El peligro de estar cuerda, de Rosa Montero, es un extraño artefacto literario. Uno de esos libros difíciles de clasificar porque se mueve entre varios territorios sin pertenecer del todo a ninguno. Ensayo, memoria, ficción, divulgación científica y reflexión sobre el hecho de escribir se entrelazan en una obra que parte de una pregunta fascinante: qué relación existe entre la creatividad y esa forma de mirar el mundo que se aparta de lo considerado normal.
No es la primera vez que Montero construye una obra a partir de materiales tan diversos. Ya lo hizo en La loca de la casa y en La ridícula idea de no volver a verte, dos libros que, cada uno a su manera, desdibujan las fronteras entre géneros. En el primero convirtió la imaginación, la escritura y la propia condición de novelista en materia literaria; en el segundo partió de la muerte de Marie Curie y de su propia experiencia del duelo para construir una obra que era al mismo tiempo memoria, ensayo, biografía y reflexión sobre la pérdida.
El peligro de estar cuerda continúa esa línea, pero desplaza el centro de atención hacia la creación y hacia quienes viven, piensan o sienten de una manera que no termina de ajustarse a lo que se considera normal.
Un libro difícil de encerrar en un género
Partiendo de su experiencia personal y de la lectura de numerosos trabajos sobre psicología y neurociencia, además de novelas, memorias y testimonios de grandes creadores, Montero emprende una investigación sobre los mecanismos que intervienen en el acto creativo.
Pero no estamos ante un ensayo científico. La autora no pretende convertir el funcionamiento del cerebro en una explicación definitiva del talento artístico. Tampoco presenta la inestabilidad mental como condición necesaria para crear. Su recorrido resulta mucho más interesante porque acepta la complejidad y se mueve entre aquello que puede explicarse y aquello que todavía conserva una zona de misterio.
El lector va encontrando datos, historias, recuerdos, teorías y experiencias de escritores y artistas. Las piezas aparecen dispersas hasta que empiezan a formar un dibujo. De ahí esa sensación de estar siguiendo una investigación detectivesca: Montero formula preguntas, encuentra indicios, relaciona materiales y va construyendo delante de nosotros las conclusiones a las que llega.
Esa forma de construir el libro mientras lo estamos leyendo es uno de sus mayores atractivos.
La creatividad y la llamada normalidad
Uno de los asuntos centrales de El peligro de estar cuerda es la relación entre creatividad e inestabilidad mental. Es un terreno delicado porque durante siglos se ha alimentado la imagen romántica del artista atormentado, como si el sufrimiento fuese el precio inevitable del talento.
Montero se acerca a esta cuestión desde una posición mucho más matizada. El dolor no convierte a nadie en artista. Una enfermedad mental no es un pasaporte hacia la genialidad. Y la creatividad no pertenece en exclusiva a quienes se encuentran fuera de lo que llamamos normalidad.
Lo que sí plantea la autora es que determinadas formas de sensibilidad, percepción, imaginación o pensamiento pueden favorecer una mirada distinta sobre la realidad. Quien observa el mundo desde un ángulo poco convencional puede encontrar conexiones que otros no perciben. Esa diferencia puede ser una fuente de riqueza, aunque también pueda complicar la existencia.
Y aquí aparece una de las ideas que recorren toda la obra: el problema quizá no esté en ser diferente, sino en el precio que una persona puede pagar por esa diferencia.
La teoría de la «tormenta perfecta»
Entre las propuestas que Montero desarrolla está la teoría de la «tormenta perfecta», según la cual el estallido creativo surge de la combinación de numerosos factores que confluyen en un momento determinado.
No existe una fórmula que permita fabricar una obra genial. Intervienen elementos químicos, psicológicos, biográficos y circunstanciales. También cuentan la experiencia acumulada, la capacidad de relacionar ideas, el conocimiento, la sensibilidad y las condiciones concretas en las que se produce la creación.
La metáfora de la tormenta resulta apropiada porque una tormenta no depende de un único elemento. Necesita que coincidan determinadas condiciones. Lo mismo parece ocurrir con esa chispa que hace que una persona encuentre una idea, una imagen, una historia o una forma de expresión que hasta entonces no existía.
Sin embargo, incluso después de explicar todos esos factores, queda algo que se resiste a la explicación. Y ahí vuelve a entrar la literatura.
Las «hadas» y el precio de ser diferente
Una de las imágenes más sugerentes del libro es la de las «hadas» que conceden un don y exigen a cambio un precio. Es una metáfora que permite hablar de la creatividad sin convertirla en un premio gratuito.
Las personas consideradas normales, viene a decir Montero, quizá no tengamos que pagar ese precio. Pero también podemos correr el riesgo de vivir una existencia demasiado protegida, demasiado previsible, hasta morir de tedio en lugar de morir de amor.
La idea no invita a idealizar la locura ni el sufrimiento. Su interés está en otra parte: en reivindicar el derecho a no encajar por completo, a conservar una mirada propia y a entender que la diferencia no tiene por qué ser un defecto que deba corregirse.
En ese sentido, El peligro de estar cuerda es también una defensa apasionada de quienes se salen de la norma.
Entre el yo que sufre y el yo que controla
Hay otra cuestión que atraviesa el ensayo y que me parece fundamental: la necesidad de encontrar un equilibrio entre emoción y distancia.
Montero lo expresa con claridad cuando habla de «lograr cierta armonía entre el yo que sufre y el yo que controla». Crear exige implicación, pero también cierta capacidad para observar lo que uno mismo está haciendo. Hace falta sentir, pero también tomar distancia. Dejarse arrastrar por la imaginación y, al mismo tiempo, conservar la capacidad de ordenar aquello que aparece.
Esa tensión no pertenece solo a los escritores. Forma parte de cualquier proceso creativo y, en realidad, de la propia experiencia de vivir.
Quizá por eso el ensayo consigue trascender el asunto que parece anunciar su título. No habla únicamente de quienes escriben o de quienes padecen algún tipo de inestabilidad. Habla de la dificultad de encontrar un punto de equilibrio entre lo que somos y lo que necesitamos controlar para poder desenvolvernos en el mundo.
Rosa Montero y sus artefactos literarios
Lo que más me interesa de El peligro de estar cuerda es su pertenencia a esa zona tan particular de la obra de Rosa Montero en la que las fronteras entre géneros dejan de importar.
En La loca de la casa, la autora utilizó la imaginación y la escritura como materia narrativa. En La ridícula idea de no volver a verte, convirtió el duelo, la figura de Marie Curie y sus propias experiencias en una obra inclasificable que podía leerse como biografía, memoria, ensayo y relato íntimo.
Ahora vuelve a utilizar una estructura híbrida para hablar de la creatividad y de la mente. Y lo hace incorporando libros, investigaciones, recuerdos, testimonios y reflexiones personales sin que el resultado se convierta en una acumulación de referencias.
Ese es, a mi juicio, uno de los grandes logros de Montero: sabe utilizar materiales muy distintos y conseguir que terminen formando una obra con personalidad propia.
No busca encajar en una etiqueta. Construye el artefacto que necesita cada vez.
Una defensa de la diferencia
El peligro de estar cuerda me ha parecido un libro magnífico porque detrás de su investigación sobre la creatividad hay una cuestión mucho más humana: cómo miramos a quienes no son como nosotros.
Vivimos rodeados de categorías. Clasificamos las conductas, las personalidades, las formas de pensar y hasta las maneras de crear. Lo que se aparta de la norma suele provocar desconfianza, cuando no rechazo. Montero propone invertir esa mirada y preguntarnos qué perdemos cuando intentamos convertir toda diferencia en una anomalía.
La respuesta no consiste en afirmar que estar fuera de la norma sea siempre positivo. Hay sufrimientos que no tienen nada de hermoso y situaciones que necesitan ayuda. La autora no propone romantizarlos. Lo que reivindica es algo más sencillo y, a la vez, más difícil: aceptar que la normalidad no constituye la única forma válida de estar en el mundo.
Y quizá ahí esté la clave del título.
El peligro no está solo en perder la cordura. También puede existir un peligro en aferrarse demasiado a ella, en intentar permanecer siempre dentro de los límites conocidos, en renunciar a la imaginación para vivir con mayor comodidad.
Mi opinión sobre El peligro de estar cuerda
He disfrutado mucho con El peligro de estar cuerda. Es una lectura que combina conocimiento, curiosidad y experiencia personal sin perder nunca de vista la literatura. A ratos desconcierta, porque no responde a las expectativas habituales de un ensayo, pero esa rareza forma parte de su encanto.
Me ha recordado a La loca de la casa y a La ridícula idea de no volver a verte, aunque no sea una repetición de ninguno de los dos. Hay una continuidad evidente en esa voluntad de convertir materiales autobiográficos, científicos, literarios y ajenos en algo nuevo.
Y quizá «algo nuevo» sea la mejor manera de definir este libro.
Rosa Montero no intenta demostrar que los locos sean genios ni que los genios estén locos. Intenta comprender qué sucede cuando una persona mira la realidad desde un lugar diferente y decide convertir esa mirada en creación.
Al terminar la lectura me quedo con una idea que atraviesa todo el el libro: no deberíamos tener tanta prisa por normalizar aquello que se aparta de la norma. Algunas diferencias pueden doler, otras pueden complicar la vida, pero también pueden abrir caminos que nadie había visto antes.
Y eso convierte El peligro de estar cuerda en mucho más que un ensayo sobre creatividad. Es una defensa de la imaginación, de la singularidad y del derecho a mirar el mundo desde otro lugar.
Un magnífico artefacto literario.
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