Sidonie-Gabrielle Colette nació un 28 de enero de 1873 en Saint-Sauveur-en-Puisaye, una pequeña localidad de la Borgoña francesa. Con el tiempo, su nombre —reducido a Colette— se convertiría en sinónimo de una literatura audaz, sensorial y profundamente moderna, capaz de escribir el deseo, el cuerpo y la identidad femenina sin pedir permiso.
Colette, la escritora nacida un 28 de enero
Sidonie-Gabrielle Colette nació un 28 de enero de 1873 en Saint-Sauveur-en-Puisaye, una pequeña localidad de la Borgoña francesa. Con el tiempo, su nombre —reducido simplemente a Colette— se convertiría en sinónimo de una literatura audaz, sensorial y profundamente moderna, capaz de escribir el deseo, el cuerpo y la identidad femenina sin pedir permiso.
De la sombra a la voz propia
Los inicios de Colette estuvieron marcados por una injusticia literaria que hoy resulta difícil de asumir: sus primeras novelas, la célebre serie de Claudine, fueron publicadas bajo el nombre de su marido, el escritor y empresario Henry Gauthier-Villars, conocido como Willy. Aquellos libros, frescos, irónicos y provocadores, tuvieron un éxito inmediato, aunque durante años la autora permaneció relegada a un segundo plano.
La separación matrimonial fue también una liberación creativa. A partir de entonces, Colette construyó una obra personalísima, al margen de modas y convenciones, y una vida indómita: fue actriz de music-hall, periodista, cronista mundana y observadora implacable de su tiempo.
Una obra centrada en el cuerpo y la experiencia
Leer a Colette es entrar en una literatura donde la acción importa menos que la percepción. Sus textos avanzan a través de gestos mínimos, sensaciones, silencios y miradas. El cuerpo —especialmente el cuerpo femenino— ocupa un lugar central: el paso del tiempo, el deseo, la enfermedad, el desgaste y la lucidez.
Entre sus obras más conocidas destacan:
- Claudine en la escuela, Claudine en París, Claudine se casa, Claudine se va
- La vagabunda, una novela clave sobre la independencia femenina y el precio de la libertad
- Chéri y El final de Chéri, donde aborda con enorme sutileza el amor maduro y la decadencia
- Sido, un libro inclasificable y profundamente conmovedor, dedicado a la figura materna
- La casa de Claudine
- Gigi
Técnica narrativa: precisión y sensualidad
El estilo de Colette se caracteriza por una prosa depurada, exacta y sensorial. No hay grandes discursos ni giros melodramáticos: todo se sostiene en la observación minuciosa y en una lengua que roza lo táctil. Su escritura parece sencilla, pero es fruto de una enorme precisión técnica.
Utiliza con frecuencia la primera persona, aunque incluso cuando escribe desde la tercera mantiene una cercanía íntima con sus personajes. La naturaleza no es un mero decorado, sino una extensión emocional de quienes la habitan.
Gigi: de la ironía literaria al musical hollywoodiense
La popularidad de Gigi se debe en gran medida a su adaptación cinematográfica de 1958, dirigida por Vincente Minnelli y producida por la MGM. Protagonizada por Leslie Caron, Louis Jourdan y Maurice Chevalier, la película transformó la breve novela de Colette en un musical luminoso, elegante y profundamente optimista.
El éxito fue rotundo: Gigi obtuvo nueve premios Óscar, entre ellos mejor película y mejor director, y fijó durante décadas una imagen edulcorada de la historia en el imaginario colectivo.
Sin embargo, la distancia entre la novela y la película es notable. En el texto original, Colette ofrece una mirada irónica —casi clínica— sobre la educación sentimental y económica de una joven destinada a integrarse en un sistema social perfectamente codificado. No hay sentimentalismo ni juicio moral explícito: la autora observa y deja que el lector se enfrente a la incomodidad.
La película, en cambio, neutraliza esa ambigüedad. Donde la novela plantea una transacción social envuelta en afecto, el musical propone una historia de amor redentora. El conflicto ético se diluye en canciones, decorados fastuosos y un final conciliador que poco tiene que ver con la lucidez seca de Colette. El contraste resume bien su literatura: una escritura que no busca consolar, sino mostrar.
Una figura incómoda y necesaria
Colette fue una autora incómoda para su época: habló de sexualidad femenina, de relaciones no normativas, de mujeres que eligen no sacrificarse. No militó en movimientos feministas organizados, pero su obra es profundamente emancipadora.
En 1954 se convirtió en la primera mujer en recibir funerales de Estado en Francia, un reconocimiento tardío para una escritora que durante años fue leída con fascinación y recelo a partes iguales.
Por qué leer hoy a Colette
Leer a Colette hoy es comprobar hasta qué punto su literatura sigue siendo contemporánea. Sus libros no envejecen porque no dependen de la trama, sino de la experiencia humana: el deseo, el desgaste, la memoria, la identidad cambiante.
Colette no explica: muestra. No juzga: observa. Y en esa mirada lúcida, corporal y sin concesiones reside su modernidad.
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