Nos llevamos una sombra adherida a la piel. Esa podría ser una de las ideas que mejor resumen Teseo en llamas, de Beatriz Alcaná, una novela publicada por Ediciones del Viento que recibió el XXVII Premio de Novela Ciudad de Salamanca y el Premio Kelvin 505 a la mejor novela original en castellano.
Mi primera impresión al terminar Teseo en llamas fue preguntarme por qué había tardado tanto en leerla. La había comprado en el Celsius 232 y, durante un tiempo, permaneció en esa zona de la estantería donde se acumulan los libros que sabemos que queremos leer, pero que siempre terminan esperando su turno.
Al cerrar la novela regresó una sensación que creía perdida: la de terminar un libro y no encontrarle ninguna pega, ni siquiera una pequeña. Me recordó a la sorpresa de la infancia, cuando una historia podía atraparnos hasta el punto de que cualquier defecto quedaba fuera de nuestro campo de visión. Con Teseo en llamas me ocurrió algo parecido, aunque después, al pensar en ella con mayor distancia, descubrí que su interés no reside solo en la historia que cuenta, sino en la forma en que Beatriz Alcaná construye el horror a partir de aquello que los personajes han aprendido a callar.
La novela comienza con Berta, una muchacha de diecinueve años que llega a Madrid en el otoño de 1950 para trabajar en la farmacia de un tío al que apenas conoce. Busca escapar de un ambiente opresivo y acaba entrando en otro espacio donde la amenaza adopta una forma más difícil de identificar. La casa de los Egeo guarda secretos, heridas y silencios que afectan a todos sus habitantes.
En ese comienzo encontré un eco de Nada, de Carmen Laforet. No porque ambas novelas cuenten la misma historia, sino por la llegada de una joven a una casa ajena, la incertidumbre ante la familia que la recibe y esa sensación de entrar en un espacio doméstico donde algo no encaja. En Teseo en llamas, sin embargo, la amenaza va mucho más allá de la tensión familiar. La casa se convierte en el centro de una historia de terror donde el pasado no permanece enterrado.
Y ahí aparece uno de los grandes aciertos de la novela.
Una casa que guarda demasiado
El terror de Teseo en llamas no necesita depender de criaturas sobrenaturales. Surge de los secretos, de las relaciones familiares, de aquello que todos conocen pero nadie quiere nombrar. La casa de los Egeo funciona como una prolongación de sus habitantes: sus habitaciones contienen recuerdos, pero también aquello que la familia ha decidido esconder.
El desván adquiere una importancia especial dentro de ese universo. No es solo un lugar físico donde se almacenan objetos y recuerdos. Es el espacio de lo reprimido, aquello que ha sido apartado de la vida cotidiana para poder mantener una apariencia de normalidad.
La novela parte de una situación reconocible para conducirnos hacia un territorio cada vez más oscuro. Lo cotidiano y lo extraño conviven sin que exista una frontera clara entre ambos. Esa ambigüedad es una de las herramientas que utiliza Alcaná para mantener la tensión.
La historia puede leerse como una novela de terror, pero también como una novela familiar atravesada por la violencia, la culpa y la imposibilidad de escapar del pasado. El horror no llega desde fuera: forma parte de la propia estructura familiar.
Y esa idea conecta de manera directa con el título.
El mito detrás de Teseo
El título invita desde el principio a mirar hacia la mitología clásica. Teseo no es un nombre elegido al azar y la presencia del mito proporciona una segunda lectura a la historia.
Pensé en Egeo, padre de Teseo, que se arroja al mar al creer muerto a su hijo y da nombre al que conocemos como mar Egeo. Pero las referencias mitológicas de la novela no funcionan como simples adornos culturales. Alcaná las utiliza para establecer correspondencias entre los personajes y los relatos clásicos, entre aquello que ocurrió en el pasado y aquello que vuelve a repetirse bajo otras formas.
La propia autora ha abordado la relación de Teseo en llamas con la mitología clásica, hasta el punto de participar en Salamanca en una conferencia dedicada a las revisiones contemporáneas del mito.
Esta dimensión mitológica enriquece la novela porque permite entender la historia de los Egeo como algo más que una sucesión de desgracias familiares. Los personajes parecen atrapados en una herencia que no han elegido, pero que tampoco consiguen abandonar.
La sombra de los mitos se mezcla con la sombra de la familia.
Berta y la mirada del miedo
Uno de los elementos que mejor funcionan es la focalización sobre Berta. La narración en primera persona nos permite entrar en sus dudas, sus miedos y su creciente desconcierto. No sabemos más que ella y esa limitación resulta esencial para la construcción de la tensión.
Berta llega a la casa sin conocer su verdadera historia. El lector ocupa una posición semejante: observa, escucha, recoge indicios y trata de comprender qué sucede detrás de determinados comportamientos.
Alcaná no entrega todas las respuestas de inmediato. La información aparece fragmentada y obliga a reconstruir el pasado de los personajes. La alternancia entre la primera y la tercera persona amplía ese mecanismo, porque permite acercarnos a acontecimientos y personajes que Berta no puede conocer.
Así se construye un rompecabezas en el que cada pieza modifica la percepción de las anteriores.
La elección narrativa también contribuye a la sensación de claustrofobia. Berta está dentro de la casa, pero el lector también lo está. Cuanto más conocemos a sus habitantes, menos tranquilizadora resulta la posibilidad de permanecer allí.
El terror de lo cotidiano
Hay otro aspecto de Teseo en llamas que me parece especialmente interesante: su capacidad para convertir lo cotidiano en una fuente de amenaza.
No hace falta recurrir a un monstruo que irrumpa desde un lugar desconocido. El miedo puede encontrarse en una familia, en una casa, en una relación de poder o en una historia que nadie quiere recordar.
La novela está situada en la España de posguerra y ese contexto resulta fundamental. La represión social y política encuentra un reflejo en la represión familiar. Lo que no puede decirse se transforma en secreto; lo que no puede mostrarse se esconde; aquello que amenaza la apariencia de normalidad termina convertido en algo que debe permanecer fuera de la vista.
En ese sentido, el horror de la novela adquiere una dimensión social. La familia Egeo no vive aislada de su época. Sus comportamientos y sus silencios forman parte de una sociedad acostumbrada a ocultar aquello que incomoda.
El mal puede instalarse así en la vida cotidiana sin necesidad de presentarse como algo extraordinario.
Mitos, monstruos y memoria
Las referencias culturales amplían todavía más el universo de la novela. La mitología griega convive con referencias literarias y con elementos relacionados con la historia colonial y los rituales de vudú. Estos materiales podrían haber convertido la novela en una acumulación de referencias, pero Alcaná consigue integrarlos dentro de la atmósfera general de la historia.
También resulta interesante la manera en que la autora juega con la idea de lo monstruoso. El monstruo no es siempre una criatura ajena al ser humano. Puede ser aquello que una persona es capaz de hacer y, sobre todo, aquello que una familia está dispuesta a aceptar para conservar sus secretos.
Aquí Teseo en llamas adquiere una lectura más inquietante. La violencia no desaparece cuando deja de hablarse de ella. Permanece. Pasa de una generación a otra. Se transforma en miedo, culpa, silencio o resentimiento.
La sombra sigue adherida a la piel.
Una novela de terror con muchas capas
Teseo en llamas comienza con apariencia de novela costumbrista y familiar para avanzar hacia un territorio de terror, misterio y suspense psicológico. Esa transformación constituye uno de sus mayores atractivos.
La editorial define la novela como un folletín gótico refinado y señala sus vínculos con autores como Oscar Wilde, Arthur Conan Doyle y Bram Stoker. Pero la novela no se limita a reproducir los mecanismos del gótico clásico. Los desplaza hacia una España marcada por la posguerra y los utiliza para hablar de la familia, la represión y la memoria.
También encontré en sus páginas ecos de Henry James y Shirley Jackson, sobre todo en el uso de la ambigüedad y en esa incertidumbre que obliga al lector a preguntarse dónde termina la realidad y dónde comienza la percepción alterada de quien cuenta la historia.
Y ahí está una de las virtudes de Beatriz Alcaná: no necesita explicarlo todo.
Hay historias que pierden fuerza cuando el autor decide despejar cada sombra. En Teseo en llamas, algunas permanecen en el límite de lo visible y eso hace que continúen trabajando en la imaginación después de cerrar el libro.
Una historia sobre lo que heredamos
Más allá del misterio y del terror, lo que queda después de la lectura es una reflexión sobre aquello que heredamos sin haberlo elegido.
Hereditamos nombres, historias familiares, silencios y culpas. También heredamos los monstruos que otros construyeron antes que nosotros.
Berta entra en la casa de los Egeo buscando una salida y descubre que algunas puertas conducen hacia lugares de los que resulta difícil regresar. El pasado no es una habitación cerrada. Es una presencia que continúa actuando sobre quienes intentan ignorarlo.
El desenlace resulta devastador, pero no arbitrario. Cuando llegamos a él, muchas de las piezas que parecían dispersas encuentran su lugar y comprendemos que la novela llevaba desde el principio hacia ese punto.
Teseo en llamas es una novela de terror, pero reducirla a esa etiqueta sería quedarse en la superficie. Es también una novela sobre la familia, la memoria, la represión y las consecuencias de aquello que decidimos ocultar.
Beatriz Alcaná construye una historia en la que los mitos clásicos dialogan con la España de posguerra y en la que el horror no necesita entrar por la ventana porque ya vive dentro de la casa.
Una novela que compré en el Celsius 232 y que tardé demasiado en leer. Una de esas ocasiones en las que terminar un libro provoca una pregunta sencilla: ¿por qué no lo había leído antes?
La respuesta, esta vez, solo puede ser recomendarlo.
Teseo en llamas, de Beatriz Alcaná, es una novela para quienes disfrutan del terror gótico, el suspense psicológico, las historias familiares cargadas de secretos y esas narraciones en las que el pasado nunca termina de desaparecer.
Descubre más desde El baúl de Xandris
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
