acontecimientos históricos terminan entrelazándose. Y aquí es donde prefiero detenerme.
No voy a contar qué sucede con los protagonistas ni hasta dónde llega la relación entre Conchita Montenegro y Leslie Howard. Parte del atractivo de Mi pecado está en ir descubriendo cómo aquella historia acaba conectándose con la Europa de la Segunda Guerra Mundial.
Una mujer que merecía ser recordada
Una de las cosas que más me gustan de este tipo de novelas es cuando consiguen rescatar del olvido a personajes que tuvieron una vida extraordinaria y que, sin embargo, han quedado relegados frente a otros nombres mucho más conocidos.
Eso me ocurrió con Conchita Montenegro. Antes de leer Mi pecado, su nombre apenas me decía nada. Después de la novela, resulta difícil no sentir curiosidad por aquella joven que abandonó España con diecinueve años para intentar hacerse un hueco en Hollywood.
Moro consigue que su protagonista se mueva dentro de un escenario histórico reconocible sin que la novela pierda agilidad. La lectura resulta fluida y la combinación de personajes reales, cine, relaciones personales y acontecimientos históricos mantiene el interés.
Además, para alguien que disfruta tanto de la literatura como del cine, encontrarse con personajes como Chaplin, Buñuel, Jardiel Poncela o Leslie Howard supone un atractivo añadido.
Mi opinión sobre Mi pecado
Empecé Mi pecado pensando que iba a leer una historia de amor y terminé encontrando una novela sobre una mujer, una época y un mundo cinematográfico que desconocía en buena medida.
Lo que más me ha gustado es esa capacidad para ampliar una historia personal y convertirla en una ventana hacia el Hollywood de los años treinta y hacia una Europa que estaba a punto de entrar en uno de sus periodos más oscuros.
También me ha despertado la curiosidad por Conchita Montenegro. Y creo que ese es uno de los mayores méritos que puede tener una novela basada en un personaje real: conseguir que, después de cerrar el libro, queramos saber más sobre la persona que lo protagoniza.
Mi pecado me ha resultado una lectura ágil, entretenida y muy interesante por la ambientación histórica y cinematográfica.
No os cuento más porque tendría que entrar en acontecimientos que prefiero que descubráis durante la lectura.
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