Elena Fortún, seudónimo de Encarnación Aragoneses Urquijo, nació en Madrid el 17 de noviembre de 1886 y se convirtió en una de las escritoras más influyentes de la literatura infantil y juvenil española del siglo XX. Su nombre está ligado de forma inseparable a Celia, la niña curiosa, preguntona, irreverente y lúcida que marcó a miles de lectores antes y después de la Guerra Civil. Pero Fortún fue mucho más que su personaje más célebre: fue una autora avanzada a su tiempo, una observadora precisa de la sociedad y una mujer que supo convertir la literatura en un espacio de libertad, crítica y ternura.


1. Breve biografía

Encarnación Aragoneses Urquijo nació en el seno de una familia burguesa madrileña. Su educación fue la habitual para las mujeres de su clase social: formación doméstica, clases particulares y una vida orientada al matrimonio y la familia. Este destino, sin embargo, entró pronto en tensión con su vocación literaria y con la necesidad de expresarse.

Tras casarse con el militar y escritor Eusebio de Gorbea, la pareja vivió en distintas ciudades, pero fue en Madrid donde Fortún comenzó a frecuentar los círculos literarios y culturales. Entró en contacto con el Lyceum Club Femenino, una institución clave para la emancipación intelectual de las mujeres. Allí se relacionó con figuras como María de Maeztu, Carmen Conde, María Lejárraga o Victoria Kent, lo que impulsó su carrera.

El estallido de la Guerra Civil marcó su vida. Afín a la República, Fortún se exilió primero en Argentina y más tarde en Estados Unidos, donde residió con su inseparable amiga Matilde Ras. Allí continuó escribiendo, aunque el desarraigo y las dificultades económicas fueron constantes. Regresó a España en 1948 y murió en Madrid en 1952.

2. La creación de Celia: infancia como crítica social

El universo literario de Fortún no puede entenderse sin Celia Gálvez de Montalbán. La primera aparición del personaje tuvo lugar en 1928 en la revista Crónica, donde sus relatos gozaron de un éxito inmediato. En 1929 se publicó el primer libro de la serie: Celia, lo que dice.

Celia es una niña que observa el mundo sin filtros. Su voz, aparentemente ingenua, funciona como un espejo donde se reflejan hipocresías, injusticias y contradicciones del mundo adulto. La serie —que incluye títulos como Celia en el colegio, Celia y su mundo, Celia madrecita, Celia institutriz o Celia en la revolución— constituye uno de los frescos más complejos y sensibles de la sociedad española entre los años 20 y 40.

Fortún supo crear una literatura que respeta la inteligencia del lector infantil: no moraliza, no embellece la realidad y no subestima la capacidad de comprensión de los niños. Con humor y delicadeza, la autora abordó temas tan difíciles como la muerte, la religión, la pobreza, el matrimonio, la represión o la violencia política.

3. Más allá de Celia: otras obras y aportaciones

Aunque Celia eclipsa a menudo el resto de su producción, Elena Fortún escribió numerosos libros y cuentos destinados a un público infantil y juvenil:

  • La saga de Matonkikí, una niña más fantasiosa y caótica que Celia.
  • Los cuentos de Tontonia y otras historias fantásticas.
  • Adaptaciones de clásicos, obras teatrales para niños y artículos de corte pedagógico.

Entre su obra más personal destaca Oculto sendero, novela autobiográfica escrita en los años 40 pero publicada por primera vez en 2016. En ella explora temas como la identidad, la represión sexual, la maternidad frustrada y la búsqueda de libertad interior. Es, hoy, considerada una de las obras fundamentales para entender su vida íntima y su pensamiento.

4. Estilo literario: humor, lucidez y sensibilidad

El estilo de Elena Fortún combina:

  • Una prosa clara y espontánea, que reproduce con gran verosimilitud el habla infantil.
  • Uso magistral del punto de vista, siempre desde la mirada fresca del niño.
  • Ironía y humor, que suavizan las críticas más duras.
  • Profundidad psicológica, rara en la literatura infantil de su tiempo.
  • Humanismo y empatía, que la conectan con autores como Frances Hodgson Burnett o Louisa May Alcott, pero con un sello propio, profundamente español.

5. Influencias, contexto y visión feminista

Aunque Fortún no se definió abiertamente como feminista, su obra y su vida están atravesadas por un cuestionamiento constante de los roles de género. Celia se niega a aceptar pasivamente lo que se espera de ella: cuestiona a los adultos, rechaza las normas sin sentido, duda de la autoridad y aspira a un mundo más justo.

Fortún se relacionó con intelectuales que defendían la educación y los derechos de la mujer, y ese espíritu está presente en toda su obra. En tiempos de censura y conservadurismo, sus libros ofrecieron un espacio de pensamiento crítico y libertad.

6. Exilio, silencio y reconocimiento póstumo

El exilio fue devastador para Fortún. Pese a seguir escribiendo, perdió sus redes literarias y vivió dificultades económicas. Muchos de sus manuscritos se perdieron o quedaron inéditos durante décadas.

Tras su muerte en 1952, su obra quedó parcialmente olvidada hasta que, a partir de los años 80 y 90, varias editoriales y estudios críticos comenzaron a recuperarla. Hoy se reconoce a Elena Fortún como:

  • La gran renovadora de la literatura infantil española del siglo XX.
  • Una pionera en la representación de la infancia como sujeto crítico.
  • Una escritora valiente, compleja y más moderna de lo que su época permitía.

La reedición moderna de sus obras y la publicación de Oculto sendero han permitido reevaluar su figura desde una perspectiva más amplia, que incluye su dimensión literaria, social y personal.

7. Legado

El legado de Elena Fortún es múltiple:

  • Celia sigue siendo uno de los personajes más emblemáticos de la literatura española.
  • Su obra ha inspirado estudios de género, análisis sociológicos y enfoques pedagógicos modernos.
  • Hoy se la incluye en el canon de las grandes escritoras españolas del siglo XX.
  • Su defensa de una infancia libre, curiosa y crítica continúa influyendo en autores contemporáneos.

Fortún no solo narró la vida de Celia: narró la vida de un país entero, visto desde la mirada de quienes tienen menos poder pero mayor sensibilidad. Su literatura sigue viva porque, como la infancia, no envejece.


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