Si en otros autores de esta serie la tragedia se manifiesta en la muerte o la violencia explícita, en Nathalie Sarraute aparece en lo mínimo. En una frase apenas dicha. En una inflexión de voz. En una susceptibilidad imperceptible.Sarraute, figura central del Nouveau Roman francés, desconfió siempre de la psicología tradicional y de la anécdota como motor narrativo. Lo que le interesaba eran los “tropismos”: esos movimientos interiores casi invisibles que preceden a la palabra consciente. Ahí sitúa su campo de batalla.
Dentro de la tragedia cómica, su aportación es radical: demostrar que el drama humano no necesita sangre. Basta una conversación trivial.
El conflicto microscópico
En Tropismos y, de manera más accesible, en Enfance, Sarraute trabaja sobre tensiones ínfimas. Un comentario aparentemente inocente puede desencadenar una herida narcisista. Una vacilación verbal puede revelar jerarquías ocultas.
La tragedia aquí no es espectacular. Es cotidiana. Es el fracaso constante de la comunicación.
Lo cómico surge cuando el lector reconoce la desproporción entre el detonante y la reacción interior. Lo insignificante se agranda hasta volverse casi absurdo. Sarraute no ridiculiza a sus personajes; expone la fragilidad estructural del yo.
La disolución del personaje
Uno de sus gestos más decisivos es debilitar la noción clásica de personaje. No hay perfiles psicológicos sólidos. Hay voces, corrientes subterráneas, tensiones sin nombre claro.
Ese procedimiento elimina la ilusión de identidad estable. La tragedia cómica se instala en esa inestabilidad: creemos saber quiénes somos, pero una frase mínima puede desestabilizarnos por completo.
El lector experimenta una incomodidad distinta a la de Welsh o Vallejo. Aquí no hay shock externo. Hay reconocimiento íntimo.
Ironía sin sarcasmo
Sarraute no practica la ironía estridente. Su humor es seco, casi clínico. Observa cómo los seres humanos se hieren por matices y cómo construyen sistemas de defensa desmesurados para proteger su imagen.
La exageración no es verbal; es estructural. Lo trivial ocupa el centro del relato. Y en ese desplazamiento aparece la dimensión cómica: la vida social está sostenida por equilibrios precarios que pueden romperse por una palabra mal interpretada.
Riesgos y límites
Su apuesta formal exige atención. La ausencia de trama convencional puede resultar árida para lectores acostumbrados a progresión narrativa clara. El minimalismo psicológico puede percibirse como frialdad.
Además, la insistencia en microconflictos puede generar sensación de repetición si no se entra en su lógica.
Sin embargo, esa radicalidad es coherente con su proyecto: desmontar la ficción de la estabilidad identitaria.
¿Por qué cierra esta serie?
Porque lleva la tragedia cómica al extremo opuesto del espectáculo. Después de bombas, sobredosis y balas, Sarraute demuestra que la desproporción también habita en lo mínimo.
La tragedia no siempre es caída. A veces es susceptibilidad. Y lo cómico no siempre es carcajada; puede ser una sonrisa incómoda ante nuestra propia fragilidad.
Para leer a Sarraute
- Obra recomendada: Tropismos
- Por qué leerla: Porque revela que el drama humano más persistente ocurre en el interior de una frase aparentemente insignificante.
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