El agrohorror como eje de Territorios

La clave de Territorios está también en lo que el libro plantea como una forma de agrohorror: un fantástico desplazado al entorno rural. Campos, pueblos y carreteras secundarias se convierten en escenarios reconocibles que poco a poco se cargan de una inquietud sorda. En estos relatos de David Roas, no hay grandes estallidos de terror; lo extraño se filtra lentamente, crece despacio y acaba imponiéndose como si siempre hubiera estado allí.

Lo interesante es que el autor no convierte el campo en un espacio exótico ni aislado. Al contrario, los escenarios que aparecen en el libro resultan familiares y cercanos. Precisamente por eso funcionan tan bien como generadores de inquietud. Roas demuestra que lo perturbador no necesita esconderse en lugares remotos: puede surgir en cualquier rincón cotidiano, en esos espacios que creemos conocer perfectamente.

Un estilo sobrio al servicio de la inquietud

El estilo de Roas es sobrio y contenido, una de las grandes virtudes de Territorios. Cuanto más limpia resulta la prosa, más perturbadores se vuelven los acontecimientos. El autor no necesita excesos ni adornos: le basta con alterar un detalle para que la realidad se tambalee.

El ritmo sigue esa misma lógica, avanzando sin prisa y construyendo una falsa sensación de normalidad. Cuando algo se rompe, lo hace con una sutileza que obliga al lector a reinterpretar todo lo leído. Esa capacidad para generar desasosiego sin recurrir a efectos espectaculares es una de las señas de identidad de Roas y vuelve a funcionar aquí con notable eficacia.

Además, cada relato está construido con una precisión casi quirúrgica. No hay escenas superfluas ni explicaciones innecesarias. Todo parece estar calculado para conducir al lector hacia una sensación de incertidumbre creciente que se mantiene incluso después de terminar la lectura.

Los guiños al fantástico y al terror

Otro aspecto especialmente disfrutable de Territorios son los guiños al género fantástico y al terror. Tanto en los títulos como dentro de los relatos aparecen referencias a autores, espacios y códigos bien conocidos por los lectores habituales del género.

No funcionan únicamente como homenajes, sino como complicidades que enriquecen la experiencia de lectura. Quien esté familiarizado con la tradición fantástica encontrará múltiples capas de significado, mientras que quien no las identifique podrá disfrutar igualmente de los relatos sin sentir que se pierde nada esencial. Ese equilibrio entre accesibilidad y profundidad es uno de los aciertos del libro.

Los temas: identidad, percepción y territorio

En cuanto a los temas, David Roas vuelve sobre algunas de sus obsesiones habituales: la percepción, la identidad y la fragilidad de lo real. Sin embargo, en este libro añade una dimensión especialmente relevante: el territorio como espacio simbólico.

No solo importa lo que ocurre, sino también dónde ocurre y cómo ese entorno condiciona la experiencia de los personajes y del lector. Los paisajes dejan de ser simples escenarios para convertirse en elementos activos del relato. El espacio influye en la manera de percibir la realidad y contribuye a erosionar las certezas de quienes lo habitan.

A medida que avanzan los cuentos, aparece una idea recurrente: la sensación de que el mundo conocido puede volverse extraño en cualquier momento. Esa pérdida de referencias conecta directamente con algunas de las preocupaciones centrales de la literatura fantástica contemporánea.

Un libro muy cohesionado

Algunos lectores podrían considerar que la fuerte coherencia temática del conjunto genera cierta sensación de reiteración. Sin embargo, esa aparente repetición forma parte del propio proyecto literario de Roas: explorar una misma grieta desde diferentes perspectivas hasta llevarla a sus últimas consecuencias.

Los relatos dialogan constantemente entre sí y construyen una identidad común que da unidad al volumen. Más que una recopilación de cuentos independientes, Territorios puede leerse como una exploración sostenida de un conjunto de ideas y obsesiones que se reflejan de formas distintas en cada historia.

Valoración final de Territorios

En conjunto, Territorios es un libro sólido, inteligente y plenamente consciente de sus objetivos. No pretende reinventar la literatura fantástica, sino desplazarla hacia espacios cotidianos donde rara vez buscamos lo inquietante.

David Roas vuelve a demostrar por qué es una de las voces más importantes del fantástico español contemporáneo. Su capacidad para introducir la duda en escenarios aparentemente normales, su precisión narrativa y su dominio de los mecanismos de la extrañeza convierten esta obra en una lectura muy recomendable para los aficionados al género.

Desde ese ángulo del horror que señala Cristina Fernández Cubas, Roas nos invita a recorrer territorios familiares para descubrir que, en realidad, seguimos siendo forasteros en un mundo que creíamos conocer. Territorios no busca asustar mediante sobresaltos ni monstruos evidentes; su objetivo es algo más inquietante: hacernos sospechar que la realidad quizá nunca fue tan estable como pensábamos.


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