Pedro Serrano (Pinoso, 1963) obtuvo en 2016 el Premio Tiflos de Poesía para escritores con discapacidad visual con Heredar la nada, publicado en 2018 por Ediciones Contrabando dentro de la colección Marte. El libro, de poco más de cien páginas, se adentra en los territorios de la pérdida, la memoria y el vacío, con un lenguaje contenido y depurado.


Desde el título, Serrano nos sitúa ante una paradoja inquietante: lo que se hereda no es algo tangible, sino la nada. A partir de ahí, el poemario explora las dualidades de la existencia —luz y sombra, vida y muerte, materia y ausencia— y las convierte en materia poética. La herida, la cicatriz y el silencio son también lugares de origen del verso, como si la poesía naciera de lo que duele y de lo que falta.

Lo más llamativo de la escritura de Serrano es su sobriedad. No hay excesos ni adornos innecesarios: cada palabra parece colocada con cuidado, con un ritmo que deja espacio al silencio y a lo no dicho. Es una poesía visual y sensorial, con imágenes que atraviesan lo íntimo para abrirse a lo universal.

El tono general es sombrío y reflexivo, pero no desesperado. En medio de la nada aparecen destellos de luz y reconciliación, un equilibrio que evita el hundimiento absoluto en la oscuridad. El resultado es un libro que invita a la lectura pausada, a dejar que los poemas respiren y acompañen al lector más allá de la página.

Heredar la nada es, en definitiva, un poemario de madurez, donde Pedro Serrano conjuga emoción y reflexión con una voz sobria y profunda. Una obra que abre preguntas sobre la pérdida y la memoria, y que muestra cómo también del vacío puede surgir belleza.

Al terminarlo, me quedó la sensación de que estos versos no buscan respuestas, sino compañía: la compañía de una voz que se atreve a nombrar el vacío para que no nos resulte tan insoportable.


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