Quien lleva tiempo leyendo manuscritos descubre enseguida un patrón: hay errores que se repiten una y otra vez. No aparecen porque los escritores carezcan de talento, sino porque todos comenzamos el aprendizaje desde un punto muy parecido.

La buena noticia es que casi todos esos fallos tienen solución. Aprender a detectarlos durante la revisión mejora la calidad del texto y ayuda a desarrollar un estilo más personal. En este artículo repasamos algunos de los errores más habituales que cometen los escritores principiantes y cómo corregirlos.

1. Abusar de los clichés

Los clichés son expresiones, imágenes o comparaciones tan repetidas que han perdido gran parte de su fuerza.

Frases como «sus ojos eran el espejo del alma», «el silencio era sepulcral» o «el tiempo se detuvo» apenas despiertan ya la imaginación del lector. Son fórmulas conocidas que pasan desapercibidas porque las hemos leído cientos de veces.

No significa que estén prohibidas, pero cuanto más original sea la imagen, mayor impacto tendrá.

Cómo evitar los clichés

Cuando encuentres una expresión muy conocida, pregúntate si puedes transmitir la misma idea con tus propias palabras.

Durante la revisión intenta localizar esas frases hechas que utilizamos casi sin pensar. Muchas veces basta con detenerse unos minutos para encontrar una imagen más personal.

Ejemplo

Cliché

Estaba entre la espada y la pared.

Versión más personal

Cada decisión tenía un precio distinto y sabía que, eligiera la que eligiera, perdería algo importante.

2. Repetir palabras e ideas

Las repeticiones son uno de los problemas más frecuentes en los primeros borradores.

En ocasiones repetimos la misma palabra varias veces en un párrafo. Otras veces repetimos una idea utilizando frases diferentes, sin aportar información nueva.

Este tipo de redundancias ralentiza la lectura y da la sensación de que el texto avanza con dificultad.

Cómo detectar las repeticiones

Utiliza el buscador de tu procesador de textos para comprobar cuántas veces aparece una palabra.

Leer el manuscrito en voz alta también ayuda mucho. El oído detecta con rapidez aquello que el ojo pasa por alto.

Y recuerda que repetir una palabra no siempre es un error. La repetición puede convertirse en un recurso estilístico muy eficaz cuando responde a una intención narrativa.

3. Sobrecargar las descripciones con adjetivos

Existe la tentación de pensar que cuantos más adjetivos utilicemos, más rica será la descripción.

En realidad suele ocurrir lo contrario.

Cuando un bosque es «oscuro, tenebroso, lúgubre, inquietante y amenazador», ninguno de esos adjetivos consigue destacar.

Un solo término bien elegido suele resultar mucho más expresivo que una larga acumulación de calificativos.

Cómo mejorar las descripciones

Escoge el adjetivo más preciso y elimina el resto.

En muchas ocasiones el propio sustantivo ya transmite la atmósfera necesaria y no necesita añadidos.

4. Utilizar un lenguaje demasiado plano

Frases como «estaba muy feliz», «era muy bonito» o «tenía mucho miedo» informan al lector, pero apenas provocan una reacción emocional.

Gran parte del problema suele estar en el abuso de verbos como ser y estar o de intensificadores como muy.

Cómo dar más fuerza a una frase

En lugar de explicar una emoción, intenta mostrar cómo se manifiesta.

Antes

Se sintió feliz.

Después

Una sonrisa apareció en su rostro antes incluso de que fuera consciente de ella.

Las acciones, los gestos y los detalles concretos suelen transmitir mucho más que una explicación directa.

5. Explicar lo que el lector ya ha entendido

Uno de los errores más habituales consiste en insistir sobre una idea que ya ha quedado clara.

Ejemplo

Se sintió completamente solo. No había nadie con él.

La segunda frase no añade información. Solo repite lo que el lector ya ha comprendido.

Confía en la inteligencia del lector

La literatura funciona mejor cuando deja espacio para que el lector participe.

No es necesario explicar cada emoción, cada intención o cada símbolo. Si la escena está bien construida, muchas conclusiones surgirán de forma natural.

Durante la revisión, elimina todas aquellas frases que únicamente repiten lo que el texto ya ha mostrado.

Revisar también es escribir

Muchos escritores creen que el verdadero trabajo termina cuando escriben la última página del manuscrito. En realidad, es justo entonces cuando comienza una de las fases más importantes: la revisión.

Corregir un texto no consiste únicamente en eliminar faltas de ortografía. También implica detectar repeticiones, pulir el estilo, sustituir imágenes gastadas y reforzar aquellas escenas que todavía no transmiten todo su potencial.

Ningún primer borrador nace perfecto. Todos necesitan tiempo, distancia y una mirada crítica.

Aprender de los errores forma parte del oficio

Todos los escritores han cometido alguno de estos errores. La diferencia entre un autor que mejora y otro que se estanca no está en equivocarse, sino en aprender a reconocer esos fallos y corregirlos.

Cada revisión es una oportunidad para escribir mejor que la anterior. Cada página corregida ayuda a construir una voz más sólida y una narrativa más eficaz.

Porque escribir bien no consiste en no cometer errores. Consiste en saber detectarlos, comprender por qué aparecen y transformarlos en una oportunidad para seguir creciendo como escritor.

¿Cuál de estos errores te ha costado más corregir? ¿Añadirías alguno más a la lista? Te leo en los comentarios.


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