Tras el impacto inicial de El origen, La leyenda de los nueve jinetes. El Aprendizaje asume un reto mayor: demostrar que el universo creado por Elisa Rodbal no se sostiene solo en el asombro, sino también en la evolución de sus personajes y en la consolidación del conflicto. Como segunda parte de una trilogía juvenil de fantasía, la novela opta por un giro lógico y reconocible: el paso del despertar mágico al entrenamiento, de la intuición al método, del destino anunciado a la responsabilidad asumida.


Luna, Mateo y el resto de los jinetes ingresan en la Asociación de Magos (AM), un espacio que funciona como centro de instrucción y escenario de tensiones, jerarquías y desafíos personales. Este marco resulta eficaz para ordenar el crecimiento de los protagonistas y profundizar en las reglas del universo mágico, aunque remite a un imaginario muy conocido dentro del género.

El ritmo es más homogéneo que en la primera entrega. La narración avanza con paso firme a través de entrenamientos, pruebas y relaciones entre compañeros, consolidando la cohesión del grupo. A diferencia de El origen, donde la sorpresa impulsaba la lectura, aquí el interés reside más en la evolución progresiva que en los giros argumentales. Algunos tramos resultan previsibles, pero también más ordenados y coherentes.

Luna sigue siendo el eje emocional de la historia, con una voz cercana y clara. Su proceso interior refleja la creciente responsabilidad y la presión de un destino ineludible. Mateo gana protagonismo mediante una subtrama de misterio que apunta a un desarrollo más profundo en futuras entregas.

El worldbuilding se refuerza notablemente: las reglas de la magia se definen mejor, las jerarquías se explicitan y el sistema de gemas aporta coherencia al universo narrativo. El vínculo entre jinetes y dragones sigue siendo uno de los aspectos más atractivos de la saga, concebido como una conexión emocional profunda que refuerza temas como la amistad, la confianza y el sacrificio.

El estilo mantiene la claridad y fluidez que caracterizó a El origen, con diálogos naturales y narración que prioriza comprensión y ritmo sobre experimentación formal. El tono es algo más contenido que en la primera novela, pero igualmente eficaz para sostener la historia.

En conjunto, El Aprendizaje es una segunda parte coherente y bien ensamblada, que consolida el universo de la primera novela y prepara el terreno para un desenlace más ambicioso. Una lectura recomendable para quienes disfrutaron de El origen y desean acompañar a los protagonistas en su camino hacia la madurez, el conocimiento y la aceptación de un destino que ya no puede esquivarse.

Epílogo crítico de la saga

Con El origen y El Aprendizaje, Elisa Rodbal construye una saga juvenil de fantasía que avanza de forma coherente desde el descubrimiento hacia la formación, apostando por la claridad narrativa y la continuidad del universo antes que por la ruptura de los códigos del género. La primera novela destacaba por su impulso inicial y su capacidad para despertar la curiosidad; la segunda consolida las reglas del mundo y el crecimiento de los personajes, aunque con menor riesgo narrativo.

El conjunto deja ver una evolución técnica evidente y una imaginación bien estructurada, pero también plantea un desafío de cara al cierre de la trilogía: profundizar en los conflictos, asumir mayores consecuencias emocionales y explorar con más ambición el precio del poder y del destino. La base está sólidamente construida; la resolución será clave para que la saga trascienda la eficacia y alcance una identidad propia dentro de la fantasía juvenil.


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