Hay novelas que no buscan contar una historia de forma convencional, sino introducir al lector en una zona de incertidumbre donde resulta difícil distinguir entre lo que ocurrió, lo que se recuerda y lo que quizá nunca sucedió. Diabulus in musica, de Espido Freire, pertenece a ese territorio. Publicada por Planeta en 2001, la novela plantea una historia de amor atravesada por la obsesión, la pérdida y la presencia de los fantasmas, pero su verdadero interés está en algo más complejo: la dificultad de saber quiénes somos cuando nuestra identidad se construye a partir de los demás.

La novela presenta a una mujer cuyo nombre nunca conocemos, una narradora que recuerda a dos hombres vinculados de una forma extraña. Christopher Random es un actor acostumbrado a convertirse en otras personas; Balder Goienuri, en cambio, queda ligado a él hasta el punto de dedicar su existencia a interpretarlo. Entre ambos aparece la protagonista, atrapada en una relación en la que el amor, la memoria y la representación terminan formando un nudo difícil de deshacer.

Espido Freire plantea así una historia que se mueve entre Bilbao y Londres, entre el pasado y el presente, entre aquello que podemos considerar real y aquello que pertenece a una dimensión más incierta. La propia autora ha definido la novela como una historia de amor entre una mujer, un hombre y un fantasma, o quizá dos fantasmas.

Una novela sobre la identidad y la obsesión

Uno de los aspectos más interesantes de Diabulus in musica es la importancia que adquiere la identidad. Christopher Random es un actor y, por tanto, alguien acostumbrado a adoptar otras personalidades. Balder, por su parte, vive condicionado por su fascinación hacia él. La protagonista tampoco posee un nombre que la fije ante el lector.

No es un detalle menor. Los personajes parecen definidos por aquello que representan para los demás, como si ninguno pudiera existir del todo al margen de las miradas, los recuerdos y las obsesiones ajenas. El amor deja entonces de ser un encuentro entre dos personas para convertirse en una forma de dependencia y de búsqueda.

La novela plantea una pregunta incómoda: ¿amamos a una persona concreta o a la imagen que hemos construido de ella? En Diabulus in musica esa diferencia resulta esencial, porque los personajes persiguen recuerdos, representaciones y versiones de quienes fueron. El pasado no funciona como una simple explicación de lo ocurrido, sino como una presencia que continúa condicionando el presente.

El significado de Diabulus in musica

El título procede de una antigua denominación musical relacionada con el tritono, un intervalo considerado disonante y asociado durante siglos con una ruptura de la armonía. Espido Freire utiliza esa idea como principio estructural de la novela: allí donde debería existir equilibrio aparece una disonancia que altera el conjunto.

La autora explicó en una entrevista de 2001 que ese intervalo representaba para ella el estado de ánimo de la protagonista y del resto de los personajes.

La metáfora funciona porque la novela está construida sobre esa ruptura. Hay una realidad que parece ordenada, pero basta con introducir en ella un recuerdo, una ausencia o una aparición para que todo empiece a resquebrajarse. El fantasma no es solo una figura sobrenatural: representa también aquello que el personaje no ha conseguido dejar atrás.

Y ahí reside uno de los aciertos de la novela. Lo fantástico no aparece como un elemento independiente de la psicología de los personajes, sino que se mezcla con ella hasta hacer difícil establecer una frontera clara.

Entre Bilbao y Londres

Los espacios también contribuyen a crear esa sensación de extrañeza. La novela comienza en Bilbao y se desplaza después hacia Londres, dos ciudades que adquieren una dimensión literaria y emocional. No son simples escenarios donde se desarrolla la acción, sino lugares vinculados al recuerdo y a la transformación de los personajes.

Bilbao aparece asociada al pasado y a la memoria, mientras Londres introduce otro espacio de desarraigo. La propia Espido Freire ha explicado que la novela se mueve entre Londres y «ninguna parte», una expresión que resume bien la condición errante de sus personajes.

La atmósfera tiene mucho peso en la lectura. Hay niebla, espacios deteriorados, silencios y una sensación constante de que algo permanece oculto. Sin necesidad de recurrir a los mecanismos del terror convencional, Espido Freire consigue que el lector perciba una amenaza difícil de concretar.

La memoria como territorio inestable

La narradora cuenta desde el recuerdo y eso condiciona toda la novela. No estamos ante una historia que avance de forma lineal y transparente, sino ante una reconstrucción en la que el pasado regresa de manera fragmentaria.

Esta forma de narrar resulta coherente con el tema central. La memoria no reproduce los acontecimientos como una grabación, sino que los modifica, los selecciona y los mezcla con aquello que deseamos recordar. En Diabulus in musica, esa incertidumbre alcanza también al lector, que debe aceptar que no todo puede resolverse con una explicación racional.

Puede resultar una lectura exigente, porque Espido Freire no facilita siempre una interpretación cerrada. Sin embargo, esa resistencia forma parte del sentido de la novela. La autora ha contado que uno de los riesgos que asumió al escribirla fue que los lectores no supieran qué pertenecía a la realidad y qué a la mentira.

Una escritura marcada por la música

La música no funciona como simple decoración. Está integrada en la estructura simbólica de la novela y sirve para hablar del orden, la ruptura y el caos. No es casual que Espido Freire llegara a la literatura después de una formación musical: antes de dedicarse a escribir fue cantante de música clásica durante buena parte de su infancia y adolescencia.

Ese conocimiento aparece transformado en literatura. La armonía musical se convierte en una metáfora de una existencia que pretende mantener el equilibrio hasta que algo irrumpe y lo rompe.

De ahí que el título resulte tan apropiado. El diabulus in musica es la disonancia que no debería estar ahí y que, sin embargo, altera toda la composición. En la vida de los personajes ocurre algo parecido: una pérdida, una obsesión o una identidad asumida acaba modificando para siempre aquello que parecía estable.

Una novela que sigue resultando incómoda

Creo que uno de los mayores atractivos de Diabulus in musica está en que no pretende facilitarle el trabajo al lector. No es una novela que pueda reducirse a una historia de amor con fantasmas. Tampoco conviene leerla como una novela fantástica convencional, porque lo sobrenatural está demasiado ligado a la subjetividad de los personajes.

Espido Freire construye una historia de obsesiones, pérdidas y falsas identidades en la que cada personaje parece perseguir algo que ya no puede recuperar. El amor aparece unido a la posesión, la memoria a la deformación y la identidad a la representación.

Es una novela de principios de siglo que conserva una extraña capacidad para incomodar porque no ofrece una separación limpia entre realidad y fantasía. La propia autora revisó el texto para una nueva edición publicada en 2020 y explicó entonces que había regresado a la novela para corregir algunos de sus errores y debilidades. También señaló que el crecimiento posterior de la literatura fantástica había cambiado la manera de leer una obra que, en 2001, podía resultar mucho más excepcional.

Y quizá ahí esté una de las razones por las que merece recuperar Diabulus in musica ahora. No tanto para comprobar si ha envejecido bien como para observar qué ocurre cuando una novela que trabaja con fantasmas, identidades inestables y realidades ambiguas vuelve a encontrarse con lectores acostumbrados a transitar por esos territorios.

Mi opinión sobre Diabulus in musica

Diabulus in musica no es una novela que busque conquistar al lector desde la facilidad. Su ritmo pausado, su estructura marcada por los recuerdos y la incertidumbre que rodea a los personajes pueden exigir paciencia. A cambio, ofrece una lectura mucho más interesante que la de una historia de amor convencional.

Lo que permanece después de terminarla no es tanto la intriga como la sensación de haber entrado en una relación marcada desde el principio por la ausencia. Los personajes aman, recuerdan, representan y persiguen, pero rara vez consiguen encontrarse de verdad.

Espido Freire utiliza el fantasma para hablar de aquello que no desaparece cuando una persona se marcha: una imagen, una obsesión, una culpa, una versión de nosotros mismos. En ese sentido, lo sobrenatural termina siendo casi una consecuencia natural de la memoria.

Diabulus in musica es una novela de amor, pero también una novela sobre la imposibilidad de poseer aquello que amamos. Una historia de fantasmas, sí, aunque los fantasmas más inquietantes no sean necesariamente los que aparecen en las páginas, sino los que los personajes llevan consigo.


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