Ayer, al hablar en el blog de Mary Renault, volví a pensar en esos autores de novela histórica que, en su momento, me descubrieron el placer de leer la antigüedad como si fuera una aventura viva y no un bloque académico. Renault fue una de las primeras, pero no la única. Junto a ella aparecieron otros nombres que marcaron mi forma de entender el género, entre ellos Valerio Massimo Manfredi y Christian Jacq, cada uno desde coordenadas muy distintas, pero igualmente memorables.
Este artículo nace, por tanto, de ese ejercicio tan propio del lector veterano: volver atrás, revisar entusiasmos, preguntarse qué queda de aquellas lecturas y por qué siguen funcionando. En el caso de Manfredi, la respuesta es clara: una combinación muy eficaz de épica, divulgación histórica y sentido del relato que sigue siendo reconocible y disfrutable.
Nacido en Piumazzo (Emilia-Romaña), Manfredi se formó como arqueólogo clásico y desarrolló una sólida carrera universitaria. Fue profesor de Topografía del mundo antiguo y participó en excavaciones en Italia y en diversos yacimientos del Mediterráneo oriental, experiencia que marcó decisivamente su manera de concebir la novela histórica.
Su doble perfil —científico y narrador— explica el tono característico de su obra: una prosa clara, visual y eficaz, sustentada en una documentación exhaustiva, pero siempre orientada al relato y a la emoción del lector.
La novela histórica como reconstrucción narrativa
Manfredi entendía la novela histórica no como una mera ilustración del pasado, sino como una forma de exploración de los mecanismos del poder, la guerra, el mito y la identidad. En sus libros, la historia se presenta como una experiencia vivida, atravesada por decisiones humanas, ambiciones, miedos y contradicciones.
Frente a otras corrientes del género más centradas en el detalle costumbrista, Manfredi privilegió la épica, el ritmo narrativo y el conflicto político-militar, sin abandonar nunca la verosimilitud histórica.
Obras más importantes
Las novelas de Egipto.-
A diferencia de otros autores especializados en el Egipto faraónico, Manfredi no desarrolló una saga extensa, sino un díptico novelístico centrado en la figura de Ramsés II, abordado desde una óptica histórica, política y simbólica muy personal. En estas novelas, el faraón aparece no solo como icono de poder, sino como hombre inmerso en un sistema religioso y estatal de enorme complejidad.
Ramsés. El hijo de la luz.- Primera entrega del díptico, la novela se centra en la juventud de Ramsés II, su formación como heredero al trono y su progresivo ascenso al poder. Manfredi retrata al futuro faraón como un personaje en construcción, sometido a intrigas palaciegas, rivalidades dinásticas y a la poderosa maquinaria religiosa del Imperio Nuevo. El título alude a la identificación del faraón con el dios solar, eje ideológico del poder egipcio.
Ramsés. El templo de millones de años.- Segunda y última parte del ciclo, ambientada en la madurez del reinado de Ramsés II. La novela aborda el ejercicio del poder en su fase de consolidación: las grandes construcciones monumentales, la propaganda política, la relación con el clero y el desgaste interno del faraón como figura casi divina. Manfredi reflexiona aquí sobre la tensión entre eternidad y decadencia, entre el mito del gobernante inmortal y la inevitable condición humana.
Estas obras confirman el interés de Manfredi por los grandes líderes históricos en momentos de consolidación y crisis, y su capacidad para trasladar al lector a sistemas culturales radicalmente distintos sin perder claridad narrativa.
Alexandros
Su trilogía más célebre —El hijo del sueño, Las arenas de Amón y El confín del mundo— reconstruye la vida de Alejandro Magno desde una perspectiva humana y estratégica. Manfredi presenta al conquistador no solo como mito, sino como líder carismático, visionario y profundamente trágico. La serie combina batallas espectaculares con reflexiones sobre el poder absoluto, la hybris y el destino.
El último legionario
Ambientada en la transición entre el Imperio romano y el mundo medieval, esta novela articula un relato de aventuras que conecta la caída de Roma con el nacimiento de las leyendas artúricas. Es uno de los ejemplos más claros de la capacidad de Manfredi para fundir historia documentada y tradición mítica.
Teutoburgo
Centrada en la célebre derrota romana frente a las tribus germánicas, la novela explora los límites del expansionismo imperial y la fragilidad de la maquinaria militar romana cuando se enfrenta a un enemigo que conoce el terreno y la psicología del invasor.
Odiseo
En esta relectura novelada de la Odisea, Manfredi apuesta por una interpretación histórica del mito, dotando a Ulises de una dimensión más realista, sin perder la fuerza simbólica del relato homérico.
Temas recurrentes
- El poder y sus consecuencias: desde Alejandro hasta los generales romanos, el ejercicio del mando es presentado como una carga moral y psicológica.
- La guerra como experiencia total: Manfredi describe la batalla no solo como estrategia, sino como vivencia física, sensorial y traumática.
- El mito y la historia: muchas de sus novelas se sitúan en la frontera entre ambos ámbitos, interrogando el origen de las leyendas.
- La identidad cultural: griegos, romanos, bárbaros y pueblos periféricos aparecen como culturas complejas, nunca como simples antagonistas.
Estilo narrativo
La prosa de Manfredi es directa, visual y funcional. Evita el experimentalismo formal en favor de una narración clásica, apoyada en escenas de acción bien construidas y diálogos eficaces. Su objetivo declarado fue siempre contar historias que hicieran comprensible el pasado sin banalizarlo.
Esta claridad estilística explica tanto su enorme éxito editorial como algunas reticencias de la crítica más academicista, que a menudo subestimó su ambición literaria.
Divulgación y legado
Además de novelista, Manfredi fue un activo divulgador en prensa, televisión y ensayo histórico. Defendió una visión humanista del mundo clásico, entendiendo Grecia y Roma como matrices culturales todavía activas en la Europa contemporánea.
Su legado reside en haber demostrado que la novela histórica puede ser a la vez rigurosa y popular, épica y reflexiva, entretenida y formativa. Para muchos lectores, Manfredi fue una puerta de entrada al estudio y la fascinación por la Antigüedad.
Conclusión
Valerio Massimo Manfredi ocupa un lugar central en la narrativa histórica europea de finales del siglo XX y comienzos del XXI. Su obra, sólida y coherente, ha contribuido decisivamente a mantener vivo el diálogo entre literatura e historia, recordándonos que el pasado no es un territorio muerto, sino una fuente inagotable de relatos, preguntas y sentido.
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