Joyce Carol Oates es una de esas autoras que parece tener la capacidad de moverse por distintos géneros sin perder aquello que caracteriza su literatura: una mirada incómoda sobre la violencia, las relaciones de poder y las zonas más oscuras de la naturaleza humana.
Después de leer Delatora, vuelvo a encontrarme con ella en Como un espectro / Miao Dao, un volumen publicado por Siruela que reúne dos novelas cortas de misterio. Son dos historias independientes, con protagonistas y situaciones diferentes, pero existe entre ellas un vínculo evidente: ambas colocan a mujeres jóvenes en situaciones de vulnerabilidad y las enfrentan a hombres que ejercen sobre ellas distintas formas de violencia y poder.
Y en las dos aparece ese territorio en el que Joyce Carol Oates se mueve tan bien: el límite entre lo cotidiano y lo inquietante.
Como un espectro: cuando la ayuda se convierte en amenaza
La primera novela, Como un espectro, está protagonizada por Alyce Urquhart, una joven universitaria brillante cuyo futuro parece quedar trastocado por un embarazo no deseado.
Alyce es una estudiante con aspiraciones literarias y encuentra apoyo en un profesor y poeta invitado por la universidad. Él se convierte en su tutor, le ofrece trabajo como asistente y parece proporcionarle la ayuda que necesita en un momento complicado de su vida.
Pero en las historias de Oates las apariencias rara vez son lo que parecen.
La relación entre Alyce y ese hombre irá adquiriendo una dimensión cada vez más inquietante. Lo que inicialmente parece una oportunidad para recuperar el control sobre su vida termina convirtiéndose en otra forma de dependencia.
Y ahí aparece uno de los temas fundamentales de la novela: el abuso de poder.
Oates no necesita construir un monstruo evidente. Le basta con colocar a una joven en una situación de inferioridad frente a un hombre que posee más experiencia, más autoridad y más capacidad para influir sobre ella.
La amenaza nace de esa desigualdad.
El miedo detrás de lo cotidiano
Una de las cosas que más me gustan de Joyce Carol Oates es su capacidad para conseguir que una situación aparentemente normal vaya adquiriendo una atmósfera cada vez más opresiva.
En Como un espectro no necesitamos castillos abandonados ni criaturas sobrenaturales para sentir que algo no funciona. El espacio universitario, la relación entre profesor y alumna, las conversaciones y las decisiones que parecen ofrecer una salida a Alyce van construyendo poco a poco una sensación de peligro.
Es un terror que nace de las relaciones humanas.
Y quizá por eso resulta más incómodo.
Porque sabemos que la amenaza no procede de un mundo fantástico, sino de comportamientos perfectamente reconocibles: la manipulación, el abuso de autoridad, la culpabilización de la víctima y esa capacidad de hacer que una persona termine dudando de sus propias percepciones.
Oates convierte así una relación de poder en una historia de suspense psicológico.
Miao Dao: una niña, los gatos y una amenaza cercana
La segunda novela, Miao Dao, cambia de escenario y de protagonista.
Mia es una adolescente de doce años que atraviesa una etapa complicada. Su padre ha abandonado a la familia, en el colegio sufre el acoso de otros chicos y la llegada del nuevo novio de su madre introduce otra figura masculina que percibe como amenazante.
Mia encuentra refugio en una colonia de gatos callejeros.
Entre ellos está Miao Dao, una gata blanca que adquiere una presencia especial dentro de la historia. Para Mia, los animales representan un espacio de seguridad en medio de un mundo en el que los adultos no parecen capaces de protegerla.
Y aquí Oates introduce de forma mucho más clara el componente gótico.
La gata deja de ser únicamente un animal de compañía. Se convierte en una figura protectora, casi espectral, cuya presencia va adquiriendo un significado que supera lo cotidiano.
El título no es casual.
Miao Dao representa para Mia algo que no encuentra en las personas que deberían cuidarla: protección.
La violencia contra las mujeres como tema central
Aunque Como un espectro y Miao Dao son historias independientes, resulta difícil no establecer una conexión entre ambas.
Alyce y Mia son mujeres jóvenes situadas en posiciones de vulnerabilidad. Las dos tienen que enfrentarse a hombres que invaden sus espacios, sus cuerpos o sus decisiones. Las dos se encuentran en entornos donde deberían estar protegidas y, sin embargo, la amenaza aparece precisamente dentro de esos espacios.
Esta es una de las constantes más inquietantes de la narrativa de Oates: el peligro no siempre viene de fuera: puede estar en la universidad, en la familia, en el colegio, en una relación que comienza bajo una apariencia de afecto o en una persona que ofrece ayuda.
La autora utiliza el misterio y el terror para hablar de algo mucho más real: la violencia ejercida contra las mujeres y la forma en que la sociedad puede normalizar determinadas conductas.
Dos formas de enfrentarse al miedo
Hay una diferencia interesante entre las dos protagonistas.
Alyce intenta encontrar una salida dentro del mundo de los adultos. Busca ayuda, acepta una oportunidad y confía en una persona que parece tener capacidad para cambiar su situación.
Mia, en cambio, encuentra su refugio fuera de ese mundo: lo encuentra entre los gatos.
Esta diferencia hace que las dos novelas funcionen de manera distinta. Como un espectro se apoya sobre todo en la tensión psicológica y en la progresiva transformación de una relación aparentemente protectora en una relación de dominación.
Miao Dao tiene una dimensión más cercana al terror y al cuento gótico. La gata se convierte en una presencia que puede interpretarse desde distintos niveles: como animal real, como protectora o como una proyección de la necesidad de Mia de encontrar una figura capaz de defenderla.
Y esa ambigüedad es uno de los atractivos de la historia.
Joyce Carol Oates y el terror gótico
No creo que sea casual que Siruela presente el volumen como un homenaje al género gótico.
Oates utiliza algunos de los elementos tradicionales del género, pero los desplaza hacia escenarios reconocibles. El castillo se convierte en una universidad o en una casa familiar. El monstruo deja de tener una apariencia sobrenatural y puede adoptar el rostro de un profesor, un padrastro o un adolescente.
El resultado es un tipo de terror mucho más cercano.
En Como un espectro, el miedo nace de la manipulación y del poder.
En Miao Dao, el componente sobrenatural permite exteriorizar ese miedo y convertirlo en una figura protectora.
En ambas historias, sin embargo, la amenaza parte de una realidad social muy concreta.
Dos novelas breves, dos formas de inquietar al lector
Una de las ventajas de este volumen es precisamente su extensión. Son dos novelas breves que permiten acercarse a dos facetas diferentes de Joyce Carol Oates sin necesidad de enfrentarse a una de sus obras más extensas.
Y aunque ambas comparten preocupaciones temáticas, no producen exactamente la misma sensación.
Como un espectro me parece la historia más perturbadora desde el punto de vista psicológico. La relación entre Alyce y las figuras masculinas que la rodean genera una tensión que va creciendo a medida que comprendemos que la protagonista está entrando en un terreno del que puede resultar difícil escapar.
Miao Dao, en cambio, introduce una dimensión más simbólica. La presencia de los gatos y, sobre todo, de Miao Dao, permite que el relato se acerque al territorio del terror sobrenatural sin abandonar los problemas muy reales que afectan a Mia.
Las dos historias hablan de miedo, pero no utilizan el mismo lenguaje para expresarlo.
Mi opinión sobre Como un espectro / Miao Dao
Después de leer a Joyce Carol Oates en Delatora, este volumen confirma algo que ya estaba presente en aquella novela: su interés por las relaciones de poder, la violencia y las distintas formas de sometimiento.
Aquí encontramos esos temas condensados en dos historias de menor extensión, pero no por ello menos incómodas.
Lo que más me interesa es la manera en que Oates consigue que el terror surja de situaciones reconocibles. No necesita recurrir a grandes artificios. Le basta con mostrar cómo una joven puede quedar atrapada en una relación de poder o cómo una adolescente puede encontrarse sin protección ante los adultos y los chicos que la rodean.
Miao Dao me ha resultado especialmente interesante por el papel de la gata y por la ambigüedad que introduce en la historia. Hay algo perturbador en esa figura blanca que aparece como protectora de Mia y que transforma la novela en algo más que una historia de acoso y violencia.
Son dos novelas cortas, oscuras e inquietantes que permiten acercarse a una faceta muy interesante de Joyce Carol Oates: la autora capaz de utilizar el misterio y el gótico para hablar de problemas profundamente humanos.
No es una lectura cómoda, pero tampoco pretende serlo.
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