El libro de relatos Hacerse el muerto, de Andrés Neuman, publicado por Páginas de Espuma, reúne treinta cuentos y un breve apéndice formado por dos textos adicionales que actúan como una especie de coda del volumen. En conjunto, el libro confirma a Neuman como uno de los cuentistas más originales de la narrativa breve contemporánea.


La colección combina relatos de extensión variable —desde cuentos relativamente desarrollados hasta piezas muy breves cercanas al microrrelato— y se mueve entre el humor, la reflexión filosófica y lo insólito cotidiano. A través de situaciones simples, el autor introduce pequeñas distorsiones de la realidad que terminan revelando aspectos inesperados de la condición humana.

Entre los relatos con los que más he disfrutado, se encuentra el que da título al volumen, Hacerse el muerto. El cuento juega con la idea, a la vez absurda y reveladora, de fingir la muerte como forma de escapar del mundo. Más que una anécdota narrativa, el relato funciona como una metáfora sobre el cansancio social y el deseo de desaparecer por un momento del ruido de la realidad. El humor negro y la ironía suavizan el trasfondo existencial del planteamiento.

Otro de los textos es “La moneda”, construido a partir de un instante mínimo: el momento en que una moneda gira en el aire mientras alguien espera una decisión crucial en un hospital. Neuman dilata ese instante y lo convierte en un espacio de reflexión sobre el azar, el destino y la necesidad humana de encontrar sentido en lo imprevisible.

También sobresale “La mujer que leía a Platón”, uno de los cuentos más irónicos del libro. La premisa —una mujer que experimenta una curiosa excitación al leer filosofía— permite al autor jugar con la relación entre pensamiento y cuerpo, desmontando con humor la aparente distancia entre lo intelectual y lo sensual.

Más allá de los argumentos, uno de los grandes atractivos del libro reside en su técnica narrativa. Neuman trabaja el cuento desde una fuerte economía de medios: elimina lo superfluo, entra tarde en la acción y abandona la escena en el momento preciso. Esa condensación otorga a muchos relatos una intensidad particular. En lugar de desarrollos extensos, el autor apuesta por escenas breves que funcionan como detonadores de sentido.

Otro rasgo característico es el uso del giro conceptual. En lugar de buscar siempre una sorpresa argumental clásica, muchos cuentos se resuelven mediante un desplazamiento de perspectiva. El lector comprende de repente que la historia apuntaba hacia una reflexión más amplia. Este procedimiento acerca algunos textos al territorio del aforismo o del microrrelato.

La elipsis también desempeña un papel fundamental. Neuman deja huecos deliberados en la narración y evita explicar todo lo que ocurre. Esa estrategia obliga al lector a participar en la construcción del significado, completando lo que el texto solo sugiere.

El resultado es un libro que alterna registros narrativos con gran libertad. En sus páginas conviven el humor, la reflexión filosófica, la inquietud fantástica y la observación íntima de los personajes. Cada cuento funciona como un pequeño experimento literario donde el lenguaje, la idea y la emoción se combinan con precisión.

En conjunto, Hacerse el muerto muestra a un autor que entiende el cuento no solo como una forma de narrar historias, sino también como un espacio de exploración intelectual. Con una prosa precisa y una imaginación muy controlada, Neuman convierte cada relato en una pequeña máquina narrativa que invita al lector a mirar la realidad desde un ángulo inesperado.


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