La trilogía del sicario sin nombre de Víctor del Árbol, publicada por Destino, es una obra que me ha interesado desde la primera entrega. Cada novela combina suspense, profundidad psicológica y reflexión sobre la culpa y la justicia, construyendo un universo narrativo y envolvente que mantiene al lector atrapado hasta el final.
Nadie en esta tierra (2023)
La primera entrega me encantó. Aquí conocemos al inspector Julián Leal, un policía que arrastra un pasado complicado, y al enigmático sicario sin nombre, cuya presencia anticipa la tensión moral que atraviesa toda la saga. La novela mezcla el suspense policial con momentos de introspección que hacen que los personajes sean inolvidables.
El tiempo de las fieras (2024)
La segunda entrega me gustó todavía más. Amplía la historia y nos lleva a diferentes escenarios, desde Lanzarote hasta Barcelona, mostrando cómo la violencia y la corrupción afectan a todos los personajes. Con saltos temporales y tramas entrelazadas, el suspense se mantiene siempre, pero además la novela profundiza en los dilemas éticos y en las consecuencias de las decisiones de cada uno.
Las buenas intenciones (2026)
La última novela es, sin duda, la más reflexiva y compleja de la trilogía. El sicario sin nombre afronta un último encargo que lo obliga a enfrentarse a su pasado y a sus propios errores, mientras Clara Fité, ya retirada como periodista, se ve inmersa en la investigación de la desaparición de dos niños en 1992, un caso que la sociedad ha preferido olvidar.
Lo que más me ha impactado de esta novela es cómo Víctor del Árbol utiliza la intriga para hacer una crítica del mundo actual: corrupción política, especulación inmobiliaria, impunidad, redes de poder que operan por debajo de la superficie… todo se entrelaza con la historia personal de los protagonistas, mostrando cómo la injusticia y los secretos del pasado afectan la vida de los individuos y de la sociedad en general.
Temática:
- Culpa y redención: cada personaje se enfrenta a las consecuencias de sus decisiones, y la novela reflexiona sobre si las “buenas intenciones” son suficientes para compensar los daños.
- Memoria y olvido social: la desaparición de los niños funciona como metáfora de cómo la sociedad suele mirar hacia otro lado ante los problemas que no quiere afrontar.
- Ética y moralidad: la historia cuestiona los límites de lo correcto frente a lo necesario, y cómo los individuos navegan entre moralidad personal y leyes impuestas.
- Crítica social: con sutileza, se señala la corrupción, la especulación y la desigualdad, mostrando que la historia de los personajes también refleja la de nuestro mundo contemporáneo.
Técnica narrativa:
Del Árbol sigue usando su estilo característico, con alternancia de puntos de vista y saltos temporales que conectan pasado y presente de manera fluida. La narrativa combina suspense, introspección psicológica y crítica social, creando una lectura intensa pero equilibrada. Además, en esta novela la voz de Clara Fité adquiere mayor protagonismo ético y narrativo, aportando un hilo de reflexión constante que guía al lector.
En conjunto, la trilogía es un auténtico placer para quienes disfrutamos de la novela negra con profundidad. Cada libro me ha atrapado, pero Las buenas intenciones ofrece un cierre emocionante, reflexivo y contundente, capaz de dejar huella por su combinación de intriga, emoción y mirada crítica sobre el mundo. Víctor del Árbol no solo nos entretiene; también nos hace pensar y sentir, consolidándose como uno de los autores más destacados de la novela negra contemporánea.
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