Hay libros que se leen para sentir un estremecimiento interior que persiste más allá de la última página. Idéntico al ser humano, de Kobo Abe, es uno de ellos. Desde el primer capítulo, la novela provoca esa inquietud sutil que solo Abe sabe generar: una sensación de que el mundo puede desplazarse bajo tus pies sin aviso, y que tu propia identidad no es más que una construcción precaria. La premisa es sencilla, casi clínica: un hombre es sustituido —o quizá duplicado— por otro idéntico a él. Pero, como suele ocurrir en Abe, lo que podría parecer un relato de ciencia ficción o un juego especular se convierte en una profunda meditación sobre la deshumanización y la pérdida del yo. Lo inquietante no es la existencia del doble, sino la facilidad con que la sociedad parece aceptar esta sustitución. Nadie protesta ni duda. El protagonista se encuentra desplazado en un mundo que ya no lo reconoce, y esa aceptación es lo que produce el mayor desconcierto.
A medida que avanzaba en la lectura, sentía cómo la narrativa me invitaba a cuestionar mi propia percepción de la identidad. El protagonista no desaparece de manera abrupta: se borra lentamente, y con él se disuelven vínculos, afecto y reconocimiento social. Esa progresión silenciosa y casi burocrática es angustiosa porque refleja cómo, a veces, la deshumanización ocurre en la vida real: no con violencia, sino con indiferencia, con la aceptación tácita de un sistema que prioriza la utilidad sobre la singularidad.
La prosa de Abe: precisión y distancia
La escritura de Kobo Abe es deliberadamente fría, contenida y precisa. No hay estallidos de emoción ni dramatismo gratuito; todo se construye a través de gestos mínimos, silencios, omisiones y detalles casi quirúrgicos. Esta distancia narrativa no enfría la experiencia, sino que intensifica la sensación de claustrofobia psicológica y alienación. El lector se convierte en un testigo incómodo de la progresiva erosión del yo.
El estilo seco permite que la novela explore territorios inquietantes sin recurrir a lo espectacular. La tensión surge de la normalidad con la que la sociedad acepta la sustitución, y de la imposibilidad del protagonista de afirmar su propia existencia ante la indiferencia general. Es una literatura que incomoda porque no ofrece consuelo ni moral simplificada, solo reflexión y un espejo inquietante de nuestra condición humana.
Más que ciencia ficción: un espejo existencial
Aunque se podría clasificar dentro de la ciencia ficción o la literatura especulativa, Idéntico al ser humano trasciende el género. Es un texto filosófico y existencial, una exploración de cómo la identidad se construye y se sostiene socialmente, y de lo frágil que resulta cuando esos referentes externos desaparecen. El libro dialoga con Kafka y con el existencialismo, pero también con las ansiedades del Japón de posguerra: un mundo donde los individuos podían sentirse fácilmente reemplazables, desposeídos de su autonomía y humanidad.
A mí, personalmente, me dejó una sensación persistente de inquietud. No es un libro que se “olvida” al cerrar, sino uno que sigue trabajando por dentro, cuestionando el reconocimiento, la memoria, los vínculos y el sentido de ser uno mismo. Me sorprendió lo mucho que resonó con experiencias contemporáneas: la sensación de ser solo una pieza más en sistemas impersonales, la fragilidad del yo ante normas sociales rígidas y la facilidad con que la identidad puede desvanecerse cuando deja de ser visible o útil para otros.
Reflexión final
Idéntico al ser humano no ofrece respuestas fáciles. Abe construye un relato inquietante que obliga al lector a mirarse a sí mismo y al mundo desde un ángulo incómodo. La novela es un recordatorio de que nuestra identidad, por más sólida que nos parezca, está en tensión con los demás y con la sociedad, y que la indiferencia puede borrar lo que creemos inmutable.
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