La mala hija (Editorial Destino, 2025) es una novela negra ambiciosa que parte de un suceso reconocible —la desaparición de una adolescente en un entorno tranquilo— para construir un relato mucho más amplio y complejo sobre la familia, la culpa y la presión social. Pedro Martí utiliza el armazón del thriller como punto de apoyo, pero su verdadero interés está en explorar cómo los conflictos íntimos y las tensiones soterradas afloran cuando el equilibrio de una comunidad se rompe.
Argumento y estructura narrativa:
La trama central gira en torno a la desaparición de Belén Villalba, una adolescente de 16 años considerada “buena hija” en la apacible localidad manchega de Almansa, lo que desencadena una investigación policial liderada por Alma Ortega, capitán de la UCO, que regresa a su pueblo natal y debe colaborar con su hermana mayor, teniente de la Guardia Civil, con quien mantiene una relación tensa y llena de heridas sin resolver. La investigación, como narración, mezcla procedimientos policiales con tensiones familiares y sociales.
El libro se sitúa dentro de la novela negra contemporánea, con rasgos que suelen incluir ambiente opresivo, personajes complejos y una sociedad pequeña que actúa como microcosmos con tensiones sociales. La ambientación en Almansa —cribada de rumores, secretos y presión social— no es un simple telón de fondo, sino un agente narrativo que amplifica la claustrofobia, el juicio social y el misterio.
El texto no se limita al misterio policial: se insinúan problemas delicados como hostigamiento social, violencia estructural, hipocresía de la comunidad, presión sobre adolescentes y diferentes formas de poder, así como la crítica a jerarquías rígidas y silencios sociales.ecibido buenas valoraciones en plataformas de lectura pero también críticas puntuales por estructura y temas tratados.
Desde el punto de vista de la técnica narrativa, la novela se articula mediante una estructura polifónica, con cambios de punto de vista que permiten ampliar el foco y construir una visión compleja del caso. Esta elección refuerza la sensación de que la verdad nunca es única y de que el misterio se alimenta tanto de lo que se dice como de lo que se calla. La focalización interna aporta densidad psicológica a los personajes y convierte el entorno en un elemento activo de la narración: el pueblo observa, juzga y condiciona.
El estilo de Martí es sobrio y funcional, orientado a sostener la tensión sin recurrir a excesos retóricos. La prosa fluye con claridad y favorece una lectura constante, apoyada en escenas breves y en una acumulación progresiva de información. El interés no reside únicamente en resolver el enigma, sino en comprender las dinámicas emocionales que lo rodean.
Como opinión personal, La mala hija es una novela sólida y bien trabajada, que ofrece más de lo que suele encontrarse en el thriller convencional en términos de profundidad psicológica y retrato social. Quizá por esa misma ambición, el libro resulta algo extenso para quienes buscan un ritmo más ajustado al género negro clásico. Aun así, esa amplitud permite desarrollar con detalle personajes y conflictos, y será especialmente apreciada por lectores que disfrutan de thrillers densos, corales y con un claro interés por el trasfondo humano.
Una novela que confirma el oficio de Pedro Martí y que se mueve con solvencia entre la intriga, el drama familiar y la observación social.
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