Anna Maria Lenngren, nacida el 4 de febrero de 1754, fue una de las voces literarias más influyentes de la Suecia del siglo XVIII y una figura esencial del movimiento ilustrado escandinavo. Aunque fuera de su país su nombre no goza de gran difusión, su obra sigue siendo clave para comprender cómo la poesía puede convertirse en un instrumento de crítica social desde una perspectiva femenina.


Nacida en Uppsala en el seno de una familia culta, Lenngren recibió una educación poco común para una mujer de su época: estudió latín, literatura y traducción. Su talento precoz la llevó a traducir óperas y a escribir versos desde muy joven, explorando diversos géneros antes de consolidarse como una poeta satírica y moralista.

En 1780 contrajo matrimonio con Carl Peter Lenngren, editor del Stockholms Posten. Desde entonces colaboró activamente —a menudo de forma anónima— en la redacción del periódico. Ese espacio editorial le permitió desarrollar un estilo propio, caracterizado por la claridad, la sencillez expresiva y una ironía afilada con la que denunciaba las contradicciones de su tiempo: desde el esnobismo aristocrático hasta las restricciones impuestas a las mujeres.

Entre sus obras más conocidas destaca Consejos para mi querida hija, si los tuviera (1798). En este poema, Lenngren utiliza la ironía para reflexionar sobre las expectativas sociales dirigidas a las mujeres, un recurso que ha generado un intenso debate crítico sobre si expresa su postura real o si funciona como una estrategia satírica.

También sobresalen piezas como La visita de la condesa, donde ridiculiza el sistema de clases y el servilismo burgués, así como otras composiciones que retratan la vida cotidiana con agudeza y humanidad. Su obra se distingue por la precisión lingüística, la economía expresiva y una mirada humanista que ilumina las paradojas del comportamiento humano.

Más allá de su valor literario, la importancia de Lenngren radica en su apropiación de una voz crítica femenina en un entorno dominado por hombres. Su poesía y su participación en el circuito cultural de Estocolmo contribuyeron a abrir espacios para la expresión intelectual de las mujeres y a cuestionar normas sociales arraigadas.

Aunque hoy es reconocida en Suecia como una de las grandes poetas del siglo XVIII, su nombre sigue siendo poco conocido fuera de Escandinavia. Conmemorar su nacimiento el 4 de febrero es una oportunidad para reivindicar su legado, redescubrir la riqueza de su obra y reflexionar sobre el poder de la literatura como herramienta de crítica social y transformación cultural.

Cita destacada: “Debemos ser nuestros propios rayos de sol si queremos brillar para los demás.”


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