A primera vista, la imagen del escritor bohemio y la del matemático que vive rodeado de fórmulas parecen mundos opuestos. Uno crea historias con palabras; el otro, con números. Sin embargo, ambos comparten una obsesión: encontrar patrones, estructuras y belleza en el caos. La literatura y las matemáticas se han cruzado muchas veces, y el resultado es un territorio fascinante donde conviven narradores, poetas, lógicas imposibles y fórmulas que esconden emociones.
1. Las matemáticas como tema literario
En muchas novelas, las matemáticas no son solo un adorno: son el núcleo de la trama.
- El tío Petros y la conjetura de Goldbach de Apostolos Doxiadis cuenta la historia de un matemático griego obsesionado con un problema irresoluble, una lucha entre genialidad y autodestrucción.
- El teorema del loro de Denis Guedj mezcla divulgación matemática con aventura, llevando al lector por la historia de los grandes descubrimientos numéricos.
- Planilandia de Edwin A. Abbott, publicada en 1884, es una sátira social disfrazada de tratado de geometría: un cuadrado vive en un mundo bidimensional hasta que descubre que existen más dimensiones.
- Anathem de Neal Stephenson explora ideas sobre lógica formal y geometrías no euclidianas en un planeta ficticio.
Incluso el misterio y la novela negra han jugado con los números, como en La sucesión de Fibonacci de Catherine Shaw, donde la clave de un asesinato está en una secuencia matemática.
2. Estructuras narrativas con inspiración matemática
Las matemáticas no solo pueden ser tema, también moldean la forma en que se cuenta una historia.
- El grupo literario Oulipo (Ouvroir de Littérature Potentielle) convirtió las restricciones combinatorias en un motor creativo. Raymond Queneau en Ejercicios de estilo cuenta la misma anécdota de 99 maneras distintas; Georges Perec escribió La disparition sin usar la letra “e”.
- Hay novelas con estructura fractal o en espiral, donde la narración se repite en patrones, como La vida instrucciones de uso de Perec, construida siguiendo el recorrido de un caballo en el ajedrez sobre un tablero imaginario de habitaciones.
- Algunos autores han organizado capítulos siguiendo la secuencia de Fibonacci, creando un ritmo de crecimiento orgánico.
3. Matemáticas en la poesía
La poesía, que a menudo asociamos con el impulso y la inspiración, está llena de números ocultos.
- Proporciones métricas: un soneto son 14 versos repartidos en cuartetos y tercetos con una simetría casi geométrica; el haiku japonés sigue un patrón fijo de 5-7-5 sílabas.
- Poesía visual: caligramas que dibujan figuras o formas geométricas, poemas dispuestos en espiral, o versos en cuadrícula.
- Incluso hay poemas que usan fórmulas como recurso expresivo, jugando con el paralelismo entre lenguaje y álgebra.
4. Filosofía, paradojas e infinito
Las matemáticas también inspiran exploraciones filosóficas y metafísicas.
- Jorge Luis Borges es quizá el mejor ejemplo: en La biblioteca de Babel imagina un universo de libros infinitos, basado en combinatoria; en El Aleph, condensa todo el espacio en un solo punto.
- Lewis Carroll, matemático de profesión, llenó Alicia en el país de las maravillas de paradojas lógicas y problemas disfrazados de juegos infantiles.
- Umberto Eco, en El péndulo de Foucault, juega con conexiones lógicas y sistemas simbólicos que rozan lo matemático.
5. Las matemáticas como herramienta creativa
Más allá de los ejemplos literarios, las matemáticas ofrecen técnicas para escribir:
- Modelos de trama con grafos: dibujar las relaciones entre personajes y los posibles caminos narrativos.
- Probabilidades y azar: introducir giros en la historia usando tablas de decisión o dados, algo que Paul Auster explora en La música del azar y Julio Cortázar en Rayuela.
- Algoritmos generativos: programas que crean poesía o narrativa combinando fragmentos según reglas predefinidas.
6. La sucesión de Fibonacci en la literatura juvenil
La famosa secuencia 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13… no solo es un hallazgo matemático: también es un recurso narrativo en novelas juveniles, donde aparece como pista, código o estructura.
- Maya Fox (Maya Fox: 2012, El fin del mundo) de Silvia Brena e Iginio Straffi: thriller juvenil con tintes esotéricos donde la sucesión de Fibonacci se menciona como clave para desentrañar mensajes ocultos y patrones misteriosos.
- El diablo de los números de Hans Magnus Enzensberger: aunque no es estrictamente de misterio, introduce de forma amena y fabulosa conceptos como la sucesión de Fibonacci, despertando el interés matemático en lectores jóvenes.
- La sucesión de Fibonacci de Catherine Shaw: aunque dirigida a un público adulto, su tono accesible y su intriga matemática atraen también a jóvenes lectores.
En todos estos casos, la sucesión no es solo un detalle anecdótico: sirve como puente entre el enigma narrativo y el placer de descubrir que las matemáticas pueden ser tan emocionantes como una buena aventura.
Conclusión
La literatura y las matemáticas son dos lenguajes que describen el mundo desde ángulos distintos, pero que se tocan en lo esencial: la búsqueda de orden, belleza y sentido. Si Galileo dijo que “las matemáticas son el alfabeto con el que Dios ha escrito el universo”, podríamos añadir que los escritores han aprendido a usar ese alfabeto para inventar universos propios.
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