El 30 de agosto de 1797 nació en Londres Mary Wollstonecraft Shelley, figura clave de la literatura inglesa y universal. Aunque su nombre está inevitablemente ligado a Frankenstein o el moderno Prometeo (1818), su producción literaria, sus reflexiones filosóficas y su labor como editora la convierten en una de las escritoras más relevantes del siglo XIX.


Infancia y formación intelectual

Mary era hija de dos intelectuales de gran peso: la filósofa feminista Mary Wollstonecraft, autora de Vindicación de los derechos de la mujer (1792), y el filósofo político William Godwin, célebre por su obra Investigación acerca de la justicia política (1793). Su madre falleció pocos días después de su nacimiento, de modo que Mary creció marcada por la ausencia materna y bajo la tutela de su padre.

La casa de William Godwin fue un centro intelectual al que acudían escritores, poetas y pensadores radicales. Allí Mary se familiarizó desde niña con las ideas ilustradas, el racionalismo, el romanticismo naciente y los debates sobre política, religión y ciencia.

Amor, rebeldía y tragedias

En 1814, con apenas 16 años, Mary conoció al poeta Percy Bysshe Shelley, uno de los grandes líricos del Romanticismo inglés. Se enamoraron apasionadamente y, pese a la oposición del padre de Mary y a que Percy estaba casado, decidieron fugarse juntos a Francia. Este gesto escandalizó a la sociedad de la época y marcó la vida de Mary, que quedó asociada para siempre a una imagen de rebeldía y libertad.

La relación entre Mary y Percy estuvo rodeada de dificultades económicas, críticas sociales y múltiples tragedias familiares: de sus hijos, solo uno sobrevivió a la infancia. En 1822, Percy murió ahogado en un naufragio frente a la costa italiana, lo que dejó a Mary sumida en una profunda soledad.

El nacimiento de Frankenstein

En el verano de 1816, Mary y Percy viajaron a Ginebra y se hospedaron cerca de la villa Diodati, residencia de Lord Byron. El clima, marcado por las erupciones del volcán Tambora que oscurecieron el cielo europeo, fue frío y tormentoso, lo que dio lugar al célebre “año sin verano”.

Durante una velada, Byron propuso un reto: que cada invitado escribiera una historia de terror. De aquel desafío nacieron dos obras inmortales: El vampiro (1819) de John Polidori y Frankenstein (1818) de Mary Shelley.

La novela narra la historia de Victor Frankenstein, un joven científico que, en su afán de traspasar los límites de la naturaleza, da vida a un ser construido a partir de restos humanos.

El momento de la creación, descrito con la intensidad propia del Romanticismo, muestra la obsesión de Victor y el horror inmediato que siente ante lo que ha hecho:

“Cómo describir el horror de aquel miserable… Sus ojos, si se les podía llamar así, estaban fijos en mí. Su mandíbula se abría y dejaba escapar algunos sonidos inarticulados, mientras una sonrisa arrugaba sus mejillas. Era un ser deforme, más monstruoso aún por la parodia de humanidad que mostraba”.

Pero lo más impactante de la novela no es el acto científico, sino el destino de la criatura: un ser sensible, capaz de aprender y de amar, que es rechazado por su creador y por la sociedad. En palabras del propio monstruo:

“Yo era bueno; mi alma estaba llena de amor y de humanidad, pero la miseria me hizo un demonio. Hacedme feliz y volveré a ser virtuoso”.

Con estas frases, Mary Shelley convierte a su criatura en un símbolo universal de la soledad, el rechazo y la búsqueda de identidad.

Otras obras de Mary Shelley

Aunque Frankenstein eclipsó al resto de su producción, Mary Shelley escribió numerosas novelas, ensayos y biografías:

  • Valperga (1823): novela histórica ambientada en la Italia medieval.
  • El último hombre (1826): relato visionario sobre una plaga que acaba con la humanidad, considerado precursor de la ciencia ficción apocalíptica.
  • Perkin Warbeck (1830): sobre el pretendiente al trono inglés.
  • Lodore (1835): reflexión sobre los roles de género y la situación de las mujeres.
  • Falkner (1837): novela de carácter íntimo y psicológico.
  • Además, escribió relatos breves, ensayos biográficos y colaboraciones periodísticas.

Estilo y temas

En la obra de Mary Shelley confluyen varias corrientes:

  • El Romanticismo, con su exaltación de la naturaleza, las pasiones y lo sublime.
  • El Gótico, con atmósferas oscuras, personajes atormentados y reflexiones sobre la muerte.
  • La Ilustración, con debates filosóficos y científicos sobre la moral, el conocimiento y el progreso.

Algunos de sus temas recurrentes son:

  • El poder y los límites del conocimiento humano.
  • El aislamiento y la soledad.
  • La identidad y el rechazo social.
  • La condición femenina en la sociedad.
  • La fragilidad de la vida y el dolor de la pérdida.

En Frankenstein estas preocupaciones se sintetizan con fuerza, como muestra la confesión de Victor:

“Aprended de mí, aunque no por mis preceptos, sino por mi ejemplo, cuánto peligro encierra el adquirir conocimiento, y cuán más feliz es el hombre que acepta su mundo tal cual es que quien anhela alcanzar una grandeza que la naturaleza le niega”.

Influencias y legado

Mary Shelley fue influida por la filosofía ilustrada de sus padres, por el Romanticismo inglés y alemán, por los avances científicos de su época (la electricidad y la galvanización), y por las tragedias personales que marcaron su vida.

Su legado es inmenso:

  • Es considerada la fundadora de la ciencia ficción moderna.
  • Anticipó debates sobre bioética, inteligencia artificial y clonación.
  • Dio voz a la escritura femenina.
  • Su criatura se convirtió en un mito cultural universal, reinterpretado en literatura, teatro y cine durante más de dos siglos.

Últimos años y muerte

Mary Shelley vivió sus últimos años en Inglaterra, dedicada a la educación de su hijo y a la escritura. Murió en 1851, a los 53 años, víctima de un tumor cerebral. Fue enterrada en Bournemouth, cerca de la tumba de su madre.

Conclusión

Mary Wollstonecraft Shelley no fue únicamente “la autora de Frankenstein”. Fue una pensadora, novelista y pionera que unió ciencia, filosofía y literatura para anticipar los dilemas del mundo moderno.

Cada 30 de agosto, recordamos no solo su nacimiento, sino también las preguntas eternas que nos dejó a través de su criatura:

“Soy solitario y detestado, sin embargo tú, mi creador, me odias y rehúyes tu deber para conmigo. Recuerda que he sido tu obra: ¿acaso pediré en vano justicia y compasión?”


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