Otra luna enterrada, de Guillermo Estiballes, ublicada por Roca Editorial, nos traslada al Buñol del siglo XIX para ofrecernos una historia que reúne ficción histórica, romance, fantasía y costumbrismo sobrenatural. Una propuesta singular que se aleja de las fórmulas habituales del género y encuentra en sus personajes y en su peculiar universo narrativo sus principales atractivos.
La elección de Buñol como escenario ya supone una diferencia respecto a tantas novelas históricas ambientadas en grandes ciudades o centradas en los personajes que protagonizaron los acontecimientos políticos. Aquí la atención se dirige a una comunidad rural, a sus prejuicios y a las dificultades de quienes intentan vivir al margen de las convenciones sociales. La narración avanza a través de dos líneas temporales y combina los conflictos sentimentales con una trama fantástica en la que la creación de un autómata adquiere un papel relevante.
Después de leer Imagina que eres Dios, la primera novela de Guillermo Estiballes, ganadora del Premio Tandaia en 2016, pensé que estaba ante un escritor con mucho potencial. Esta cuarta novela confirma mi interés por su trayectoria. Además, tengo la suerte de conocer al autor, circunstancia que me permite seguir sus publicaciones con especial cercanía. Sin embargo, lo que me interesa destacar aquí es su capacidad para construir una historia diferente, con personajes bien definidos y una mezcla de géneros que aporta personalidad al conjunto.
Buñol, una comunidad marcada por los prejuicios
La acción transcurre en el siglo XIX, en una España que arrastra las consecuencias de los enfrentamientos políticos y sociales y que avanza hacia nuevas formas de pensamiento y organización. En este contexto, Buñol se convierte en el escenario de una historia en la que las diferencias culturales y las normas sociales condicionan la vida de sus habitantes.
Teodoro, judío; Julia, gitana; y Alberto, andaluz, se conocen desde niños. Sus orígenes forman parte de su identidad y contribuyen a situarlos en una sociedad donde la pertenencia a un grupo puede determinar la manera en que los demás los juzgan. Los tres acabarán compartiendo una vida que desafía las convenciones de su tiempo, especialmente por la relación entre Teodoro y Alberto, difícil de aceptar en una comunidad rural marcada por la intolerancia.
La novela utiliza esta situación para explorar las dificultades de quienes intentan construir una familia fuera de los modelos admitidos. Los protagonistas deben defender su espacio frente a una sociedad que no siempre está dispuesta a aceptar aquello que cuestiona sus normas. El conflicto no se limita, por tanto, a las relaciones personales: también refleja una lucha por la libertad de elegir cómo vivir.
Una familia poco convencional frente a un enemigo poderoso
La convivencia de Teodoro, Julia y Alberto parece haber encontrado un equilibrio, pero la aparición de Roberto Cotino amenaza con destruirlo. Hijo de un empresario poderoso, Roberto está obsesionado con Julia y mantiene una antigua enemistad con Teodoro. Su posición social le proporciona una ventaja que convierte el enfrentamiento en algo más peligroso que una simple rivalidad amorosa.
Es el antagonista que, en el lenguaje de nuestra infancia, habríamos definido como un «malo malísimo». Su presencia introduce una tensión reconocible y pone a prueba la estabilidad de los protagonistas, que tendrán que buscar la manera de proteger lo que han construido.
Julia, sin embargo, no está dispuesta a resignarse. Cuenta con un recurso inesperado: Sabiero, el autómata creado por su amigo Teodoro. La existencia de esta figura introduce un giro que aleja la novela del realismo histórico convencional y abre la puerta a una dimensión fantástica en la que la imaginación desempeña un papel decisivo.
Sabiero y el costumbrismo sobrenatural
La creación de Sabiero constituye uno de los elementos más llamativos de la obra. El autómata conecta el interés por los mecanismos y los avances tecnológicos con la tradición del golem, una figura legendaria vinculada a la cultura judía y a la idea de dar vida a una materia inanimada mediante procedimientos extraordinarios.
Esta combinación encaja con el espíritu de la novela. El siglo XIX fue una época de transformaciones científicas e industriales, y la fascinación por las máquinas capaces de reproducir movimientos humanos formaba parte del imaginario de aquellos años. Estiballes incorpora ese horizonte tecnológico a una narración en la que lo fantástico convive con las costumbres y los conflictos de la vida rural.
Sabiero no es un simple elemento decorativo. Su presencia amplía las posibilidades de la trama y permite que el autor se aparte de las convenciones de la novela histórica tradicional. La leyenda, la tecnología y la ficción se encuentran en un mismo espacio narrativo, sin que la obra renuncie a su dimensión sentimental y social.
Es precisamente esta combinación la que hace que Otra luna enterrada resulte distinta de otras propuestas ambientadas en el pasado. El autor no se limita a reconstruir una época, sino que la utiliza como punto de partida para desarrollar una historia en la que lo cotidiano y lo extraordinario conviven.
La intrahistoria de una España en transformación
La novela también presta atención a los cambios ideológicos y sociales del siglo XIX. Las referencias a los primeros librepensadores españoles sitúan a los personajes en una época de tensiones entre tradición y modernidad, entre las creencias heredadas y las nuevas corrientes de pensamiento.
Estos conflictos no afectan únicamente a las instituciones o a las grandes figuras históricas. También llegan a los pueblos y condicionan las relaciones familiares, las decisiones personales y la convivencia. Desde esta perspectiva, la historia de Teodoro, Julia y Alberto puede leerse como una aproximación a la intrahistoria: la vida de quienes, sin protagonizar los acontecimientos oficiales, experimentan sus consecuencias en el ámbito cotidiano.
El escenario rural refuerza esa mirada. En una comunidad donde las relaciones son estrechas y la reputación tiene un peso considerable, apartarse de las normas puede suponer enfrentarse al rechazo colectivo. Los protagonistas no solo deben resolver sus problemas personales, sino encontrar una manera de vivir en un entorno que limita sus posibilidades.
La dimensión histórica aporta así un marco coherente para el conflicto, mientras la fantasía introduce una vía de escape de los límites impuestos por la realidad. Ambos elementos contribuyen a construir una novela que combina la reflexión sobre la sociedad con una trama orientada al entretenimiento.
Una narración ágil y personajes con personalidad
Uno de los aspectos que más me han gustado es la caracterización de los personajes. Tanto los protagonistas como los secundarios tienen voz propia y responden a distintas procedencias y formas de entender el mundo. Esta diversidad da consistencia a la comunidad que retrata el autor y evita que la historia dependa exclusivamente del triángulo sentimental o del enfrentamiento con Roberto Cotino.
La estructura en dos líneas temporales permite distribuir los acontecimientos y ampliar la perspectiva sobre la historia. Este recurso exige mantener una relación clara entre los distintos momentos narrativos, pero también ofrece posibilidades para administrar la información y sostener el interés.
La lectura resulta ágil y entretenida. La trama sentimental, la amenaza del antagonista y el componente fantástico ofrecen distintos motivos para seguir avanzando, mientras el contexto histórico sitúa las decisiones de los personajes en una sociedad que no siempre acepta sus elecciones.
La combinación de géneros requiere una buena coordinación para que cada elemento tenga sentido dentro del conjunto. En Otra luna enterrada, esa apuesta por unir historia, romance y fantasía constituye el rasgo más reconocible de la propuesta y una de las razones por las que la novela merece atención.
Mi valoración de Otra luna enterrada
Después de leer Imagina que eres Dios, me alegra comprobar que Guillermo Estiballes continúa desarrollando una trayectoria propia. En esta novela vuelve a apostar por la imaginación y por unos personajes que se enfrentan a las convenciones de su época, pero lo hace desde un escenario y una combinación de géneros que le proporcionan una identidad particular.
Me ha sorprendido la elección de Buñol, la convivencia de distintas tradiciones culturales y la incorporación de Sabiero a una historia que, de otro modo, podría haberse desarrollado dentro de los límites de la ficción histórica convencional. La relación entre Teodoro, Julia y Alberto aporta el núcleo emocional, mientras el conflicto con Roberto introduce la amenaza necesaria para poner en peligro la estabilidad de la familia.
Otra luna enterrada es una novela original, bien planteada en su mezcla de géneros y entretenida en su desarrollo. La recomiendo a quienes disfrutan de la ficción histórica, pero también a quienes buscan historias abiertas a la fantasía y protagonizadas por personajes que cuestionan las normas sociales. Guillermo Estiballes confirma aquí el potencial que ya descubrí en su primera novela y demuestra que merece la pena seguir de cerca su evolución literaria.
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