En Fracasamos al soñar (Nowevolution, 2017), Dioni Arroyo nos transporta a un futuro cercano, el año 2047, donde el transhumanismo ha dejado de ser una especulación científica para convertirse en una realidad institucional. Una nueva ley —la de Identidades Múltiples— permite a los ciudadanos modificar su cuerpo y su mente, hibridarse con la tecnología y, en definitiva, redefinir qué significa ser humano.
El protagonista, Logan, profesor de Antropología, observa con curiosidad y temor este proceso. Su vida da un giro cuando conoce a Jia, una estudiante que pertenece a un grupo disidente contrario a la transformación tecnológica del cuerpo. Entre ambos se establece un vínculo que trasciende lo romántico: es un encuentro entre dos visiones del futuro, una fe ciega en el progreso frente a la nostalgia por la fragilidad humana.
La novela combina elementos de ciencia ficción especulativa, drama existencial y reflexión ética. Arroyo no busca el espectáculo del ciberpunk clásico, sino una narración íntima, de tono casi filosófico, que explora el impacto del cambio en la identidad individual. El ritmo es ágil y la prosa, contenida, más interesada en el dilema moral que en la acción. Las descripciones del entorno futurista se dosifican con precisión, construyendo una atmósfera verosímil y próxima que recuerda a la ciencia ficción de anticipación social.
El autor, antropólogo de formación, imprime en la novela un sustrato reflexivo: analiza cómo la tecnología altera los vínculos afectivos, la percepción del cuerpo, el sentido de la muerte y hasta la idea de libertad. La suya no es una distopía en sentido estricto, sino un espejo que multiplica nuestras contradicciones contemporáneas: el deseo de mejorar frente al miedo a perder lo que nos hace humanos.
Fracasamos al soñar es una fábula moderna sobre los límites del progreso. Su título encierra la advertencia de que, al soñar con perfeccionarnos, quizá estemos fracasando en lo esencial: comprender que la imperfección, la emoción y la vulnerabilidad son lo que realmente nos define.
Me ha parecido una novela muy interesante, con una lectura fluida y un giro final que funciona de maravilla. Además, me ha hecho gracia la referencia a La fuga de Logan —no sé si pura coincidencia o un pequeño homenaje—, pero encaja a la perfección con el espíritu irónico y reflexivo de la obra.
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