Más que una novela de suspense convencional, La víspera de casi todo es una historia sobre personas heridas que intentan seguir adelante cuando el pasado no está dispuesto a desaparecer. Publicada por Ediciones Destino en 2016 y ganadora del Premio Nadal de ese mismo año, la novela reúne muchos de los elementos que caracterizan la narrativa de Víctor del Árbol: personajes complejos, secretos, culpa, violencia, memoria y una trama criminal que sirve como punto de partida para hablar de algo mucho más profundo. El crimen importa, pero lo que termina atrapando al lector es descubrir qué ha llevado a cada personaje hasta el lugar en el que se encuentra.
Germinal Ibarra y una mujer que llega huyendo
Germinal Ibarra es un policía desencantado al que persiguen los rumores y su propia conciencia. Después de la resolución del caso del asesinato de la pequeña Amanda, que lo convirtió en un héroe que nunca quiso ser, pidió el traslado a una comisaría de La Coruña, donde esperaba encontrar el anonimato y cierta distancia respecto a un pasado que todavía pesa sobre él. Pero esa tranquilidad dura poco: una noche recibe una llamada del hospital porque una mujer ha ingresado con graves contusiones y quiere hablar con él.
Esa mujer es Paola, una persona marcada también por sus propias heridas que meses antes había llegado a la costa gallega intentando escapar de su vida anterior. Allí encuentra refugio en casa de Dolores, una mujer solitaria y marcada por su propio pasado, que termina acogiéndola. A partir de ese momento, las historias de Germinal, Paola y Dolores comienzan a acercarse hasta encontrarse, mientras Víctor del Árbol va añadiendo capas a una trama en la que cada personaje guarda secretos que el lector irá descubriendo poco a poco.
La Costa da Morte como parte de la historia
Uno de los elementos que más me gustan de La víspera de casi todo es el papel que desempeña el paisaje. La Costa da Morte no es un simple escenario en el que colocar la acción, sino un espacio que contribuye a crear la atmósfera de la novela, con su aislamiento, su humedad, sus silencios y su dureza. Víctor del Árbol consigue que el entorno acompañe el estado emocional de los personajes y que ese paisaje gallego se convierta casi en una prolongación de sus heridas.
La costa funciona además como refugio para quienes quieren desaparecer y, al mismo tiempo, como un lugar del que resulta difícil escapar. Esa relación entre paisaje y personajes aporta a la novela una atmósfera oscura y contenida que refuerza la sensación de aislamiento. No hace falta que el autor recargue las descripciones para conseguirlo, porque el propio espacio termina formando parte de la historia y de la tensión que la recorre.
Una novela sobre heridas que no desaparecen
El suspense está presente, pero para mí no es lo más importante de la novela. Lo que realmente sostiene La víspera de casi todo son sus personajes y todo aquello que arrastran consigo, porque Germinal, Paola y Dolores son personas heridas de maneras diferentes y cada uno ha vivido situaciones que han dejado una marca difícil de borrar. La culpa, la memoria y la necesidad de encontrar alguna forma de redención tienen un peso especial, aunque Víctor del Árbol no presenta estas cuestiones de una manera sencilla ni ofrece una reparación fácil para los errores cometidos.
El pasado sigue presente porque forma parte de quienes son. Esta es una de las constantes que encuentro en la narrativa del autor: sus personajes no comienzan la historia desde cero, sino que llegan con una vida anterior, con decisiones tomadas y con heridas que condicionan lo que harán después. Por eso la historia resulta más interesante a medida que conocemos lo ocurrido antes, porque cada nuevo dato modifica nuestra percepción de los personajes.
Personajes que no son héroes ni villanos
Germinal Ibarra podría haber sido construido como el típico policía atormentado de una novela negra, pero Víctor del Árbol va mucho más allá y lo convierte en un hombre desencantado, cansado y marcado por todo lo que ha vivido. No busca convertirse en héroe y, de hecho, una de las características más interesantes del personaje es su rechazo hacia esa imagen que otros han construido de él. Paola tampoco encaja en el papel de víctima indefensa, mientras que Dolores aporta otra dimensión a la novela al convertirse en refugio para una mujer que llega huyendo de su pasado.
Los tres personajes tienen algo en común: están intentando sobrevivir a unas circunstancias que no han sabido o no han podido dejar atrás. Víctor del Árbol se acerca a ellos sin convertirlos en figuras completamente buenas o malas y permite que conozcamos sus contradicciones antes de juzgar sus actos. Hay personas que hacen daño, otras que lo sufren y otras que intentan sobrevivir como pueden a las consecuencias de lo que han vivido, y esa ambigüedad es una de las características que más me interesan de su narrativa.
Una estructura que juega con el tiempo
La novela alterna distintas líneas temporales y perspectivas, de manera que al principio algunas historias pueden parecer independientes, pero poco a poco comprendemos cómo están relacionadas. Este recurso permite que la información llegue al lector de forma gradual y que vayamos reconstruyendo el pasado a medida que avanzamos, algo que encaja con una historia en la que la memoria tiene tanta importancia.
Los saltos temporales no están ahí para complicar la narración, sino para construir la identidad de los personajes y explicar cómo han llegado hasta el presente. La prosa de Víctor del Árbol mantiene un tono intenso, pero no necesita recurrir al exceso para transmitir emociones, porque muchas veces son los silencios, los gestos y aquello que los personajes no dicen lo que genera mayor tensión.
El suspense está en las personas
En La víspera de casi todo, la intriga funciona de una manera distinta a la de un thriller basado en la sucesión de giros. Queremos saber qué ocurrió, pero también queremos comprender a los personajes y descubrir por qué determinadas personas han tomado ciertas decisiones y qué consecuencias tendrán. La investigación policial sirve como hilo que conecta las diferentes historias, pero debajo de ella encontramos una novela sobre la culpa, la violencia, el miedo y la necesidad de empezar de nuevo.
Esta combinación entre intriga y conflicto humano es, para mí, uno de los grandes aciertos de Víctor del Árbol. El interés no procede solo de descubrir qué sucederá después, sino de entender qué ha llevado a los personajes hasta ese punto y qué harán cuando tengan que enfrentarse a las consecuencias de sus decisiones.
El pasado como una presencia constante
Si tuviera que señalar uno de los grandes temas de la novela, sería la imposibilidad de escapar del pasado. Los personajes pueden cambiar de ciudad, esconderse, intentar olvidar o comenzar una nueva vida, pero lo ocurrido sigue ahí y termina apareciendo en sus decisiones, en sus relaciones y en la forma en que se enfrentan a los demás.
Por eso el título me parece especialmente acertado. Los personajes se encuentran en ese momento extraño en el que todavía pueden imaginar una vida diferente, pero para conseguirla tienen que enfrentarse primero a aquello que intentaron dejar atrás. El pasado no aparece como un simple antecedente narrativo, sino como una fuerza que condiciona el presente y que obliga a cada uno de ellos a decidir qué hacer con sus propias heridas.
Una novela negra con mucha carga humana
La víspera de casi todo es una novela negra, pero reducirla a ese género sería quedarse en la superficie. Víctor del Árbol utiliza la intriga para hablar de personas que han sufrido, que han cometido errores y que buscan alguna forma de continuar, sin ofrecer soluciones fáciles ni redenciones automáticas. Lo que encontramos son personajes que intentan reparar lo que pueden, aunque sepan que determinadas cosas no pueden borrarse.
La novela ganó el Premio Nadal en 2016, consolidando una trayectoria en la que Víctor del Árbol ya había demostrado su interés por la novela negra y por los conflictos humanos que se esconden detrás de las tramas criminales. El reconocimiento encaja con una obra en la que la investigación es solo una parte de una historia mucho más amplia sobre la memoria, la culpa y las consecuencias de aquello que hacemos.
Mi opinión sobre La víspera de casi todo
Lo que más me ha interesado de La víspera de casi todo es que Víctor del Árbol no utiliza el suspense como un fin en sí mismo. La investigación nos conduce hacia la historia, pero son los personajes los que hacen que queramos continuar, porque Germinal, Paola y Dolores son personas rotas que intentan encontrar una salida desde lugares muy diferentes.
Me gusta esa forma de escribir novela negra, en la que una historia puede mantener la intriga y al mismo tiempo obligarnos a mirar a sus personajes más allá de sus actos. En La víspera de casi todo, el crimen sirve como punto de partida para hablar de la memoria, la culpa, la violencia y las consecuencias de las decisiones que tomamos, pero también de la posibilidad de reconstruirse después de haber pasado por situaciones que parecen imposibles de superar.
Para mí, es una novela en la que importa tanto descubrir qué ha ocurrido como comprender por qué sus personajes han llegado hasta allí. Y esa combinación entre suspense, personajes complejos y una atmósfera muy marcada es la que hace que La víspera de casi todo sea una obra especial
Descubre más desde El baúl de Xandris
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
