Si hay un escritor capaz de hacerte reír justo cuando no deberías, ese es Daniil Kharms. Nacido en San Petersburgo en 1905, Kharms vivió en la Unión Soviética bajo Stalin, un mundo rígido, opresivo y absurdo para quienes se salían de la norma. Su obra es breve, desconcertante y, a veces, brutal. Relatos en los que la muerte, la desaparición y la extrañeza se presentan con la misma naturalidad con la que alguien enumeraría la compra de la semana. Ese contraste entre lo cotidiano y lo trágico es precisamente lo que hace que sus cuentos sean inolvidables.
El contexto del absurdo
La vida de Kharms estuvo marcada por la precariedad, la censura y la persecución. Perteneció al grupo vanguardista Oberiu, que defendía la libertad creativa frente a la rígida normativa del realismo socialista. Sus textos no podían circular; muchos fueron escritos para niños o guardados bajo llave. Murió en 1942 en un hospital psiquiátrico durante el sitio de Leningrado, víctima de la falta de recursos y de un sistema que no toleraba la desviación. Esta experiencia vital se refleja en su escritura: la sensación de impotencia y absurdo es constante, y el humor aparece como una forma de resistencia silenciosa.
Cómo funciona su humor
Kharms no busca provocar una carcajada fácil. Sus historias son directas y minimalistas, a menudo de apenas unas líneas. La gracia surge del tono neutro y desapasionado, que convierte lo trágico en cómico por contraste. Los personajes mueren, desaparecen o actúan de forma irracional, y el narrador no explica nada. Esta indiferencia narrativa es lo que produce la risa incómoda: el lector se sorprende y se divierte, pero también se enfrenta a la crudeza de la vida sin filtro.
Un ejemplo clásico es su cuento en el que varias ancianas se caen por la ventana, una tras otra, y el narrador se va al llegar la sexta. La repetición mecánica y la indiferencia del narrador generan humor, pero también una sensación de vacío y absurdo que es inquietante. Esa tensión entre la risa y la incomodidad es la esencia de la tragedia cómica en Kharms.
Tragedia y profundidad
Detrás del humor hay siempre una reflexión sobre lo injusto, frágil y absurdo de la existencia. Kharms transforma lo cotidiano en extraordinario, lo pequeño en absurdo, y la rutina diaria en un escenario donde lo inesperado puede ocurrir en cualquier momento. Sus relatos no buscan consolar ni moralizar; nos muestran la realidad tal como es: imprevisible, a veces cruel, y casi siempre incomprensible.
Su obra también influye en autores contemporáneos que juegan con el absurdo y el humor negro. Escritores como Samuel Beckett, Fernando Vallejo o incluso Juan José Millás pueden rastrear ecos del estilo de Kharms en su manera de combinar lo cotidiano con lo irracional. El humor, en Kharms, no es un escape: es una forma de resistencia, un espejo que refleja lo absurdo del mundo sin adornos.
Efecto en el lector
Leer a Kharms provoca una mezcla de risa nerviosa y desconcierto. La experiencia no es cómoda: sabemos que algo trágico está ocurriendo, pero el tono neutral del narrador nos obliga a enfrentarlo sin intermediarios. Esa combinación produce una emoción compleja: nos reímos, sí, pero también reflexionamos sobre la fragilidad de la vida y el sinsentido de muchas situaciones cotidianas.
Para leer a Kharms
- Obra recomendada: Estoy sentado (colección de relatos breves)
- Por qué leerlo: Si te gustan las historias cortas, inesperadas, con humor negro y un toque de absurdo, Kharms es imprescindible. Sus cuentos muestran que la vida puede ser cruel, absurda y, al mismo tiempo, extrañamente divertida.
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